jueves, junio 30, 2011

Sueños oleaginosos


Hace rato que no escribo nada sobre el agro. Menos cerca del análisis de la coyuntura, los estudios de la estructura agroindustrial que vengo haciendo hace un par de años (que en breve deberían reflejarse en un documento de CEPAL) dan menos material para post. Sin embargo, una vez cada tanto uno se encuentra con una perlita que merece ser posteada.

Recordarán que en los álgidos días del segundo trimestre de 2008 estaba instalado el debate alrededor de la sojización, el avance del yuyo maldito que todo lo ocupaba (encontraran mucho sobre el tema aquí). La diatriba se organizaba alrededor de la idea de que la oleaginosa avanzaría hasta arrasar con la diversificación productiva y ambiental.

Mucho se habló oportunamente sobre las pobres dinámicas de sectores que competirían con la soja como la carne, la leche y el trigo o de la distribución de responsabilidades entre la soja y las políticas agropecuarias como para que valga la pena repetirlo aquí. Sin embargo, un reciente hallazgo me permite darle otra vueltilla de tuerca.

Como ustedes bien sabrán, el sector agroindustrial (aka agropecuario), experimentó en los últimos 30 años una transformación productiva y tecnológica que alteró radicalmente la forma de organización sectorial y que es la que permite explicar el fenomenal crecimiento de las cantidades producidas.

Esta transformación, que tuvo a la soja como principal actor, incluye cosas como el pasaje de una estructura integrada verticalmente a una organizada en forma de red, el crecimiento de la producción bajo arrendamiento, la difusión de la siembra directa y de la agricultura de precisión, de los cultivos genéticamente modificados, la profesionalización de la producción y el mayor uso de fertilizantes y agroquímicos, la feedlotización de la invernada vacuna, la tecnificación y concentración de la producción láctea, el desarrollo del polo de crushing y, más recientemente, de producción de biocombustibles, etc, etc, etc.

Dentro de estas transformaciones, a mi entender, una de las más relevantes fue el surgimiento de la soja de segunda. La soja de segunda, como su nombre lo indica, tiene la característica de poder ser producida con una segunda ocupación de la tierra en una misma campaña. Es decir, a diferencia de los cultivos tradicionales, que permiten una sola cosecha al año, la soja de segunda permite que la tierra sea utilizada dos veces en una misma campaña.

La soja de segunda en Argentina comienza a crecer desde fines de los ochenta, de la mano de la siembra directa y de la llegada de la soja resistente al glifosato. Sin entrar en detalles, ambas tecnologías permiten reducir los tiempos de labranza necesarios entre cultivos lo cual libera unos críticos 15/20 días de producción y dan tiempo suficiente para que crezca la soja.
El gráfico muestra la evolución de las hectáreas sembradas con soja de segunda desde los ochenta hasta principios del siglo XXI. Como puede observarse esta tecnología permitió correr la frontera productiva en unos 3 millones de hectáreas de crecimiento intensivo. Al estar necesariamente acompañado de otro cultivo (trigo, cebada, etc) coincidirán que difícilmente este tipo de soja tenga las propiedades arrasadoras asociadas al crecimiento del yuyo maldito.

Ahora bien, veamos la historia reciente de la soja de segunda en comparación con la de la soja de primera, que permite tan sólo un cultivo anual.

El gráfico muestra varias cosas interesantes. En primer lugar, notarán que en las cinco campañas entre las campañas 2003/04 y las 2007/08 no hubo crecimiento en las hectáreas destinadas a la soja de primera, con una siembra estable alrededor de las 11.5 millones de hectáreas. Es decir, durante esos cinco años no avanzó sobre otros cultivos.

En cambio, se observa un crecimiento de 2.2 millones de hectáreas destinadas a la producción de soja de segunda. Es decir que todo el crecimiento de la soja durante el periodo se produjo complementando y no sustituyendo a otros cultivos. Es bastante dificil hablar de "sojización" durante este periodo ¿No?

Ahora bien, muy distinto es el comportamiento de ambas series a partir de la campaña 2008/09. En primer lugar, se observa cómo, en tan sólo dos campañas, la hectáreas destinadas a la soja de primera se incrementan en 4.8 millones. No existe ningún bienio en los últimos cuarenta años con un crecimiento tan acelerado de la soja de primera. En simultáneo, las hectáreas destinadas a la soja de segunda se reducen en 3 millones de hectáreas.

Es decir, si hubo un proceso de sojización en la última década este empezó con la crisis del campo, que, entre otros tantos, planteaba como objetivo detener el avance de un proceso hasta entonces inexistente. Vea usted correlación si quiere, pero a mí la causalidad entre el diseño de las políticas agropecuarias poco felices desde 2007 y el avance de la soja que sustituye y no complementa me resulta evidente. Pocos ejemplos tan claros como este se me ocurre merezcan estar en los manuales de microeconomía básica.

Para quitarle las dudas que puedan quedarle vea el siguiente gráfico, con la evolución de los precios relativos de la soja en relación al trigo y al maíz. Las zonas sombradas representan la época de siembra de soja. Como puede verse no ha habido en el pasado reciente ninguna señal de precios favorable a la soja que justifique tamaño movimiento e incluso se observa en la campaña 2006/07 y en la última movimientos que perjudican a la soja en beneficio del trigo y el maíz.

Así las coas. Si hay algo en la sojización del agro que no les gusta, ya saben a quien llamar.

Atte

Luciano

jueves, junio 09, 2011

Calma Chicha

Hace un trimestre, cuando todavía posteabamos de modo regular, nos preguntábamos cuál de los tres escenarios enfrentaría la macroeconomía argentina en el futuro cercano. (a) Un aterrizaje suave y elegante, con crecimiento convergiendo hacia algo sostenible e inflación en baja, (b) un proceso de bajo crecimiento e inflación inducido por la sobreapreciación del peso y/o un aumento de los salarios reales hasta el punto en que se vuelven recesivos o (c) una crisis de balance de pagos resultado de la cada vez menos alentadora posición de la cuenta corriente y de la salida de capitales.

La dinámica que finalmente se produzca, decíamos en aquel entonces, dependerá crucialmente de los impactos mutuos que existen entre las distintas variables macro (y de sus tiempos y elasticidades). ¿Qué apreciación se banca el nivel de actividad? ¿y la cuenta corriente? ¿A partir de qué punto la inflación empezará a afectar el ritmo de crecimiento? ¿Cuánto se acelera/desacelera la inflación con crecimiento de la actividad? ¿Cómo depende todo esto de las decisiones de política macroeconómica? El trabajo del economista es, justamente, trazar todas esas flechitas uniendo variables, tratando de encontrar relaciones de causa y efecto y, dentro de los posible, cuantificarlos.

