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Palos porque bogas, palos porque no bogas.

miércoles, enero 22, 2014

Hoy Miércoles, el Central dio sobre el cierre de la jornada bursátil, una señal fuerte, devaluando en menos de media hora $0.25 (3.6%) el tipo de cambio oficial, hasta $ 7.12. Después de casi dos meses de un goteo a buen ritmo (sin contar el salto de 25 centavos, 0.36% diario en 20 días, 0.32% desde que asumió Fabrega) el movimiento de hoy podría marcar el fin del gradualismo hacia algo más acelerado. Al respecto algunos apuntes desordenados.



Una vez tomada la decisión de devaluar (e incorporada en las expectativas de la gente) el gradualismo (también conocido como “la tablita”) es una mala idea. La tablita (digamos, una devaluación de 5%/6% mensual) implica convertir al dólar en una apuesta segura que deja en desventaja a los usos alternativos de los fondos. Alcanza con pensar el desproporcionado desarbitraje que existe, por ejemplo, con un depósito a plazo fijo que pague entre 1.5%/2.0%.

Los efectos negativos de este desarbitraje son muchos y se combinan con la brecha cambiaria para generar un escenario recesivo e inestable. Retrasa exportaciones (por ejemplo, la venta de granos) y acelera importaciones, incentiva subfacturación de expo y sobrefacturación de impos, desincentiva el consumo y la inversión, pone en riesgo el fondeo de los bancos, invita a bicicletas financieras (que pone recursos en actividades estériles) y a retrasos en las cadenas de pagos. En definitiva, no puede durar demasiado en el tiempo sin tener efectos perversos sobre la actividad económica y el propio objetivo de estabilizar el balance de pagos.

Además, el camino gradual a esta velocidad, galope muy lejano del aquel trote lento de los últimos años, incrementa la incertidumbre respecto a los precios relativos, o dicho de otra manera, vuelve más dudosa la respuesta a la pregunta “¿Dónde termina la suba del dólar?" Cada precio que se decide con el ajuste gradual en curso es un precio que puede quedar mal parado cuando la devaluación finalice, dando inicio a una nueva ronda. Así, la incertidumbre de precios relativos invita a ajustes preventivos

Frente a este escenario, una devaluación rápida y definitiva para llegar al precio objetivo es una mejor alternativa. Si el Banco Central hubiera decidido, por ejemplo, que quiere un dólar a fines de agosto $9.0 (equivalente a una devaluación de 5.0% durante entre enero y ese mes) ¿Por qué no llevarlo a $ 9.0 hoy y fijarlo de aquí a agosto?

La respuesta obvia es el riesgo de contagio. El gobierno puede resultar incapaz – sea por voluntad o capacidad política- de sostener en el tiempo un esquema distinto de precios relativos (digamos, en orden decreciente de suba: dólar, tarifas, precios, salarios, tasas) lo cual implica que el intento de mejorar el tipo de cambio real resulte no solo estéril sino contraproducente, en tanto los reacomodamientos de precios relativos implicarán más inflación.

Por eso es indispensable que el gobierno acompañe este esfuerzo por reacomodar el tipo de cambio real - sin el cual el riesgo de desbarranco de aquí a 2015 es bastante alto – con señales claras que nos ayuden a coordinarnos. “Señores, la economía esta nominalmente en riesgo” debería más o menos decir la señal “Así que busquemos la forma de que el tipo de cambio se quede allá arriba, las tarifas eléctricas acá, los precios por aquí y los salarios no más allá de acá. Nosotros nos comprometemos a que el Banco Central no monetizará más de tanto, y buscaremos contener el impacto social retocando este plan y aquella jubilación”.

Parece algo muy complejo, pero coordinar al sector privado y mediar en las pujas distributivas es justamente el rol que uno espera del Estado. El gradualismo ya no sirve, y la “terapia de shock” requiere un capital político y una capacidad de sintonía fina que no es obvio que el gobierno tenga. Por eso, los próximos tres meses, cuando los nuevos precios relativos y las reacciones defensivas sean más evidentes, son críticos.

Hay que pasar el verano.

