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antes del Redrado-gate.
A pesar de haber desacelerado fuerte en 2009 (desde picos del 30% i.a. a menos del 10% i.a.), la inflación continuará siendo uno de los desafíos fundamentales del esquema macroeconómico. En este sentido, y más allá de la intervención al Indec, para el Gobierno sigue siendo un enigma cómo alcanzar tasas de inflación moderadas compatibles con un esquema de desarrollo, una posición fiscal expansiva y el sostenimiento del tipo de cambio real. Dado que no parece esperable que en 2010 cambien los incentivos macro, y con una fuerte recuperación del PIB (superior al 5% i.a.), la inflación sería superior a la de 2009.
Pasado lo peor de la crisis, el desempleo debería, al menos, recuperar el aumento de 2009. La fuerte recuperación del PIB, motorizada por una reactivación en actividades demandantes de empleo (como construcción y producción industrial), puede tranquilamente empujar el desempleo desde los actuales dos dígitos a un menos del 8% sobre finales del año próximo (consiste con la elasticidad empleo-producto de 2007/2008). En este contexto, aún con cierta aceleración en la inflación y estabilidad en los salarios reales el crecimiento del empleo y el plan de asignaciones familiares deberían tener un impacto positivo en la reducción de la pobreza e indigencia.
Con un dólar relativamente quieto, un proceso de salida de capitales no sólo detenido sino en reversión y con recuperación del PBI, es esperable que en 2010 las inversiones recuperen la fuerte contracción de 2009. Por un lado, la mayor estabilidad financiera y el sostenimiento en medio de la crisis en los precios de los inmuebles incentivan la inversión "en ladrillos". Por el otro, una fuerte recuperación de la demanda externa, en especial la brasileña, demandará de nuevas inversiones en el sector industrial, aunque allí todavía existe una amplia capacidad ociosa. Con el crecimiento esperado, la inversión debería expandirse por sobre el 10% i.a.
Aunque suene paradójico, posiblemente puede afirmarse que el mayor activo macroeconómico que presenta el Gobierno es el fuerte y sostenido proceso de desendeudamiento desde 2002/3. Pero a pesa de que las necesidades de financiamiento para 2010 no parecían excesivas, el conflicto iniciado en torno al Fondo del Bicentenario por u$s6.500 millones vuelven a poner en el centro de la escena la sostenibilidad de las cuentas públicas a nivel nacional y provincial. En este sentido, el Fondo indica que el Gobierno privilegiará el sesgo expansivo en la política fiscal por fuera de los requerimientos de ajuste (nacional y provincial) de los mercados voluntarios de deuda.