Dicho esto. ¿Qué está mostrando la dinámica macro hoy?

En primer lugar tenemos lo que se observa en el siguiente gráfico. Utilizando los datos de inflación de Chubut, Jujuy, Rio Negro, Neuquén, San Luis y Tierra del Fuego (creo que perdimos La Pampa, que desde hace unos meses tiene movimientos algo sospechosos) construimos, en una versión simplificada del indicador que presentáramos acá, un índice de inflación “Núcleo”.

Al eliminar la volátil influencia de alimentos y bebidas, una serie de estas características refleja mejor el proceso de “inflación subyacente” que el Nivel General. Lo ideal sería también eliminar precios administrados, pero, por un lado, no están fácilmente disponibles y, por otro, son poco comparables entre provincias.
El dato más interesante del gráfico anterior es que la inflación núcleo parece haberse estabilizado en un 24% anual desde mediados del año pasado. Noten que este indicador no presenta la caída de casi cuatro puntos en la tasa de inflación que se ve en el nivel general, con un máximo a un 27/28% interanual, que se explica por el comienzo de reversión del shock negativo que hace un año sufrieron las carnes.

La pregunta relevante aquí es ¿Qué está pasando con el proceso inflacionario? ¿Por qué se habría estabilizado?*

Mi primera aproximación es que la economía está experimentando un evidente (y agrego saludable) proceso de desaceleración en su ritmo de crecimiento que llevó el 9/10% del fines de 2010 a algo más cercano al 6% en el segundo trimestre. Quienes, como este servidor, creen que hay alguna relación entre el ritmo de crecimiento “en exceso” de un país y la aceleración de la tasa de inflación verán en esto una fuente de contención de la inflación.

Vean el siguiente gráfico donde se compara, alternativamente, el crecimiento de la actividad** (y en punteado el exceso del arbitrario crecimiento de largo plazo de 4.5%) y la inflación núcleo. Vea usted si quiere correlación, pero a mí me cuesta no ver causalidad.
Es decir, en una primera versión podríamos decir que la inflación es relativamente bien capturada por algo así como “Infla hoy = Infla ayer + alpha * (crecimiento -4.5%)*** que no es otra cosa que lo que Lucas planteara en este post . Sin embargo, el problema es que, así planteado, la reducción del crecimiento “en exceso” no alcanza para explicar la estabilización del proceso inflacionario. 6% sigue siendo mayor a 4%/4.5% y la inflación no debería estabilizarse sino seguir creciendo a un ritmo más lento.

Lo que nos falta se ve en el siguiente gráfico.


Es decir, el resto del trabajo sucio lo está haciendo la apreciación del tipo de cambio real. Moviendose en un entorno relativamente estable alrededor de los mínimos durante la crisis financiera, el TCR podría estar, según esta simple interpretación, afectando positivamente la dinámica inflacionaria, de la misma forma que la aceleración del 2009 puede ser leída como la respuesta nominal al intento de llevar esa variable a los valores pre crisis.

Entonces, tendríamos que: “Infla hoy = Infla ayer + alpha * (crecimiento -4.5%) + beta * “shocks de oferta”...

...donde dejamos para este “shock de oferta” los movimientos varios que puede experimentar la curva de oferta incluidos los cambios en el Tipo de Cambio Real, la intensificación de la puja distributiva, los cambios en las expectativas, etc. Hete aquí, en su versión más simplificada, el modelo de inflación que este servidor tiene un su mente****.

En conclusión, si esta interpretación es correcta, lo que tendríamos es que el movimiento horizontal que la inflación muestra hace un año podría sería el resultado de una presión de demanda que, cada vez menos fuerte, es compensada por la apreciación del tipo de cambio real. Esta dinámica invita a ilusionarse con que, si el sector externo nos da algo de tiempo, tal vez el escenario de soft landing no sea tan improbable como insinuaba en este post.

El riesgo, claro, es que la desaceleración no se frene en 4.5% y/o que durante el proceso de desaceleración al balance de pagos se le ocurra darnos alguna mala noticia, pero ese es otro tema que dejamos para otro post para cerrar este en tono optimista.

Atte

Luciano

*Me pregunto, dicho sea de paso, cuál será la explicación del CENDA y/o de quienes tienen una explicación estructural de la inflación.
**La serie de crecimiento es el IGA de Orlando Ferreres
***Vale aclarar que ese 4.5% no es otra cosa que un intento de capturar el “output gap” y que será bastante más alto en contextos recesivos. Es tan sólo una aproximación generosa al Crecimiento de largo plazo.
****Noten que es un modelo estrictamente real aka. "no monetario".

lunes, mayo 16, 2011

Déjà vu, Déjà vécu… Dejá BrazúK

Segunda apostilla en ESC de Aia Ray, nuestra amiga entendida en temillas de Comercio Exterior, que aquí nos desburra nuevamente sobre la situación comercial Brasiloargentina.

Déjà vu, Déjà vécu… Dejá BrazúK - Por Aia Ray

Una vez más abrimos el diario y leemos sobre una guerra comercial con Brasil.Una vez más escuchamos sobre represalias comerciales, enfrentamientos y sobre una pelea desigual contra nuestro mayor socio comercial. Una vez más nos adentramos en una nube de caos y confusión que parece tener un solo mensaje nítido: “guerra comercial con Brasil”=”Argentina pierde”.

Si bien nadie podría dudar de la veracidad de la igualdad precedente, sí podemos dudar de la existencia de una guerra comercial con nuestro principal socio. En efecto, según mi humilde entender, no sólo no existe tal guerra, sino siquiera una batalla. Es sólo un poco más de la misma película que ya hemos visto varias veces, esa que se llama “La mentira del Mercado Común del Sur que nunca fue siquiera una Zona de Libre Comercio”.

¿Por qué digo que no es una guerra? Lo que hemos visto en estos días no es una represalia como tal en tanto Brasil tan sólo incluyó algunos productos más al régimen de licencias no automáticas (LNA) que aplica a muchos bienes.

El sistema de LNA, a diferencia de otras medidas comerciales, es de carácter universal, es decir que NO discrimina según el origen. Todos los productos alcanzados por esta medida requieren de una certificación previa, sin importar el país de su procedencia. A mi entender, las represalias deben estar dirigidas a un país específico e implicar una verdadera traba al ingreso de los productos, como lo fue el año pasado el caso con China, cuando se dejó de comprar específicamente aceite de soja argentino.

