Por Economic Psycho
Hablar de la introducción de la psicología en la teoría económica (para resumir, behavioral economics, o BE) requiere previamente de una (breve) discusión epistemológica. Cientos de experimentos en las últimas dos décadas demuestran de modo palmario que los supuestos de comportamiento racional utilizados en la teoría tradicional no son realistas. Pero esto significa adoptar una postura epistemológica discutible: que el realismo de los supuestos es relevante para hacer teoría económica. Como todos sabemos, Friedman alguna vez respondió sin ambigüedades que no, argumentando que si una teoría tenía poder predictivo, poco importaba si estaba edificada sobre supuestos realistas o no. Por lo tanto, si adoptamos la postura de Milton, todo el enfoque BE es simplemente una pérdida mayúscula de tiempo, un recreo intelectual, una burla irrelevante a la economía usual.
Por supuesto, la idea de Friedman puede ser correcta si lo único que hiciera la teoría económica es intentar predecir. Pero por suerte para la profesión, eso no es así. Si midiéramos los resultados de los economistas de acuerdo a nuestra capacidad predictiva, hace rato que nos hubieran echado a patadas del concierto intelectual de las ciencias (y todo esto asumiendo que la economía debería estar invitada a ese teatro…). Los epistemólogos han dedicado libros enteros a esta discusión que disparó Friedman, así que no nos extenderemos más sobre ella, sobre todo porque la “revolución” BE ocurrió bastante después de que este autor propusiera su metodología positiva para la teoría económica.
¿Y qué ocurre hoy día con BE?
Bueno, es difícil saber qué sendero tomará la cosa, pero hay dos hechos que difícilmente se puedan discutir. Primero, que la teoría tradicional (en especial la dedicada a la teoría financiera), por la razón que fuere, no ha conseguido diagnosticar, prevenir o explicar satisfactoriamente episodios tan importantes como la crisis internacional reciente. Los ingenieros, los físicos, los biólogos y los médicos han desarrollado una teoría estandarizada cuyo estado del arte les permite identificar con seguridad qué es lo que hay que hacer para evitar grandes daños (o que es lo que no hay que hacer para que sucedan). Los ingenieros saben perfectamente cómo prevenir caídas de edificios, los físicos cómo prevenir peligros nucleares, los biólogos cómo prevenir desastres ecológicos y los médicos cómo prevenir epidemias. Los economistas, en cambio, no podemos prever siquiera las grandes crisis financieras.
Segundo, atenta la insuficiencia de teorías en su rol preventivo, predictivo y diagnóstico, muchos economistas pensaron que sería bueno repensar un poco la cosa desde los supuestos. ¿No es acaso evidente que inducir un modelo de crisis con agentes plenamente racionales resulta, por lo menos, difícil de explicar? ¿No es más eficaz suponer que un modelo que arroja un resultado irracional es una suma de interacciones entre individuos, algunos de ellos no tan racionales? ¿No puede un mayor grado de realismo en los supuestos darnos una pista para elaborar mejores modelos? Perdón por el arrojo de lo que voy a decir, pero siempre me pareció extravagante que las teorías económicas asumieran comportamientos que los individuos reales no pueden siquiera entender.
En este estado de cosas, y aun con sus enormes insuficiencias, BE es un soplo de aire fresco. No es un tormenta, ni lo puede ser, porque el cinturón protector de la teoría usual está demasiado fortalecido como para que las nuevas ideas penetren. Pensemos en las últimas famosas palabras de Blanchard dirigidas a un público que, por detrás del estrado desde el cual hablaba, veía acercarse por la ventana el meteorito de la crisis. “The state of macro is good”, dijo Blanchard, autoridad indudable de esto que llamo la teoría tradicional, allá por 2008. Casi un lustro después, los planes de consolidación fiscal (bueh… al menos cambió el nombre…) se basan en el mismo modelo macro que en aquel año mostraba “una saludable convergencia teórica”.
La introducción de la psicología en la economía es una buena noticia. Pero costará mucho que no la dejan esperando en el lobby por un lugar en el centro de las discusiones teóricas o empíricas. Muchos economistas, de variadas corrientes, han tendido a defender su magisterio para dejarlo impoluto del avance en otras ciencias sociales. Algunos porque las consideran “menores” frente al uso de herramental matemático en economía, otros porque creen que no es necesario recalar en categorías conceptuales a nivel individual. En ocasiones, como intentaré mostrar en próximas entradas, el análisis interdisciplinario puede ser algo más que una frase retórica.
Saludos,
EP