El precio justo

jueves, enero 16, 2014

Entre las series del relevamiento de precios online que hacemos en Elypsis (a partir de cual espero armar índices de precios para América Latina antes de fin de año) tenemos las de muchos productos que forman parte del flamante plan de “Precios Cuidados”. Lucha mi sentido común con perder tiempo en analizar este nuevo y particularmente absurdo acuerdo de precios, pero va una pequeña colección de perlitas que encontré en un primer vistazo. Todo lo reportado corresponde a cadenas de supermercados de Capital Federal. Donde no aclare lo contrario, lo que se muestra es el precio semanal en una de esas cadenas. Los precios finales, en todos los casos, coinciden con los precios cuidados. Aquí va

La competencia que cinco cadenas de supermercados tenían en el mercado de caldos de gallina (sic) convergió a la Pax cuidada de $ 7.90 por caldo "Wilde" de 114 gramos. Yendo de la competencia de precios a la colusión dirigida.

ALGO QUE NO VAMOS A PERMITIR, QUE ES IM PER DO NABLE, ES QUE MOCORETA NO ACEPTE EL ROL QUE LE HA TOCADO. ABAJO MOCORETA, QUE ACA EL QUE MANDA ES CARIOCA.

¿Que habrá - o no habrá hecho - hecho el pobre Tregar para que le dieran un precio cuidado 13% menor que el de su competencia?

Violencia de genero! El Estado intervino para corregir tamaña injusticia sexista en el mercado de desodorantes.

En muchos casos se ven colchones de 15%/20%/25% antes de congelar. En algunos incluso más

En dos supermercados del mismo grupo (uno primera línea, el otro discount) los precios cuidados convergen arriba


Y para que no me acusen de elegir solo los casos malos, aquí un par en los que el acuerdo convergió hacia abajo

Sorry, chicos, el excel con la matriz insumo producto nos da que descremarla sale 30cvs, así que van a tener que arreglarlo

"Anana, manzana, multifruta, naranja. eh masomeno lomesmo" "Pero nuestra matrix de insumo produ....." "Ponele 1.60"

¿Quién tuvo la idea de fijar el precio del morrón? Avísenle al precio de mercado que el "cuidado" esta 25% arriba suyo

Atte

Luciano

Encandilados por el Stop

miércoles, diciembre 18, 2013

Fines de diciembre es un momento ideal para hacer balances, y hacer balances exige un esfuerzo totalmente incompatible con remontar un blog al que, pobrecito, tengo relegado hace rato. Pero hagamos el intento.

La atención macroeconómica estuvo puesta, durante el año, en la caída de reservas, que de USD 43mm a fines de 2012 pasaron a USD 30mm (bastante lejos de aquel pronóstico que hiciera en enero, que no difería tanto del consenso de aquella época). Proyectar en el tiempo el desplome del 30% de las reservas de este año despierta los fantasmas de aquellas crisis de balance de pagos que nos golpearon de distinta forma en más de medio siglo de stops and goes. A razón de USD 13mm por año terminaríamos 2015 con menos de un mes de importaciones de reservas.

Sin embargo, por varias razones, creo que los problemas de balance de pagos son preocupantes pero no alarmantes y que el verdadero daño se esconde en otro lado.

En primer lugar, porque la caída tan abrupta durante este año se explica en gran parte por factores transitorios o de única vez con lo cual, si bien es probable que las reservas sigan cayendo, es difícil creer que lo harán al mismo ritmo. El Central repago deuda por unos USD 2.0mm, el déficit de tarjetas alcanzó un pico de USD 6.5mm en nueve meses que es esperable comience a revertirse, la caída en el pago anticipado de exportaciones (que ahora se pagan cash) retraso la entrada de unos USD 1.5mm de exportaciones, cayó el precio del oro generando casi USD 1.0mm de pérdidas, el campo retuvo unos USD 3.5 en stocks de soja (que eventualmente entrarán). Pequeños factores que, combinados, convirtieron a 2013 en una tormenta perfecta.

En segundo lugar, porque no hay en el balance de pagos grandes problemas de stocks, salvo quizás en el de stocks de gas y petróleo que esperan a Vaca Muerta. Al ser un problema estrictamente de flujos, reequilibrarlo es menos complejo que si hubiera que lidiar en simultáneo con la refinanciación de deudas

En tercer lugar (es casi un dos bis, pero es un lindo recurso dar tres argumentos), porque el problema de balance de pagos es mayormente un problema de cuenta capital, es decir, un problema de confianza en el peso. Aunque el atraso cambiario ya afecta la cuenta corriente (este año por primera vez en la década tuvimos déficit de cuenta corriente) la principal anomalía de nuestro balance de pagos es la cuenta capital sistemáticamente negativa, hoy solo contenida por el cepo cambiario.