Este mecanismo de LNA, aceptado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), implica que los productos precisan de un trámite previo para poder ingresar al país. Se trata de una barrera no arancelaria, que hace más lenta la importación de estos bienes, la desalienta, pero en ningún caso significa una prohibición. A partir de la aplicación de las LNA, los productos podrán demorarse hasta un plazo máximo de 60 días (es decir, puede ser menos).

Y entonces ¿Por qué la disconformidad de Argentina? El eje de la queja está en que las autoridades locales no fueron avisadas con antelación. En efecto, en un período en que se intenta realizar un esfuerzo conjunto para monitorear el comercio bilateral, con comisiones específicas de seguimiento y monitoreo del intercambio bilateral que tratan los casos que pudieran llegar a afectar el comercio con nuestros socios del MERCOSUR, parece un paso en falso para el desarrollo sólido del mismo.

Pero entonces ¿Brasil no tiene razones para quejarse? Sí, muchas. Sin embargo, sus quejas no surgen no por la aplicación o extensión de nuestro régimen de LNA. En efecto, mientras Argentina aplica LNA al 13% de los productos comercializados, Brasil lo hace a casi el 40%. La disconformidad de Brasil surge por la demora en la entrega de certificados, que en muchos casos se extiende a más de 60 días.

No obstante, no es sólo eso. El mayor problema para Brasil, son el resto de las medidas no formales que aplica la Argentina. En el cuadro a continuación, se puede observar diverso tipo de medidas, entre las cuales, las últimas tres son medidas no formales y no permitidas entre las normas de comercio internacional (Click para agrandar).


Por ello, no hay que confundir las licencias no automáticas con el resto de medidas que se aplican. Las LNA tienen diversas funciones, entre las que se encuentra el monitoreo del comercio que pudiera ser desleal, pero es una medida lícita en el sentido que tiene reglas que se rige por normas internacionales, que es predecible y manejable. No es el caso de medidas tales como la de “importás si exportás”, que lleva a situaciones irrisorias como la de empresas automotrices comprometiéndose a exportar vinos, aceitunas o lo que fuere.

Es éste último tipo de medidas el que afecta profundamente al comercio con nuestros pares. Sin embargo, no sólo nuestros socios se ven perjudicados, sino también los diversos actores económicos locales. Cuando las medidas no están sujetas a ninguna regla, se genera incertidumbre y desaliento que sólo redunda en desinversión y freno al crecimiento.

En conclusión, lo que estamos viviendo no es una guerra comercial, sino simplemente países aplicando medidas según su conveniencia sin importar los esfuerzos conjuntos previos para el llevar adelante el monitoreo bilateral y evitar disconformidades entre los sectores económicos locales. Peor aún, siendo indiferentes a los compromisos asumidos bajo el ala del Mercorsur, ambos países están poniendo en jaque el desarrollo y la verdadera conformación del bloque.

Autor: Aia Ray

miércoles, mayo 11, 2011

Time is up, Lucas

Uno de los debates más viejos de la BEA se centra en determinar cuales son los causales del proceso inflacionario que experimenta el país en la actualidad. Hemos escrito mucho sobre este tema en ESC. Una de las líneas que habíamos explorado, no es nuestra sino que fue planteada por el profesor emérito de la BEA, Lucas Llach en múltiples oportunidades.

Rollo siempre defendió la explicación cambiaria de la inflación argentina. La hipótesis fundamental de esta tesis es que el nivel de los precios en Argentina, cuando se miden en dólares, debe ser consistente con el diferencial de productividades entre la economía nacional y la de los EEUU: dado que los del norte son más productivos que nosotros, los precios en USD de nuestro país deben ser más bajos que los de ellos.

¿Todos los precios?. Pues no, ya que una parte de los precios que componen la canasta del consumidor es transables y su precio tiende a determinarse en el mercado internacional, por lo que ese diferencial debería concentrarse fundamentalmente, en el precios de las “cosas” que no compiten con el mercado exterior. En castellano, si bien la Coca Cola debería tender a valer lo mismo en ambos países, lo mismo no tiene por que ser cierto para los peluqueros.

Esta versión de Lucas no es más que una variante del criterio de Paridad del Poder Adquisitivo, pero formulada de tal modo que corrije por el efecto de los precios no transables antes mencionado (efecto llamado Harrod-Balassa-Samuelson). Así el pecado original de la política cambiaria fue mantener el tipo de cambio real muy por encima del valor de equilibrio consistente con el diferencial de productividades en 2003.

Martín Uribe intenta una explicación similar. Si existe un desquilibrio en el precio relativo transables-no transables (eso es el tipo de cambio real), en el cuál el TCR esta muy alto respecto del equilibrio, la política de fijación cambiaria implica que la convergencia de ese precio relativo al equilibrio será casi exclusivamente por la vía de aumentos en los precios no transables, es decir, vía inflación doméstica.

Hasta aquí no hemos dicho nada nuevo. Sabido es que tengo varios problemas con esta teoría de la inflación. Alguna vez dije: “esta "teoría" que no me dice el como, el cuando, el porque ni el donde me suena a poco”. El enigmático amigo de Olivera y Levy-Yeyati, Segundo Campos, lo dijo con un poco más de academia encima: “Mi argumento, entonces, es que como tenés esencialmente indeterminado el cierre nominal, un mismo cambio de precios relativos puede ocurrir a muy diferentes tasas de inflación. Eso es lo que tiende a explicar el alza sostenida de la tasa de inflación, y sugiere que el equilibrio inflacionario con el que estamos funcionando es potencialmente inestable”.

Que básicamente vendría a ser lo que nosotros pataleabamos por acá para pelear con Lucas: esta teoría de la inflación me dice, en términos del Profesor Julio H. Olivera, cuál es el impulso inicial de la inflación, pero deja “muy en el aire” la velocidad a la cual el mismo se va a propagar.

Respecto de esto último, vale advertir que el gas de esta explicación de la inflación esta llegando a su fin. Recordando unas cuentas hechas hace un año, calculamos cual es el TCR "de equilibrio" consistente con la Paridad de Poder Adquisitivo, pero corregido por el mencionado efecto Harrod-Balassa-Samuelson. El resultado de esta versión actualizada y mejorada* de nuestra estimación de un año atrás nos muestra varias cosas interesantes:
Primero, al tomar las nuevas bases de datos de la PWT, se sostiene que el nivel de apreciación real durante la convertibilidad era de aproximadamente un 40%, atraso cambiario que duró nada menos que 10 años. Notemos además que la devaluación de Brasil en 1999 agudizó este desequilibrio llevando el nivel de atraso a más del 50%. Doom to failure.

