miércoles, abril 20, 2011

¿Cuál es el modelo económico K?

Ayer estuve en el panel de la gente del BASE con la ambiciosa propuesta de tema ¿Cual es el modelo económico K? ¿Qué implica profundizarlo? ¿Cuáles son sus alcances y límites? En líneas generales, mi respuesta fue algo así.

En primer lugar, creo que hay que diferenciar entre lo que es definir el modelo macroeconómico y uno “microeconómico”,

Sobre el macroeconómico hemos escrito largo y tendido. Hace algunos años, gastábamos tinta en discutir virtudes, riesgos y defectos de lo que decía ser un modelo de Tipo de Cambio Real Alto y Estable - el famoso TCRAE-. Hoy en 2011, cuando sabemos que, si alguna vez lo fue, ya no lo es, se pone en evidencia que el único rasgo común que caracteriza horizontalmente al todo periodo es la expansividad permanente de las políticas macro complementada con una flotación bastante fija del Dólar. Hasta donde nos trajo y hacia donde nos llevaría este esquema de pisar a fondo con dólar quieto lo hemos escrito en otros lugares con el corolario general de que que si esto efectivamente es el modelo macro, entonces su profundización no puede sino traernos problemas a futuro.

Ahora bien ¿Cuál es el modelo “microeconómico” K?

En lo microeconómico es más fácil identificar un patrón de comportamiento común que define un “Modelo K”. El rasgo distintivo es su definición por la negativa, el caracter de “contrareforma” de toda la década. Bajo todo punto de vista, y con ejemplos que abundan y se acumulan, el actual es un periodo de reversión del proceso de reformas estructurales de la década del noventa.

En una lista no exhaustiva, puede mencionarse (a) la estatización de las AFJPs (b) la de Aguas, el correo o Aerolineas entre otros o la reciente decisión de incrementar los directores de la ANSES en firmas privadas (c) la temprana (aunque parcial) contra-reforma laboral, con el regreso de las paritarias y la reutilización del SMVM (d) el regreso de los controles de precios frente o el remplazo de mecanismos relativamente automático de determinación de precios (como en el caso de la energía eléctrica) por otros discrecionales como la distribución de subsidios (e) la reversión del proceso de apertura comercial (tanto del frente multilateral como en el Mercosur) con variadas políticas de trabas de importaciones y exportaciones (licencias no automáticas, cuotas de exportación, match importaciones-exportaciones, trabas informales, etc) (f) regulaciones a la entrada y salida de capitales (g) las retenciones (aunque hubo en general pocos cambios a reforma tributaria de los noventa) (h) …

…puedo seguir, aunque imagino que, si llegó hasta acá, estará rogando que no lo haga.

Ahora bien, mientras es más o menos fácil definir el modelo K como lo que no es, como una “contra-reforma”, es más difícil definirlo por la positiva, por lo que sí es. Y esto es así simplemente porque mientras “no intervención del Estado” significa una sola cosa, política activa significa muchas. Si los noventa eran 5 está claro que esto es no 5, pero no está claro, en cambio, si es 6, 7 u 8.

Entonces ¿Cuál es el tipo de política activa implícita en el “modelo K”?

Existe una biblioteca entera que explica (y a mi humilde entender, bastante convincentemente) lo importante que puede ser el Estado para guiar el desarrollo, para fomentar la innovación, el emprendedurismo, la innovación. Conocemos las historias exitosas del sudeste asiático, el “Pateando la escalera” de Ha Joon Chang y sabemos que, con un buen diseño de políticas, el Estado puede ser un complementador (o mejor, un catalizador) de la actividad privada.

Ahora bien, existe también otra biblioteca, igual de grande que la anterior, que cuenta como el Estado puede ser también un palo en la rueda en el camino del desarrollo, con artículos clásicos como el de Evans sobre “el Estado como problema y como solución” u otros que fueron parte de la “contra-revolución” neoclásica, como el de Anne Krueguer, que defienden la idea (a mi humilde entender, también bastante convincentemente) de que, mal diseñada, las políticas públicas generan problemas de agencia, de rent-seeking, de captura del regulador, que frenan el desarrollo con un Estado que no busca complementar sino sustituir a la actividad privada.