La combinación permite entrever que cuando en 2016 asuma el ejecutivo un gobierno con capacidad de resolver el problema de cuenta capital y de desconfianza del peso (digamos, logrando reinserción financiera internacional y quebrando la dominancia fiscal del banco central), tarea no trivial pero tampoco imposible, el balance de pagos dejara de implicar un riesgo de crisis inminente. La pregunta pasa a ser entonces si llegamos a fines de 2015 con reservas, cuya respuesta, por las razones que planteo en el primer punto, creo que es que sí. Es decir, no sobraran, pero no serán tales como para inducir una corrida indetenible contra el peso (especialmente porque la posibilidad de atacar la moneda está contenida por el cepo).

Por ello, creo que la principal herencia macroeconómica que dejará el gobierno no será el desbalance de dólares, sino el desbalance de pesos y el desajuste de precios relativos, dos problemas de solución (políticamente) más compleja que el anterior, porque implica mediar entre ganadores y perdedores.

En este post de junio decía “La debilidad fiscal y el financiamiento con emisión se complementan con (…) la debilidad política. La falta de credibilidad y de capacidad de “enforcement” que coordinen expectativas y decisiones y la necesidad de recuperar adhesiones suelen tener consecuencia negativas tanto sobre las cuentas públicas como sobre el proceso inflacionario. La tentación de hacer concesiones económicas financiadas con dinero recién salido de la casa de la moneda suele ser inversamente proporcional con el capital político. O dicho de otra manera ¿Alguien duda que los recursos del central (sus reservas o sus pesos) son un botín lo suficientemente tentador como para que un ejecutivo codicioso se abstenga de utilizar si la situación electoral se le complica?”.

La reciente resolución del conflicto policial y el riesgo de contagio no solo hacia otros gremios del estado sino hacia el resto de las paritarias en 2014 o la permanente postergación en la corrección del multimillonario derroche en subsidios (cuyas consecuencias vemos en estos días de calurosos apagones) son tan solo dos ejemplos. Es difícil Imaginar a un tesoro austero en años de bajo crecimiento y poco probable que lleguemos a fines de 2015 con cuentas públicas saneadas (salvo, claro, que Capitanich y sus deseos de ser presidente logren internalizar en el ejecutivo los costos que le dejan al sucesor). Resolverlo será para el sucesor, quien tendrá que elegir a quien decepcionar, un problema de economía política complejo.

Todo esto converge a la peor de las herencias que dejará el gobierno: La economía se sostiene hoy en un esquema insostenible de precios y retornos relativos irreales, subsidios cruzados e incentivos perversos y antidesarrollo: Tarifas de servicios públicos, transporte, tasas de interés, tipos de cambio múltiples, subsidios cruzados implícitos en la política comercial e incluso la inflación que implica una transferencia desde los tenedores de pesos hacia sus usuarios. Sincerar estas distorsiones (palabras con una carga histórica nada feliz) es una tarea mucho más desafiante que las anteriores.

¿Funcionará la economía de la década kirchnerista con otro esquema de precios relativos? Difícil, y administrar una transición a la que le queda poco espacio para el gradualismo, sin costos sociales y evitando quebrar la “estabilidad nominal” de alrededor del 25%, es una tarea cada vez menos sencilla, en la que el riesgo de accidente es alto. Todavía hay tiempo, pero cada vez menos.

Volve Mecha, te perdonamos

viernes, diciembre 06, 2013

Va un pequeño post con una pequeña idea, casi un plumero para sacarle las telarañas a este blog.

En los últimos meses, tras la desaceleración que siguió a la aceleración del descongelamiento que siguió a la desaceleración del congelamiento, la inflación (medida según el índice de precios cuyo chivo en esta oportunidad voy a obviar) se aceleró hasta alcanzar, en la última semana de noviembre, el nivel más alto de todo el año.