Segundo, la diferencia entre el TCR observado y el corregido era de 22% en 2007, frente al 7,2% que habíamos estimado en aquella oportunidad. El punto central aquí es que probablemente ese sea el último año en el que podemos hablar de "TCR competitivo" con un nivel de depreciación superior al 20%. Desde es año, la apreciación se acelera marcadamente y cae a solamente el +5% en 2009.

Tomando ambas observaciones, es inevitable la pregunta, ¿estamos caros en USD?. Lo más importante de mencionar de acuerdo a nuestros numerillos, es que con un crecimiento del PIB por habitante del 7% en 2010, el TCR de equilibrio se apreció “solamente” un 1,4%. Nuestro amigo Natalio nos cuenta que el TCR efectivo cayó un 17,3% por lo que el año pasado finalizó con un TCR por debajo de su valor de equilibrio entre un 5% y un 10%.

Ahora bien, ¿es grave la situación actual?.

Si no consideramos la película como lo más preocupante en Argentina y comparamos la foto con lo que vemos en el resto de la región se observa que la situación actual no parece ser particularmente grave: salvo en el caso del siempre “consistente” manejo cambiario de Perú, el nivel de apreciación supera el 20% en todos los casos y en algunos, lo supera largamente (Brasil, Uruguay, Venezuela). Sin embargo, la velocidad a la cual transita el ritmo de apreciación nos llevaría a estar en el nivel de Chile-Colombia con solo una paritaria más del 20%.
En definitiva, si todo lo anterior es cierto hoy ya no existen los trabajadores argen-chinos, sino más bien todo lo contrario, y en moneda internacional el trabajo argento se volvió caro (esto también implica que si la hipótesis de la inflación cambiaria es cierta, el nivel de desempleo de 7-8% es consistente con el pleno empleo en el mercado de trabajo).

Las buenas nuevas son que estando cerca del equilibrio, el impulso inicial è morto, y solo quedan los mecanismos de propagación donde todos corren como locos para pujar en el ajuste de sus precios, aunque ya nadie sabe ni como ni cuando empezó todo esto. Es decir, si Lucas tiene razón, la medicina para el actual proceso inflacionario debería ser nada más y nada menos, que alguien diga hasta acá llegamos y que el resto se discipline.

Este post se esta haciendo largo. En su momento ELY, Elemaco, Olivera y varios más nos explicaron sus problemas con esta tesis de la inflación. Lo importante aquí, es igualmente, prestar atención al frente externo y a la creación de empleo.

Si la teoría Llach es cierta, el actual nivel de tipo de cambio, no solo no importa inflación, sino que es importadora de deflación en el modo de un boom de importaciones. Además, como dijimos, el trabajo argentino es crecientemente más caro en dólares, y cada vez más, por encima de su productividad relativa y eso nunca puede ser bueno para la creación de nuevos puestos de trabajo.

Pero estas dos últimas cuestiones serán espacio de futuras elaboraciones.

Saludos,
Juan

* Al TCR de equilibrio lo ajustamos por Harrod-Balassa-Samuelson y también por términos de intercambio, ya que para economías como la nuestra, nos parece que esta variable es clave.

Inflación verdadera 2

Actualizando el indicador que mostrara hace un año a partir del obsesivo y nunca bien ponderado excel de gastos familiares, e incorporando una serie con el otro bien que puedo medir homogéneamente en el tiempo, la "Inflación Verdadera-Elemaco" da algo así:

Lo malo: Los precios se multiplicaron por 2.7 en cinco años

Lo bueno: Los precios relativos quedaron igualitos, con lo cual la inflación no tiene porque haber distorsionado ninguna decisión...

Así las cosas. Seguimos con la programación habitual de ESC.

L

PD: Increiblemente, el aumento acumulado de ambas series está muy cerca del 2.8 del periodo que registra Natalio en su IPC-CqP

martes, mayo 10, 2011

It. El regreso del payaso maldito

No voy a negar que mi primera aproximación a la propuesta de Juan Cabandie de prohibir la venta de Cajitas Felices que mezclen hamburguesas con juguetitos fue tomármelo por el lado de la chacota (y ya que estoy en tren de confianza, admitir también que fue mi segunda y tercera aproximación). Sin embargo, el notar que no compartía la opinión con Lucas Llach (quien, no tengo vergüenza de admitir, logra convencerme de casi todo. Y ruego no buscar dobles sentidos en esta afirmación), me obligó a pensarlo un poco más en detalle.

Mi primera impresión es que Cabandié busca con esta propuesta replicar el debate mediático que también se está dando en lugares como San Francisco , Nueva York y Santa Clara, California . Allí también, y en medio de debates bastante acalorados, las autoridades prohibieron o buscan prohibir la combinación de juguetitos con alimentos que no cubrieran estándares nutricionales mínimos. Este punto en sí mismo, sin embargo, es un no argumento para criticar, no sólo porque no es mi rol juzgar intenciones, sino porque, si la medida es buena, bienvenido sea el debate mediático.

De todas maneras, no me resulta obvio que la situación que da origen al debate en los Estados Unidos sea similar a la que vivimos en Argentina. Allí, a tan solo U$D 3 en un país con un nivel de salarios varias veces superior al nuestro y problemas epidémicos de obesidad infantil, la cajita feliz es un bien de consumo masivo. Aquí, en cambio, a casi $30, el consumo frecuente de cajitas felices es casi casi un bien de lujo. La pregunta que dejo abierta, y para la cual no tengo una respuesta, es ¿Hay en el país un exceso de consumo de cajitas felices en los niños?

Supongamos que si y que hay un problema de salud pública que merece una regulación. ¿Es la regulación propuesta una que cumple con sus objetivos y tiene un “resultado social” positivo? Aquí algunos apuntes de microeconomía básica.

El punto de partida es diagnosticar que, al no incorporar el daño que genera el consumo de cajitas felices de sus hijos a la sociedad, los padres brindan un mayor nivel de hamburguesas chatarras del socialmente óptimo. La fuente de daño social puede ser variada y va desde una “menor productividad social” del niño que en su adultez será gordo al impacto que la mayor incidencia de gordura generará sobre los costos de la salud pública.

Ahora bien, al dirigir la regulación al marketing, el supuesto subyacente es que está “sobredemanda” de cajitas se da porque la combinación de hamburguesa con juguetito altera las preferencias de los niños (y de los padres) y los hace comprar más de lo que comprarían si no existiera el pack feliz.

Ahora bien, ¿Cómo se reparten los costos y beneficios sociales de una prohibición lisa y llana de la cajita feliz?