Es decir, por cada historia de éxito hay una de fracaso, en un debate aún no saldado con una respuesta que, posiblemente, oscilará entre ambos extremos.

Entonces la pregunta siguiente, una vez que sabemos que el modelo K es uno de intervención activa, es ¿El gobierno (no el estado en abstracto, sino el gobierno, que hoy tiene nombre y apellido) es uno que con su mayor intervención está promoviendo el desarrollo económico o en cambio lo está coartando?

¿Qué está influyendo más en las decisiones de inversión, de incorporación de tecnología, de como dice De Pablo, decidir entre “trabajar” y “estar ocupado"? ¿Un programa de crédito o los ridículos requisitos de matchear importaciones con exportaciones? ¿Un programa de promoción de exportaciones o que la probabilidad de que consigas gas en invierno dependan de tu capacidad de mover una carpeta? ¿El impacto positivo de un programa de integración productiva o el riesgo de que tengas que frenar el proceso productivo si te frenan la importación de algún insumo crítico?

Por ponerlo en una frase taquillera ¿Qué influye más hoy? La medidas que surgen de la Secretaría de Industria o las de la Secretaria de Comercio Interior.

Sinceramente no tengo clara la respuesta, y me cuesta mucho no caer en la falacia Ad-INDEC de extrapolar lo que fue la intervención del organismo de estadísticas al resto de las intervenciones del gobierno. Si parece evidente que subió en los últimos años la “prima de riesgo” empresario y el retorno de actividades no productivas, lo que sesga la inversión de recursos hacia el corto plazo y la mayor flexibilidad. También que se están acumulando a nivel micro algunos problemas que posiblemente en algún momento alcances una masa crítica preocupante. Sin embargo, es difícil sacar conclusiones globales, en particular porque la dinámica macro se deglute cualquier problema micro.

Entonces, planteado el debate de esta manera, usted qué opina, amigo lector ¿Es el modelo K uno que está promoviendo el desarrollo económico o en cambio lo está coartando? ¿Estamos repitiendo los aciertos o los errores del pasado?

Felices pascuas y jag sameaj

Luciano

martes, abril 12, 2011

Noticias de Ayer, extra extra!

Este post de mi amigo Lucho (y sus siempre imperturbables comentarios del tipo “Hete aquí el progresismo del siglo XXI.”), una serie de tuits de Miguel Braun y una infinita cantidad de mails en la siempre oculta cadena paralela de la BEA, resucitaron un viejo debate que tenemos quienes este blog hacemos, a saber, Elemaco y quién escribe.

El Blogger con más prensa de ESC suele argumentar que la gestión de una Gobierno debe evaluarse exclusivamente por las políticas que éste impulsa, y no por los resultados de su gestión. Por el contrario, este marginal servidor piensa que tal evaluación debe incorporar ambos elementos, fundamentalmente, porque toda decisión que se toma es contexto-dependiente y que como tal, debe incorporar al conjunto del entorno en el cual esta se inscribe para su correcta interpretación.

Específicamente, como relata aquí, para Elemaco este Gobierno es un falso progresista porque sube el mínimo no imponible de ganancias. Analiza con detalle (y con un poco de oscurantismo) el resultado parcial de tal medida y desprende una conclusión implacable. Stop.

No more, no less. Lo primero que resulta evidente, es que más allá de cuan regresiva sea la medida en si, ésta es sólo una foto. En la película se observa claramente que la dinámica inflacionaria es clave para explicar el aumento y que como tal más que apuntar a distribuir regresivamente el ingreso, la medida apuntaría -como mínimo- a sostener las cosas como estaban.

No deberíamos aburrir (otra vez) con cuentas muy complicadas, pero si el aumento del mínimo no imponible fue del 20% y precios (y salarios... formales) van por un piso del 23%, el efecto real de la medida es una caída en el mínimo no imponible, y por lo tanto, una mayor captación de ganancias. Es tan básico que parece casi trivial.
Como muestran estos simpáticos grafiquitos, tomando a partir de 2009 (luego de la eliminación de la tablita de Machinea que complica todos los números) el mínimo no imponible de ganancias creció un 44% en solo dos años. Ele-conclusión: Gobierno malo. Sin embargo, si deflactamos por el IPC-CqP, vemos que el mínimo no solo no siguió esa dinámica, sino que bajó casi un 5%. ¿Ele-conclusión: Gobierno bueno?.

