miércoles, junio 27, 2007

Pablo Zaremba Vs Generic Juan Aftermatch

Con el doble objetivo de mantener, por un lado, movidito el blog mientras armo el remate del tratadito inflacionario y por otro no cortar dejandolo muy abajo un debate que se puso picanton, posteo la respuesta del invitado de lujo milanes!

A ver Generic!! a looooooo suuuuyoooo!!
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Comment de Pablo Zaremba en este post!

Juan está haciendo las clásicas asunciones de moda, poco creativas y parciales, además de leer las estadísticas de pobreza en modo absoluto sin tener en cuenta que algunas de las variables que las engordan son cuantitativamente ridículas.

Primero algunas aclaraciones. No sabía que las referencias biográficas forman parte del análisis. A Milán no llegan los diarios argentinos pero sí llega internet, que es ese mismo cable que te permite referirte a mi no obstante medien 12000 kilómetros. La información no es más local salvo en Corea del Norte, Juan. Mi percepción cuantitativa y cualitativa de la macro y la micro es exactamente igual a la tuya porque se basa en la lectura de datos objetivos que se disponibles también en China. El mundo cambió. Además, y solo para alejar cualquier duda sobre la “autoridad moral” que se me cuestiona, vuelvo cuatro veces al año y todos mis intereses económicos están en la Argentina, de modo que mi bolsillo sigue atado a la suerte de mi país.

Yendo a la sustancia. ¿Recetas neoliberales? ¿Cuáles? ¿Los 90? ¡Por favor! Tipo de cambio fijo, privatizaciones oligopolicas, desregulación de cotillón, déficit financiado con deuda, cero políticas anti dumping (especialmente hacia los productos industriales y alimentarios hipersubsidiados de la UE y Brasil), misma política tributaria regresiva y distorsiva de los últimos 60 años, tasación creciente sobre una base imponible decreciente, legislación contractual atada a una entelequia cambiaria, desinversión en infraestructura competitiva (principalmente puertos y transporte), desinversión en educación, instituciones africanoides. ¿Sigo? Ser la vedette de Wall Street y el FMI no te hace liberal. Comparar este modelo con los 90 es muy conveniente pero muy poco superador. Si quieren encontrarle las virtudes, el estándar tiene que ser más alto.

Cuando critico este TCR como el más fabuloso y descarado subsidio a los productores de transables industriales, lo hago desde la óptica de que hay vida en el medio. Ni tan alto ni tan bajo, razonable, y hasta con cierta discrecionalidad “competitiva” para generar algo de ahorro. El poder de consumo del salario debe ser también objetivo de la política cambiaria, fundamentalmente porque los argentinos no consumimos solamente no transables. Llegar al pleno empleo con la vieja receta de sustituir hasta el aire fabricando ventajas no sostenibles se termina el día que la coyuntura que te las paga se cae. Después de 70 años de fracasos a manos de la misma receta me cuesta entender que los argentinos creamos que somos surfistas de los ciclos. ¿Queremos discutir el impacto económico de una caída del 25% en las cotizaciones? ¿Hagan un escenario de simulación sin retenciones, con intereses crecientes, con baja inversión y oferta clavada, con inflación instalada en dos dígitos duros, con menos saldo en la balanza, TCR apreciado a la fuerza y corriendo para cubrir vencimientos? En las condiciones actuales si los commodities bajan fuerte (y lo harán como siempre sin avisar), la Argentina entra en estanflación. Seguir recurriendo a un tipo de cambio exageradamente alto como motor de desarrollo en un mundo donde el único no transable que queda son los salarios (y no todos) es miope. El día que no hay como sostener la ventaja, volvés de donde partiste.

Los datos sobre pobreza son la otra gran burla argentina. Decir que no es pobre quien está por arriba de AR$ 890 (u$s 287 / Eur 217) es absurdo. Nos tomamos con mi mujer el trabajo de hacer una comparación exhaustiva de la misma canasta de consumo Italia – Argentina, en base a productos de fabricación local, no en oferta, de igual calidad y en supermercados de igual target (Disco y Esselunga). La misma canasta de clase media nos resultó en euros solo un 19% más barata en la Argentina (posteo la lista si les interesa). ¿A quién beneficia el modelo?

La sigo después. Acá son las 23:30.
Un saludo a todos
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Me retiro momentaneamente a mi cueva de cristal!
Saludos
Elemaco que, ocupado, lucra con contenido ajeno. (lucra en sentido figurado, no veo un mango)

2 comentarios:

generic juan dijo...