En primer lugar tendremos el impacto positivo. Tendremos niños (y luego padres) que, sin juguetito, ya no querrán comer comida chatarra en McDonalds. Menos consumo de hamburguesas, menos diabetes, sociedad más feliz. Sin embargo, el “resultado social neto” dependerá de que este beneficio sea mayor a dos costos que se derivan de la regulación. En primer lugar, habrá niños que seguirán queriendo comprar hamburguesas pero ya no tendrán su juguetito (lo cual, convengamos, es malo). En segundo lugar, habrá niños que ya no comprarán hamburguesas pero las sustituirán por cosas igual de perniciosas o peores (por ejemplo, un chori de un carrito en costanera).

Si son más los niños que abandonan la hamburguesa y lo reemplazan por comida más saludable en relación a los que siguen comiendo sin su juguetito, el beneficio total será positivo. Caso contrario, la regulación nos deja peor que antes. Es decir, y para ponerlo de forma bien inentendible, que el resultado final de la medida dependerá de la elasticidad de la demanda de las hamburguesas de McDonalds y de sus sustitutos en relación al juguetito de la cajita feliz. Todo bastante técnico, pero no por ello menos cierto.

Ahora bien, para que no sean todas pálidas. ¿Cómo diseñar una regulación que tenga los impactos positivos de la medida (que haya menos nenes comiendo las hamburguesas) y no los negativos (que haya otros que se queden sin juguetito)? La clave es que, en vez de apuntar a disminuir el set de opciones de los padres (esto es, prohibir la cajita) hay que aumentarlo buscando, a la vez, eliminar el impacto que el marketing tiene sobre las preferencias de los niños.

¿Y cómo se logra esto?

Simple. En vez de prohibir la cajita feliz, lo que hay que hacer es obligar a McDonalds a que, si quiere tener un pack Cajita Feliz, tiene que ofrecer compulsivamente y por separado los juguetes y las hamburguesas. De esta manera se logra que el padre que compraría igual hamburguesas sin juguetito pueda darle un juguetito a su hijo y que el padre que compraba la hamburguesa solo por el juguetito pueda satisfacer su deseo y salir del local para alimentar a su hijo en la cadena de comida naturista más cercana.

Es decir, el secreto de la regulación no es acotar el set de opciones de los padres. No es que el Estado te prohíba lo malo sino, en cambio, que te corrija incentivos y agregue oportunidades para que, solitos, padres e hijos elijan opciones socialmente mejores.

Voila. Todos ganan (menos Arcos Dorados, claro)

Atte

Luciano

PD: Nada de esto hubiera sido posible sin el invaluable aporte de mi amigo personal @fgrinberg. SiganloN en twitter, que no los va a defraudar.

lunes, mayo 02, 2011

Esas extrañas CENDAs inflacionaria

La gente del CENDA expuso, en una nota en Página 12, su versión del proceso inflacionario en Argentina. En pocas palabras, el argumento es que la inflación es el resultado no del desmanejo de la política macroeconomía sino, en cambio, de la combinación de inflación importada montada sobre una puja distributiva que la propaga.

A mi entender, el talón de Aquiles de esta hipótesis es su debilidad para contestar la simple pregunta de por qué no se observan procesos similiares en otras partes del mundo. La explicación del CENDA es que “somos un país especial”, particularmente expuesto a los shocks internacionales en las commodities. En las palabras del propio CENDA, un punto crítico de la hipótesis es que:

“Una de las especificidades de la economía argentina radica en que los bienes transables ocupan un lugar preponderante en la canasta de consumo de la clase trabajadora.”

Si esto efectivamente fuera así, no es extraño pensar que una parte importante de nuestro proceso inflacionario es importado. Ahora bien, espero con este post convencerlos de algo bastante simple. No alcanza con que una hipótesis sea consistente para que sea cierta. También tiene que ser cierta, y la del CENDA no lo es.

El amague

Argentina se ubica, en línea con la hipótesis de especificidad del caso local, entre los mayores productores y exportadores globales de alimentos. Su especificidad parte no tanto de que produzcamos mucha comida, sino de que lo hacemos en un contexto de baja población. La producción de China, Brasil o Estados Unidos es entre 7 y 10 veces la nuestra, pero tienen muchas más bocas que alimentar, con lo cual el excedente es menor.

El siguiente gráfico* muestra la evolución de la producción de alimentos Argentina desde 1962 hasta 2007 expresado en tres unidades: (a) kilocalorías producidas por habitante por día (b) gramos de proteína p/hab/día y (c) gramos de grasa p/hab/día. Tras un sostenido proceso de crecimiento, las 11.500 kilocalorías de producción de 2006/07 nos ubican en un cómodo primer lugar, lejos del Brasil, el segundo, con 6.600 kcal y mucho más lejos del promedio mundial de 2.400**.

Argentina se encuentra también entre los países que mayor porcentaje de su producción de alimentos destina al mercado externo. El 72%, el 84% y el 41% de las calorías, de las grasas y de la proteína producida, respectivamente, se exporta al mundo***. Sin ser los primeros, este ratio nos ubica en el top 10, superados, entre los grandes sólo por Malasia y Holanda, y cerquita de Dinamarca y Nueva Zelanda. En todo caso (algo menos en el caso de las proteínas) Argentina se ubica lejos, del promedio de 28%, 19% y 28% respectivamente para el resto del mundo.
Es decir, que, a priori parecería ser cierto que somos especiales. Producimos y exportamos muchos alimentos. Si el post terminara aquí, no podría más que sucumbir a la abrumadora evidencia de que somos especiales, pero no…..

La estocada

Sin embargo, habrán notado que, de acuerdo a la afirmación del CENDA, la particularidad Argentina no está en la transabilidad de su producción sino, en cambio, en la de su canasta de consumo. ¿Qué pasa cuando pasamos de una perspectiva a la otra?

El siguiente gráfico muestra la composición de la canasta alimenticia argentina medida en calorías, proteínas y grasas. FAO cuenta con información para unos 75 grupos de alimentos, donde se destacan los derivados del trigo, los azucares, la carne de vaca y de pollo, el aceite de girasol, el maíz, arroz, las papas, etc.

Así, por ejemplo, el aceite de soja, la gran estrella en la canasta de exportación, representa tan sólo el 2% del aporte calórico, el 6% del aporte de grasas y menos del 1% del aporte de proteínas. (Click para agrandar)

Ahora bien, que pasa si replicamos el ejercicio previo y medimos el porcentaje de producción exportada pero esta vez ponderando por el peso de cada producto en la canasta alimenticia de cada país. Los resultados, ponderando por las kilocalorías, se presentan en el siguiente gráfico (los de proteínas y grasas, que están en el Excel, muestran resultados similares)

Argentina pasa del top 10 a estar en un cómodo puesto 34. Es decir, hay, de los 141 países de la muestra, 33 con una canasta de alimentos más exportable que la nuestra****. El 43% de tasa de exportación de la canasta argentina lo ubica cerca del promedio de 34%, aunque aún bastante por encima de la mediana de 14%

Coincidirán conmigo en que, si somos especiales en algo, los especiales somos varios ¿no?