Pero decíamos además que el contexto importa. Una medida puntual no determina el resultado distributivo del conjunto de las políticas. ¿Y como estaban las cosas en el frente distributivo?. Pues bien, los datos del prestigioso CEDLAS de la UNLP muestran que la distribución del ingreso en Argentina ha mejorado de forma sostenida durante los últimos 8 años, inclusive, durante la crisis de 2008-2009. También muestran que hacia 2010, la distribución es la menos inequitativa para toda la serie desde 1986, revirtiendo dos hiper, el Tequila, la crisis de 2001-2002, etc. etc.
En definitiva. Por supuesto que estamos más que dispuestos a tensionar a este Gobierno por una distribución siempre más equitativa del ingreso, y por eso no siempre estamos a favor en las subas del mínimo no imponible. Pero también sabemos que justamente porque este Gobierno ha sido el único desde la vuelta a la democracia que ha sostenido una consistente mejora en la distribución es que este pedido es posible.

Esperando que esta blog se aleje de las conclusiones amarillistas, les deja un gran saludo.

Genérico

jueves, abril 07, 2011

En el diario no hablaban de ti.

Finalmente, el pasado viernes el gobierno decidió, a través del Decreto 3073/2011, incrementar el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, esa medida pro-rico en la que anualmente convergen los intereses del Gobierno, del Grupo A, de Clarín, de los sindicatos, de las señoras de Palermo y de Larry.

Heme aquí, quijotesco, con algo de data dura. A partir de datos de la AFIP y de la EPH y haciendo uso de la técnica de los cinco dígitos oscilante, logré armar los gráficos y tablas que a continuación les presento.

Aquí vamos ¿Quiénes se benefician con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias?

De acuerdo a las estimaciones de ESC y en consonancia con las oficiales, con la suba de $ 4.818 a $ 5.782 y de $ 6.665 a $ 7.998, entre 400 y 450 mil personas dejarán de pagar el impuesto a las ganancias. Sin embargo, y en oposición con la supuesta progresividad de la medida en defensa del bolsillo del trabajador, estos 450 mil que pagaban y ahora no pagan son los menos favorecidos entre los 1.25 millones de beneficiarios.

El siguiente gráfico describe, aproximadamente, cuanto se devolverá a cada trabajador por mes según la escala de sueldo inicial.
El monto de devolución del impuesto es proporcional con el sueldo en dos sentidos. Cuanto más ganas, más pagas porque tu base imponible es mayor pero, sobre todo, porque la alícuota que te cobran es creciente. Por los primeros $ 833 por encima del mínimo se paga el 9%, 14% desde allí a los $1666, 19% hasta los $ 2.500 y así hasta 35% para los ingresos por arriba de los $ 10.000 (el detalle está aquí). Así, el aporte por cada peso marginal del más rico es mayor que el del más pobre.

De esta manera, por cada $ 1 que el gobierno decrete subir el mínimo no imponible, quien estaba cerquita de la base pagará $ 0.09 menos y el más rico $ 0.35. Al extender la lógica al total de los contribuyentes, lo que tenemos es que la devolución de impuestos del pasado viernes tiene la siguiente distribución*

¿Qué nos dice el cuadro?

De los 7 millones de asalariados registrados, 1.2 reciben el beneficio. El importe total de la devolución impositiva es de alrededor de $ 3.000 mil millones, a razón de $ 185 por beneficiario (el 85% de una AUH). Casi el 20% del beneficio total lo reciben 103 mil personas con un ingreso mensual superior a $ 18 mil mensuales ($ 36 mil en promedio) que recibirá cada uno, en promedio, $ 422 (casi dos AUHs). En este último grupo, el gobierno gastará $ 567 mil millones.

Si nos limitamos a quienes cobran más de $ 10.000**, el gasto total del gobierno es de $ 1.740 millones. Es decir, luego del decreto el gobierno habrá transferido al 5% de mayores ingresos entre los asalariados registrados una cifra equivalente al 16% del gasto nacional en salud, al 20% del gasto en promoción y asistencia social, al 36% del gasto en ciencia y técnica, al 59% del gasto en Agua potable y alcantarillado, o al 36% del gasto en vivienda y urbanismo.