Veamos. primero, vos no te podés ofender con las chicanas que yo tiré sin conocerte, ya que vos hiciste lo mismo con Elemaco en áquel comentario que inicio este debate. Habiendo dicho esto, si querés bajamos un cambio ya que la verdad me importa poco (por no decir nada) quién sos particularmente... como me dijo alguien alguna vez, en los blogs lo que vale es la palabra. Si tus intereses están en este país, mejor por que tu debate se interesa en el futuro del país igual que mi opinión. Por otro lado, dado que yo soy un trabajador que vive en argentina de mi salario los límites del TCR me afectan y no veo ningún beneficio directo (no tengo industria ni nada).

habiendo dicho eso, me parece que tu proxy de precios relativos esta más que interesante, pero estemos de acuerdo que en principio es poco representativa.

Las ventajas del TCR alto, por donde se me ocurren ahora, son: favorece a la creación de empleo (probablemente poco calificado), aumenta el ahorro local (ver Yeyati y Strurzenerg -como sea que se escriba -) y contribuye a la sostenibilidad externa del país (dato no menor en un economía en la cuál el estrangulamiento externo explica una parte no menor de la historia económica). Del primer punto, se deduce que si cae el desempleo aumenta el salario real (en pesos), lo cuál se observa en la realidad de hoy. Ahora bien, el punto que vos haces esta bien, TCR implica altos precios de los transables y por lo tanto si los alimentos son transables, altos precios de los transables, suben la comida. Pero el punto no esta en este efecto puntual, sino en evaluar el aumento de esos precios contra el del ingreso. Y hoy, ganan los salarios (claro está, el IPC de 2007 poco dice). Dejando eso de lado, un punto no menor es el de la sostenibildad externa. En una economía con un historis de fuerte volatilidad en el ciclo, los agentes a nivel micro descuentan que todo modelo es en el largo plazo insostenible (este punto es muy largo y lo hipersimplifique), que la macro contribuya a modificar vía aprendizaje estas expectativas tiene muchos efectos positivos en términos del crecimiento de largo plazo.

Y por último, mi posición en este blog siempre fue explícita: La estructura económica de Arg. hoy presenta serveras limitaciones si se piensa en términos de desarrollo. Ni el agro ni la industria (poco compleja, oligopólica y poco competiviva) son agentes del desarrollo. Y el TCR no va a cambiar esta situación, donde para mí, es necesaria la complementación entre mercado y Estado. De aquí, se deduce que los modelo neoliberales de manual (no el del fondo) son poco útiles para potenciar el desarrollo del país.

Y repito, no te ofendas por las chicanas. O sino, no las uses más.

Ah!, y ya escribe demasiado... dp la seguimos. Acá son las 12:20, pero tengo que laburar.

Pablo Zaremba dijo...

Si hay algo que no extraño de la Argentina son los kapangas de potrero. Dejá que Elemaco se defienda solo. Y aprecio sinceramente que no te interese quien soy, pero acordate la próxima vez que te tiente el argumento de donde como para juzgar mi percepción de argentino.

Pero vamos a la sustancia. Nominás todas las supuestas ventajas de un TCR alto pero te olvidás que para sostenerlo hace falta un fisco muy tacaño (lo que equivale a menos salud, educación, seguridad, justicia y políticas asistenciales sanas), y que si no le da para hacerlo con ahorro público lo debe hacer con inflación (que es la receta actual y que termina penalizando a quien teóricamente beneficia), sin nombrar lo restrictivo que resulta en términos de acceso a un abanico de bienes y servicios cada vez más transables. En el mundo pasó algo inexorable que se llama globalización, y que hace de los modelos autárquicos de los 60 o 70 una ilusión todavía más efímera.

En vez el escaso grado de desarrollo de la industria local no es de atribuir a la falta de Estado sino al exceso. En todo caso fue el Estado que eligió por capricho cual era la industria, asignó recursos en el único modo en sabe hacerlo, o sea mal, y creó actividad famélica y espuria que se murió en primer shock cambiario para frenar la hiper. ¿A qué sirve entonces nuevamente el Estado?

Si en vez de consumir stocks y destruir ahorro sistemáticamente durante 70 años la Argentina se hubiera dedicado a limitar apenas un poco la voracidad pública, a vivir con tasas razonables de inflación y a no regalar protección a cambio de nada, hoy la historia sería muy otra. El resto, son recetas de alquimista.