Sin embargo, el episodio de aceleración reciente tuvo una particularidad. A diferencia de Julio, la nueva aceleración estuvo más concentrada en menos rubros. El siguiente gráfico es un histograma de la variación mensual de las 280 categorías individuales que componen el índice. Lo primero que salta a la vista es que el 2.4% de suba tuvo a cerca del 45% de las categorías creciendo entre 2.0% y 4.0%, alrededor de 10% haciéndolo entre 4.0% y 6.0% mientras un 5% crecía más de 10% en el mes. En noviembre, en cambio, el dibujo se achata. La suba fue algo menor durante el mes (en promedio) pero menos categorías se ubican en el medio. 30% crecieron entre 2.0% y 4.0%, 17% entre 4.0% y 6.0% y casi 10% más de 10%.

Esto se explica en gran parte por la suba que cuatro rubros tuvieron en los últimos meses. Los panificados -o los derivados del trigo en general-, carne vacuna - el otro sector tocado por el dedo mágico del funcionario que todo lo que tocaba rompía - y las frutas y verduras, afectadas por heladas a mitad de año. Sin minimizar el impacto sobre la capacidad de compra del peso (en conjunto representan más del 15% de la canasta de consumo), la característica común es que podría (noten el condicional) ser fenómenos transitorios.

Ahora bien, si se excluye esos tres rubros de la estimación, en una aproximación imperfecta a la inflación “core”, lo que se obtiene es el siguiente gráfico. La inflación acumulada para todo el periodo del relevamiento (que arranca en febrero) pasa de 25.5% a 20%, es decir, mas de cinco puntos explicados por esos tres rubros.

Entonces, si esto efectivamente es así (y pongo el condicional porque soy consciente de los problemas de medición que implican la estimación muestral con la que trabaje) entonces cambia tanto el diagnóstico como la pregunta relevante, que ya deja de ser “¿Por qué se acelera la inflación?” Para pasar a ser ¿Por qué NO se acelera la inflación, aún en un año con ajustes de tarifas y fuerte aceleración del ritmo de devaluación? (la contracara es “¿Por qué subió la inflación en 2012”?)

La respuesta, creo, puede venir por el silencioso giro que, desde hace unos seis meses, ha tenido el Banco Central, pero ese es otro post.

Atte.

Luciano

Ps: Aclaración, el resultado descripto depende crucialmente de las ponderaciones utilizadas. Si en vez utilizar las ponderaciones del IPC viejo utilizo las del IPC de la Ciudad de Buenos Aires el fenómeno desaparece.  

De hecho, la inflación reportada por el gobierno de la Ciudad con y sin Alimentos y Bebidas es prácticamente igual.. Moraleja: Es muy muy muy dificil diagnosticar la coyuntura sin un indice oficial de precios creible.

Volve Moreno, te perdonamos

jueves, diciembre 05, 2013

Según el Indice de Precios que elaboramos en Elypsis a partir del relevamiento online (indice que cubre el 80% de la canasta de consumo), la inflación en la semana que va del 25 de noviembre al 1 de diciembre fue de 1.0%,  la mas alta de todo el año. Por arriba, incluso, de las semanas que siguieron al descongelamiento.



Una despedida perfecta para un hombre que rompió todo lo que toco.

¿Aire para las reservas?

viernes, septiembre 13, 2013

Comparto columna que salió hoy en el semanario El Economista

El maíz y la soja Dos aliados impensados para las reservas hacia fin de año

La campaña agrícola 2012/2013 presenta un conjunto de factores atípicos respecto a campañas pasadas que podrían generar en los próximos meses noticias positivas que apuntalen la declinante evolución de las reservas.

En primer lugar, la crisis del sector triguero produjo un cambio en el mix productivo agrícola hacia un mayor peso relativo de la soja. Este desplazamiento, que paradójicamente podría implicar un saldo positivo de hasta US$ 1.500 millones durante la campaña, implicó un cambio en la estacionalidad del ingreso de divisas que fue menor durante el primer trimestre del año, de unos US$ 1.200 millones, que, en situaciones normales, deberían haber sido compensados hacia mediados de año. A su vez, estos cambios se complementaron con un segundo efecto, más contemporáneo y de mayor magnitud.