Finish him!

Sin embargo, esta es sólo la mitad de la historia. Habrá notado el lector que hasta este punto del post he usado indistintamente “exportable” como sinónimo de “transable”. Ahora bien, recordando que la definición de bien transable es algo así como “todo bien susceptible de ser comerciado internacionalmente” salta a la vista que nos está faltando un elemento fundamental: los compradores.

¿Qué economía tiene una canasta más transable? ¿Cuál está más expuesta a un shock internacional? ¿Una que exporta el 50% de su producción de alimentos o una que tiene que importar el 50% de lo que consume?

Incorporando esta simple y elemental afirmación al ejercicio previa llegamos a una historia completamente distinta. El siguiente gráfico incorpora al anterior la tasa de importación de cada producto alimenticio. Es decir, para cada uno de los alrededor de 75 productos alimenticios, calculo un coeficiente de apertura considerando tanto exportaciones como importaciones (versión techie aquí) y lo que se obtiene es lo siguiente

Argentina pasa, con un indicador de apertura de 44%, del puesto 34 al puesto 76, por debajo del promedio mundial de 57% y muy cerca de la mediana de 45%.
Es decir, no sólo Argentina no es especial y no tiene una de las canastas de consumo más transables del planeta sino que, en cambio, tiene una de las canastas de consumo más comunes. Está ahí, justito en el medio. Ni muy muy, ni tan tan

Entonces, en conclusión, la pregunta es, si nuestra canasta de consumo es tan transable como la más común de las canastas ¿Qué queda de una teoría de inflación que requiere que seamos especiales?

Dicho esto, me despido, no sin antes desearles a todos una muy buena semana

Atte

Luciano

martes, abril 26, 2011

Caradurismo pseudo-progre

Los firmantes Carlos Heller y Martin Sabbatella, seguidos por un sequito de cínicos oportunistas, presentaron un proyecto “Asignación Única por Trabajos y Obras en Reconocimiento a Escritores “(AUTOREs), para otorgar a los trabajadores de las letras una pensión de privilegio equivalente a tres jubilaciones mínimas.
Los requisitos para percibir este subsidio del Estado, cuyo monto hoy asciende a $5.520 (puede ver acá de que rango de la distribución del ingreso estamos hablando), son, según el proyecto, los siguientes:
Artículo 7º.- Requisitos. Para obtener la asignación establecida (...):
a) Ser argentino, (..)
b) Tener una edad mínima de sesenta y cinco (65) años.
c) Acreditar una trayectoria pública y constante en la creación literaria no inferior a veinte (20) años o haber publicado cinco (5) libros de creación propia o diez (10) incluyendo coautoría artística (…).
d) Haber realizado, como mínimo, aportes por quince (15) años, de manera continua o alternada, al Sistema Único de la Seguridad Social (SUSS).
e) Todo otro requisito que establezca la autoridad de aplicación por vía reglamentaria.
Artículo 8º.- Los escritores literarios que pretendan adherir al régimen creado por la presente ley y que al momento de solicitar el beneficio no cumplan con el requisito establecido por el inciso d) del artículo anterior, podrán adherirse al régimen de regularización de deudas en las condiciones previstas por la Ley 24.476 y artículo 6º de la Ley 25.994 (…).
Artículo 9º.- Incapacidad. Aquellos escritores literarios que se encuentren afectados por una incapacidad permanente e irreversible, pueden acceder sin límite de edad (…) cumpliendo los siguientes requisitos:
a) Acreditar una trayectoria pública y constante en la actividad no inferior a diez (10) años.
b) Cumplir con los demás requisitos establecidos en el artículo 7º de esta ley, reduciendo las cantidades allí expresadas en forma proporcional a los años de trayectoria.
c) Presentar certificado de discapacidad emitido por autoridad competente.
Artículo 10º.- Casos especiales. En caso de que el solicitante de la asignación no cumplimentare estrictamente con los requisitos previstos en el artículo 7º inciso c) de la presente ley, la Comisión de Evaluación puede considerar otros méritos o antecedentes que acrediten, que por su trascendencia, importancia o distinción lo hagan destacado o notable.
Es decir, si escribiste cinco libros el Estado te regala $5.520 por mes (noten que son cinco libros escritos, sin ninguna referencia, por ejemplo, a los libros vendidos). Si no hiciste aportes no importa, pagas la moratoria, y si no escribiste cinco libros tampoco importa, porque una comisión de evaluación va a analizar si son un notable y te mereces $5.520.
¿Con qué cara estos cínicos salen a pedir que les den 3 jubilaciones mínimas de privilegio? ¿Espero que no con la misma con la que hablaran de justicia social?¿Qué hace a los escritores más merecedores de una jubilación que cualquier otro mortal? ¿Por qué tres y no dos, cuatro o una? ¿Su umbral de dignidad mínimo es más alto que el del resto de los Argentinos?
En mi barrio a esto se le llama repartir prevendas con erario público para comprar voluntades, pero claro, después se escribirán impolutos artículos sobre la victoria de la "batalla cultural".
Cararotas

miércoles, abril 20, 2011

¿Cuál es el modelo económico K?

Ayer estuve en el panel de la gente del BASE con la ambiciosa propuesta de tema ¿Cual es el modelo económico K? ¿Qué implica profundizarlo? ¿Cuáles son sus alcances y límites? En líneas generales, mi respuesta fue algo así.

En primer lugar, creo que hay que diferenciar entre lo que es definir el modelo macroeconómico y uno “microeconómico”,

Sobre el macroeconómico hemos escrito largo y tendido. Hace algunos años, gastábamos tinta en discutir virtudes, riesgos y defectos de lo que decía ser un modelo de Tipo de Cambio Real Alto y Estable - el famoso TCRAE-. Hoy en 2011, cuando sabemos que, si alguna vez lo fue, ya no lo es, se pone en evidencia que el único rasgo común que caracteriza horizontalmente al todo periodo es la expansividad permanente de las políticas macro complementada con una flotación bastante fija del Dólar. Hasta donde nos trajo y hacia donde nos llevaría este esquema de pisar a fondo con dólar quieto lo hemos escrito en otros lugares con el corolario general de que que si esto efectivamente es el modelo macro, entonces su profundización no puede sino traernos problemas a futuro.