Parece mucho ¿No? Y eso que sólo han oido la mitad de la historia.

¿Quiénes no se beneficiaron con la devolución de ganancias?

Una estimación de los no beneficiados, elaborada empalmando la EPH y la data de la AFIP con una buena dosis de Guesstimate y una metodología que describo en los comments***, se presenta en el siguiente cuadro. Los datos son ligeramente distintos a los de la tabla previa (sobre todo en los extremos de la distribución) pero, mientras aquella es más precisa para estimar los costos totales, esta lo es para comparar contra un universo más amplio de trabajadores que incluya no registrados y cuentapropistas.

De acuerdo a estas estimaciones, al beneficio accedió tan sólo el 7.7% del universo de trabajadores comprendido por los registrados, los no registrados y los cuenta propistas. Es decir, en su reparto, el gobierno excluyó al 92,3% de los trabajadores. Este 92.3% está compuesto por un 84% de los trabajadores que cobra menos de $ 4.800**** -injusticia vertical- y un 7.7% que,aún cobrando más de $ 4.800, no se benefició con la medida -injusticia horizontal-.

En conclusión: dentro del universo de trabajadores registrados, el beneficio es creciente cuanto más rica sea la persona, y se concentra fuertemente en los deciles más altos. Por otro lado, al estar dirigido a un subgrupo de los trabajadores formales, deja afuera a más del 90% del universo de trabajadores.

Convengamos que hablar del “bolsillo del trabajador” es darse una licencia de lenguaje ¿No?

Así las cosas. Hete aquí el progresismo del siglo XXI.

Atte

Luciano

lunes, abril 04, 2011

¿Donde están los encuestados?

Confieso que con este tema suele saltarme la fecha, y que siempre que veo algo raro en algún dato del INDEC sospecho que hay tongo (sobre todo conociendo, por ejemplo, cosas como estas) pero seguro esta vez hay una buena y razonable explicación.

¿Alguien sabe porque, luego de la incorporación de Viedma, San Nicolas y Rawson en el tercer trimestre de 2006 (y en particular desde la intervención dos trimestres después) el número de personas encuestadas en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) ha mostrado una persistente tendencia declinante?
Me contengo de hacer comentarios, así no levanto la perdiz como aquella vez.

Atte

L

domingo, abril 03, 2011

¿Compro o alquilo? - Reloaded

Con un certero y desestabilizador post, ELY pone en riesgo el andamiaje de argumentos que tan sólidamente y durante meses yo había logrado construir alrededor de mi mujer hasta lograr convencerla de que la opción económicamente óptima para una pareja de nuestras características era alquilar y no comprar con crédito. Así que aquí vamos. Vea este post como un intento desesperado, un manotazo de ahogado, de recuperar la iniciativa inmobiliaria en mi hogar.

¿Qué conviene más? ¿Alquilar o comprar?

Para comenzar, ELY hace una buena aclaración en su segundo post sobre el tema. Hay al menos dos ejercicios distintos que suelen mezclarse al tratar de responder la pregunta sobre la conveniencia de alquilar o comprar. El primero de ellos es uno en el que la persona cuenta con capital propio y debe decidir si compra un inmueble o, en cambio, coloca su dinero en una inversión alternativa. El segundo es el de una persona que, sin capital propio, debe decidir si comprar con un crédito o alquilar. Permítanme concentrarme en el segundo, porque en el primero, inexorablemente, se entra en el debate de las “inversiones alternativas” al inmueble en el cual no quiero entrar.

Repitamos entonces el ejercicio de ELY. Inmueble de $275.000. Pago anual de alquiler equivalente al 5.5% del valor del inmueble, un crédito a 20 años, una tasa fija hipotecaria de 25% nominal (me parece un poco alta, pero jugaré con esto más adelante) y una inflación esperada de 15%.
Como era de esperarse, el flujo de pagos en concepto de alquiler, intereses sobre el crédito, amortización de capital y cuota total es igual al que presentaba ELY en su post. El alquiler, empujado por la inflación, crece hasta superar el pago por interés para terminar en un nivel casi tres veces superior al de la cuota del crédito. En sentido inverso, el interés desciende para representar casi el 100% del monto pagado al inicio del ejercicio hasta 0% en el mes 240.