La presenta campaña de soja presenta un patrón anormal de atraso en el ritmo de ventas. Hasta mediados de agosto, en el promedio entre las campañas 2004/05 y 2011/12, el 77% de la cosecha había sido vendida a exportadores o a la industria, cifra que cae a 60% en la presente campaña. Esta postergación de la venta equivale a 8,2 millones de toneladas o US$ 4.200 millones en exportaciones que, en circunstancias normales, ya habrían sido liquidadas a esta altura del año. Si bien esta mayor retención de stocks sojeros refleja en gran medida una decisión de portafolio que prioriza la preferencia por un activo indexado al dólar, el mayor ritmo de devaluación y las perspectivas de menores precios futuros, podrían normalizar el patrón de liquidaciones en los próximos meses.


Mientras tanto, crece la incertidumbre asociada a la campaña de maíz. En julio pasado, la Presidenta anunció que en la campaña agrícola 2012/2013 la Argentina estaría alcanzando un nuevo récord de producción agrícola de 105 millones de toneladas, por arriba de las 104 de la campaña 2010/11. El anuncio trajo como novedad una notable corrección al alza de las proyecciones de maíz hasta 32 millones de toneladas, generando una fuerte brecha por sobre las estimaciones del sector privado (cerca de 25 millones de toneladas).

Analistas del sector coinciden en que las actualizaciones metodológicas implementadas son sólidas y representan, de ser exitosamente implementadas, una mejora importante respecto a la medición previa, en base a un proyecto en el que se viene trabajando desde hace años. Pero creen, sin embargo, que la estimación en la presente campaña presenta resultados anómalos tanto en relación a los rindes empleados, sobreestimados por una extrapolación simple de las previsiones para las hectáreas medidas con el método anterior, como en lo referente al número de hectáreas sembradas, donde surgen datos de color de difícil explicación como la duplicación del área de maíz en Venado Tuerto o en Santiago del Estero.

Los datos de comercio exterior agregan más incertidumbre: a julio de este año, las exportaciones acumuladas de maíz ascendían a 15,4 millones de toneladas (13,8 desde marzo, cuando comienza la cosecha de la presente campaña), cifras históricamente altas, que superan en 26% y 31% el récord previo.Esta sorpresa positiva es consistente con dos historias. Por un lado, el nivel de exportaciones registrado reflejaría una menor absorción (contracara, por ejemplo, de la mayor liquidación de stocks vacunos) y una menor retención de stocks, con ventas anticipadas respecto a un ciclo normal de liquidaciones. Por el otro, sería el nivel de exportaciones que se observaría si, efectivamente, la producción fuera de 32 millones de toneladas.

El reciente anuncio de liberación de tres millones de toneladas de maíz para exportación lleva el cupo total a veinte millones, por arriba de las dieciocho millones de exportaciones disponibles que surgen de los cálculos privados, y en línea con la previsión oficial de mayor producción. Si bien no hay al momento elementos que permitan discernir entre ambas explicaciones, existe un riesgo al alza en las exportaciones de maíz que podrían adicionar hasta US$ 1.000 millones al saldo exportador para el año.

La combinación de ambos factores (la posible existencia de mayor maíz del previamente estimado y la aceleración en las ventas de soja) podría dar buenas noticias en los próximos meses, interrumpiendo o incluso revirtiendo –aunque lamentablemente sólo de forma transitoria– el sendero declinante de las reservas durante 2013.

Al pan pan

martes, septiembre 03, 2013

Mucho se ha hablado, en particular hace algunos años cuando aún existía algún punto de contacto que permitía el debate, sobre el rol que las commodities tuvieron en el inicio del proceso inflacionario que hoy, cinco años después de haber atravesado la barrera de los dos dígitos, carcome nuestra macro. En particular había – y aún hay – quienes, en el afán de tercerizar la responsabilidad de la política económica, consideran que fue el boom de commodities de 2007/2008 el principal disparador de la aceleración de inflación.

Posiblemente el exponente más puro de esta hipótesis sea este documento de Andres Asiain, quien no duda en afirmar que “LA RESPONSABILIDAD DE LA INFLACIÓN EN ARGENTINA ES DE JULIO COBOS”. Su argumento es simple. La suba de retenciones interrumpida por el voto no positivo del ex vicepresidente hubiera evitado el shock inicial de la suba internacional trasladada a los precios domésticos que, propagada luego por la puja distributiva, explica la aceleración inflacionaria. 