Ahora bien ¿Cuál es el modelo “microeconómico” K?

En lo microeconómico es más fácil identificar un patrón de comportamiento común que define un “Modelo K”. El rasgo distintivo es su definición por la negativa, el caracter de “contrareforma” de toda la década. Bajo todo punto de vista, y con ejemplos que abundan y se acumulan, el actual es un periodo de reversión del proceso de reformas estructurales de la década del noventa.

En una lista no exhaustiva, puede mencionarse (a) la estatización de las AFJPs (b) la de Aguas, el correo o Aerolineas entre otros o la reciente decisión de incrementar los directores de la ANSES en firmas privadas (c) la temprana (aunque parcial) contra-reforma laboral, con el regreso de las paritarias y la reutilización del SMVM (d) el regreso de los controles de precios frente o el remplazo de mecanismos relativamente automático de determinación de precios (como en el caso de la energía eléctrica) por otros discrecionales como la distribución de subsidios (e) la reversión del proceso de apertura comercial (tanto del frente multilateral como en el Mercosur) con variadas políticas de trabas de importaciones y exportaciones (licencias no automáticas, cuotas de exportación, match importaciones-exportaciones, trabas informales, etc) (f) regulaciones a la entrada y salida de capitales (g) las retenciones (aunque hubo en general pocos cambios a reforma tributaria de los noventa) (h) …

…puedo seguir, aunque imagino que, si llegó hasta acá, estará rogando que no lo haga.

Ahora bien, mientras es más o menos fácil definir el modelo K como lo que no es, como una “contra-reforma”, es más difícil definirlo por la positiva, por lo que sí es. Y esto es así simplemente porque mientras “no intervención del Estado” significa una sola cosa, política activa significa muchas. Si los noventa eran 5 está claro que esto es no 5, pero no está claro, en cambio, si es 6, 7 u 8.

Entonces ¿Cuál es el tipo de política activa implícita en el “modelo K”?

Existe una biblioteca entera que explica (y a mi humilde entender, bastante convincentemente) lo importante que puede ser el Estado para guiar el desarrollo, para fomentar la innovación, el emprendedurismo, la innovación. Conocemos las historias exitosas del sudeste asiático, el “Pateando la escalera” de Ha Joon Chang y sabemos que, con un buen diseño de políticas, el Estado puede ser un complementador (o mejor, un catalizador) de la actividad privada.

Ahora bien, existe también otra biblioteca, igual de grande que la anterior, que cuenta como el Estado puede ser también un palo en la rueda en el camino del desarrollo, con artículos clásicos como el de Evans sobre “el Estado como problema y como solución” u otros que fueron parte de la “contra-revolución” neoclásica, como el de Anne Krueguer, que defienden la idea (a mi humilde entender, también bastante convincentemente) de que, mal diseñada, las políticas públicas generan problemas de agencia, de rent-seeking, de captura del regulador, que frenan el desarrollo con un Estado que no busca complementar sino sustituir a la actividad privada.

Es decir, por cada historia de éxito hay una de fracaso, en un debate aún no saldado con una respuesta que, posiblemente, oscilará entre ambos extremos.

Entonces la pregunta siguiente, una vez que sabemos que el modelo K es uno de intervención activa, es ¿El gobierno (no el estado en abstracto, sino el gobierno, que hoy tiene nombre y apellido) es uno que con su mayor intervención está promoviendo el desarrollo económico o en cambio lo está coartando?

¿Qué está influyendo más en las decisiones de inversión, de incorporación de tecnología, de como dice De Pablo, decidir entre “trabajar” y “estar ocupado"? ¿Un programa de crédito o los ridículos requisitos de matchear importaciones con exportaciones? ¿Un programa de promoción de exportaciones o que la probabilidad de que consigas gas en invierno dependan de tu capacidad de mover una carpeta? ¿El impacto positivo de un programa de integración productiva o el riesgo de que tengas que frenar el proceso productivo si te frenan la importación de algún insumo crítico?

Por ponerlo en una frase taquillera ¿Qué influye más hoy? La medidas que surgen de la Secretaría de Industria o las de la Secretaria de Comercio Interior.

Sinceramente no tengo clara la respuesta, y me cuesta mucho no caer en la falacia Ad-INDEC de extrapolar lo que fue la intervención del organismo de estadísticas al resto de las intervenciones del gobierno. Si parece evidente que subió en los últimos años la “prima de riesgo” empresario y el retorno de actividades no productivas, lo que sesga la inversión de recursos hacia el corto plazo y la mayor flexibilidad. También que se están acumulando a nivel micro algunos problemas que posiblemente en algún momento alcances una masa crítica preocupante. Sin embargo, es difícil sacar conclusiones globales, en particular porque la dinámica macro se deglute cualquier problema micro.

Entonces, planteado el debate de esta manera, usted qué opina, amigo lector ¿Es el modelo K uno que está promoviendo el desarrollo económico o en cambio lo está coartando? ¿Estamos repitiendo los aciertos o los errores del pasado?

Felices pascuas y jag sameaj

Luciano

martes, abril 12, 2011

Noticias de Ayer, extra extra!

Este post de mi amigo Lucho (y sus siempre imperturbables comentarios del tipo “Hete aquí el progresismo del siglo XXI.”), una serie de tuits de Miguel Braun y una infinita cantidad de mails en la siempre oculta cadena paralela de la BEA, resucitaron un viejo debate que tenemos quienes este blog hacemos, a saber, Elemaco y quién escribe.

El Blogger con más prensa de ESC suele argumentar que la gestión de una Gobierno debe evaluarse exclusivamente por las políticas que éste impulsa, y no por los resultados de su gestión. Por el contrario, este marginal servidor piensa que tal evaluación debe incorporar ambos elementos, fundamentalmente, porque toda decisión que se toma es contexto-dependiente y que como tal, debe incorporar al conjunto del entorno en el cual esta se inscribe para su correcta interpretación.

Específicamente, como relata aquí, para Elemaco este Gobierno es un falso progresista porque sube el mínimo no imponible de ganancias. Analiza con detalle (y con un poco de oscurantismo) el resultado parcial de tal medida y desprende una conclusión implacable. Stop.

No more, no less. Lo primero que resulta evidente, es que más allá de cuan regresiva sea la medida en si, ésta es sólo una foto. En la película se observa claramente que la dinámica inflacionaria es clave para explicar el aumento y que como tal más que apuntar a distribuir regresivamente el ingreso, la medida apuntaría -como mínimo- a sostener las cosas como estaban.