Este es el grueso del argumento de ELY (con las aclaraciones de rigor que él mismo hace en sus posts). Por un lado, al final del día, la cuota del crédito será muy inferior a la del alquiler y, por otro, habrá capitalización en forma de ladrillo de la plata que uno pagó durante 20 años, que no existe cuando uno paga alquiler.

Ahora bien, extendamos un poco más el ejercicio de ELY.

Habrán notado en el gráfico anterior que pueden distinguirse dos periodos claros en el flujo de pagos. Un primero en el cual el pago en concepto de alquiler es inferior a lo que se paga en concepto de interés y otro, que comienza alrededor del décimo año en el cual el signo se invierte.

Supongamos, por un lado, que el precio real del inmueble no varía con el paso del tiempo (es decir, que sube al mismo ritmo que la inflación y, por otro, que existe una inversión financiera que también te da un retorno real de 0% como podría ser, por ejemplo, comprar dólares y guardarlos en el colchón. Si esto es así, el flujo de pagos del gráfico anterior se transforma, si compramos con crédito, en ahorro en forma de ladrillos con retorno real cero y, si alquilamos, en ahorro en plata mientras el alquiler es superior al interés y desacumulación desde entonces.

La evolución de ambos tipos de ahorro se presenta en el siguiente gráfico, en pesos (a valor del momento inicial) y en porcentaje del precio del inmueble.


¿Qué nos dice el gráfico? La curva verde nos muestra como, al final del ejercicio, habremos acumulado un monto equivalente al 100% del inmueble, o $ 275.000. Sin embargo, más interesante es la dinámica de la curva azul. Si todos los meses compramos dólares y los guardamos en el colchón (o cualquier otra inversión con retorno real cero), en un plazo de 75 meses habremos acumulado también acumulado un monto equivalente al 100% de la propiedad, ahorro que crece hasta alcanzar el 127% del valor en el mes 127 (que coincide con el punto en el que alquiler e interés se cruzan en el primer gráfico). A partir de ese momento uno empieza a perder plata a un ritmo creciente pagando alquileres más altos que el interés del crédito. Pagando más alquiler, al final de los 20 años uno habrá desahorrado unos $ 450.000 de hoy, o 160% del valor de la propiedad.

Creo que el gráfico anterior da una buena respuesta a la pregunta original. Si el plazo del crédito coincide con el tiempo que querés vivir en el departamento, conviene comprar con hipoteca. Si, en cambio, tu intención es volver a mudarte, por ejemplo, antes de los 10 años (habiendo sacado un crédito por 20 años) entonces te conviene alquilar.

Así, en conclusión, la respuesta depende de la relación entre el plazo de permanencia en el inmueble y el plazo del crédito, lo cual, a su vez, dependerá tanto de la capacidad de acceso al crédito como de la propia situación de la familia.

La facilidad de hacer coincidir el plazo del crédito con el plazo de permanencia depende (como también marca ELY) del nivel de ingresos que uno tenga hoy. El conjunto de plazos en el que tomador de crédito puede elegir suele estar acotado por el hecho de que la cuota mensual no puede exceder un tanto por ciento del ingreso declarar.

Así, por ejemplo, con los parámetros previos (la tasa de 25% que mantengo para hacerla comparable con el post de ELY), un crédito de $ 275.000 a 3 años implica una cuota de $ 10.700, a 6 años de $ 7.200, uno a 10 de $ 6.100 y a 20 de $ 5.600. Por otro lado, el tiempo esperado de mantenimiento no será igual para un joven que busca su primer departamento que para una joven pareja que busca un ambiente más para ampliar la familia que para una familia ya “completa” que busca el lugar definitivo que para una pareja de jubilados.

En definitiva, la respuesta a la pregunta del título, y como en casi todas las preguntas en economía, es un simple pero rotundo ”Depende”

Tengo mucho material en el tintero, como el impacto de la inflación, de distintas tasas de interés, de distintos plazos, los riesgos a los que uno se expone en cada escenario, pero las dejo para un segundo post.

¡Arrivederchi!

L