Hoy tenemos una triste coyuntura que sirve de experimento natural para poner a prueba esta hipótesis.

En el último año y medio el mercado de trigo ha vivido una de las peores crisis de su historia o al menos, porque tampoco es cuestión de estar exagerando, desde aquellos primeros embarques que Avellaneda festejara en 1878. En un plazo de un año y medio, el precio en pesos del trigo se multiplicó por 5 y por 2.5 en los últimos ocho meses, convirtiéndolo en el más caro de todo el planeta.

Sin embargo, no es el objetivo de este post analizar las consecuencias negativas de largo plazo de los errores por la improvisación voluntarista resumida en el slogan taquillero “cuidar la mesa de los argentinos” sino, en cambio, concentrarme en sus consecuencias macroeconómicas.

Como no me canso de repetir cada vez que tengo oportunidad de meter el chivo, en Elypsis hacemos un relevamiento de los precios online con una muestra ya clasificada de casi 120.000 precios diarios (sobre un total de medio millón), lo cual permite hacer un análisis bien detallado de la dinámica inflacionaria.

Dicho esto, La siguiente tabla resume la evolución desde marzo (cuando comenzó nuestro relevamiento) de los precios al consumidor de los productos derivados del trigo, junto a su peso en la canasta de consumo (que surge de las ponderaciones que utilizaba el IPC-INDEC antes de la intervención).

Entre febrero y agosto el precio del trigo se duplicó en pesos. Desde entonces, se registraron subas del 46% en la harina (la primera transformación industrial del trigo), de 20% a 26% en pan fresco y pan rallado y rebozadores (la más simple de la segunda transformación industrial) y entre 13% y 19% para los derivados algo más elaborados (pastas, golosinas, etc).

En promedio, tomando el peso de cada producto en la canasta, el precio de los derivados del trigo subió un 19%. O dicho de otra forma, por cada peso de suba del trigo, el precio al consumidor de sus derivados subió 19 centavos

Sin embargo, no es correcto asignar el total de la suba del precio de los derivados al precio del trigo, teniendo en cuenta que durante el periodo la inflación acumulada fue de alrededor de 10%. De esta manera, la elasticidad de los derivados se encuentra en algún punto entre el máximo (19%) y el mínimo (9%) que surge de netearle la inflación general. Seamos salomónicos y asumamos 15%.

Ahora bien, tenemos que un incremento del 100% en el precio del trigo sube el precio de los derivados un 15%, lo cual, en función de su peso en la canasta de consumo 6.4% equivale a 1.0% de incremento. Es decir, duplicar el precio en pesos del trigo agrega 1% a la inflación.

Téngase en cuenta que el trigo es el cultivo extensivo de mayor impacto en la canasta de consumo. El maíz afecta aún más indirectamente que el trigo. Una porción muy pequeña se consume crudo o en conservas, pochoclo o polenta, mientras el resto llega al consumidor luego de tres o cuatro transformaciones en forma de carne animal (donde se usa como alimento balanceado), o golosinas o gaseosas (por los azucares derivados del maíz) La soja es absolutamente irrelevante, salvo por el pequeño mercado de milanesas, leche o salsas de soja. El arroz representa aproximadamente 0.3% de la canasta, el sorgo no se consume y la cebada llega después de varias transformaciones en forma de cerveza (0.27% de la canasta).

Dicho esto, volvamos al trigo. Hubo una duplicación de su precio en pesos entre enero de 2007 y mediados de 2008 (lo cual, como vimos, sube 1% los precios al consumidor), mientras la inflación paso de 10% a un pico de 30%. Supongamos que las retenciones de cereales y oleaginosas se incrementaban en 10%, en ese caso la suba del trigo hubiera sido 90% y el impacto positivo sobre el IPC de 0.1%. Exageremos y dupliquemos el impacto. 0.2%...tripliquémoslo. 0.3%

Si, leyó bien. Hay quienes afirman que una aceleración de unos 20 puntos en la inflación podría haberse evitado no haciendo política macroeconómica, sino con una medida que contenía 0.3% de suba de precios.

20% vs 0.3%

Q.E.D.