No deberíamos aburrir (otra vez) con cuentas muy complicadas, pero si el aumento del mínimo no imponible fue del 20% y precios (y salarios... formales) van por un piso del 23%, el efecto real de la medida es una caída en el mínimo no imponible, y por lo tanto, una mayor captación de ganancias. Es tan básico que parece casi trivial.
Como muestran estos simpáticos grafiquitos, tomando a partir de 2009 (luego de la eliminación de la tablita de Machinea que complica todos los números) el mínimo no imponible de ganancias creció un 44% en solo dos años. Ele-conclusión: Gobierno malo. Sin embargo, si deflactamos por el IPC-CqP, vemos que el mínimo no solo no siguió esa dinámica, sino que bajó casi un 5%. ¿Ele-conclusión: Gobierno bueno?.

Pero decíamos además que el contexto importa. Una medida puntual no determina el resultado distributivo del conjunto de las políticas. ¿Y como estaban las cosas en el frente distributivo?. Pues bien, los datos del prestigioso CEDLAS de la UNLP muestran que la distribución del ingreso en Argentina ha mejorado de forma sostenida durante los últimos 8 años, inclusive, durante la crisis de 2008-2009. También muestran que hacia 2010, la distribución es la menos inequitativa para toda la serie desde 1986, revirtiendo dos hiper, el Tequila, la crisis de 2001-2002, etc. etc.
En definitiva. Por supuesto que estamos más que dispuestos a tensionar a este Gobierno por una distribución siempre más equitativa del ingreso, y por eso no siempre estamos a favor en las subas del mínimo no imponible. Pero también sabemos que justamente porque este Gobierno ha sido el único desde la vuelta a la democracia que ha sostenido una consistente mejora en la distribución es que este pedido es posible.

Esperando que esta blog se aleje de las conclusiones amarillistas, les deja un gran saludo.

Genérico

jueves, abril 07, 2011

En el diario no hablaban de ti.

Finalmente, el pasado viernes el gobierno decidió, a través del Decreto 3073/2011, incrementar el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, esa medida pro-rico en la que anualmente convergen los intereses del Gobierno, del Grupo A, de Clarín, de los sindicatos, de las señoras de Palermo y de Larry.

Heme aquí, quijotesco, con algo de data dura. A partir de datos de la AFIP y de la EPH y haciendo uso de la técnica de los cinco dígitos oscilante, logré armar los gráficos y tablas que a continuación les presento.

Aquí vamos ¿Quiénes se benefician con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias?

De acuerdo a las estimaciones de ESC y en consonancia con las oficiales, con la suba de $ 4.818 a $ 5.782 y de $ 6.665 a $ 7.998, entre 400 y 450 mil personas dejarán de pagar el impuesto a las ganancias. Sin embargo, y en oposición con la supuesta progresividad de la medida en defensa del bolsillo del trabajador, estos 450 mil que pagaban y ahora no pagan son los menos favorecidos entre los 1.25 millones de beneficiarios.

El siguiente gráfico describe, aproximadamente, cuanto se devolverá a cada trabajador por mes según la escala de sueldo inicial.
El monto de devolución del impuesto es proporcional con el sueldo en dos sentidos. Cuanto más ganas, más pagas porque tu base imponible es mayor pero, sobre todo, porque la alícuota que te cobran es creciente. Por los primeros $ 833 por encima del mínimo se paga el 9%, 14% desde allí a los $1666, 19% hasta los $ 2.500 y así hasta 35% para los ingresos por arriba de los $ 10.000 (el detalle está aquí). Así, el aporte por cada peso marginal del más rico es mayor que el del más pobre.

De esta manera, por cada $ 1 que el gobierno decrete subir el mínimo no imponible, quien estaba cerquita de la base pagará $ 0.09 menos y el más rico $ 0.35. Al extender la lógica al total de los contribuyentes, lo que tenemos es que la devolución de impuestos del pasado viernes tiene la siguiente distribución*

¿Qué nos dice el cuadro?

De los 7 millones de asalariados registrados, 1.2 reciben el beneficio. El importe total de la devolución impositiva es de alrededor de $ 3.000 mil millones, a razón de $ 185 por beneficiario (el 85% de una AUH). Casi el 20% del beneficio total lo reciben 103 mil personas con un ingreso mensual superior a $ 18 mil mensuales ($ 36 mil en promedio) que recibirá cada uno, en promedio, $ 422 (casi dos AUHs). En este último grupo, el gobierno gastará $ 567 mil millones.

Si nos limitamos a quienes cobran más de $ 10.000**, el gasto total del gobierno es de $ 1.740 millones. Es decir, luego del decreto el gobierno habrá transferido al 5% de mayores ingresos entre los asalariados registrados una cifra equivalente al 16% del gasto nacional en salud, al 20% del gasto en promoción y asistencia social, al 36% del gasto en ciencia y técnica, al 59% del gasto en Agua potable y alcantarillado, o al 36% del gasto en vivienda y urbanismo.

Parece mucho ¿No? Y eso que sólo han oido la mitad de la historia.

¿Quiénes no se beneficiaron con la devolución de ganancias?

Una estimación de los no beneficiados, elaborada empalmando la EPH y la data de la AFIP con una buena dosis de Guesstimate y una metodología que describo en los comments***, se presenta en el siguiente cuadro. Los datos son ligeramente distintos a los de la tabla previa (sobre todo en los extremos de la distribución) pero, mientras aquella es más precisa para estimar los costos totales, esta lo es para comparar contra un universo más amplio de trabajadores que incluya no registrados y cuentapropistas.

De acuerdo a estas estimaciones, al beneficio accedió tan sólo el 7.7% del universo de trabajadores comprendido por los registrados, los no registrados y los cuenta propistas. Es decir, en su reparto, el gobierno excluyó al 92,3% de los trabajadores. Este 92.3% está compuesto por un 84% de los trabajadores que cobra menos de $ 4.800**** -injusticia vertical- y un 7.7% que,aún cobrando más de $ 4.800, no se benefició con la medida -injusticia horizontal-.

En conclusión: dentro del universo de trabajadores registrados, el beneficio es creciente cuanto más rica sea la persona, y se concentra fuertemente en los deciles más altos. Por otro lado, al estar dirigido a un subgrupo de los trabajadores formales, deja afuera a más del 90% del universo de trabajadores.

Convengamos que hablar del “bolsillo del trabajador” es darse una licencia de lenguaje ¿No?

Así las cosas. Hete aquí el progresismo del siglo XXI.

Atte

Luciano

lunes, abril 04, 2011

¿Donde están los encuestados?

Confieso que con este tema suele saltarme la fecha, y que siempre que veo algo raro en algún dato del INDEC sospecho que hay tongo (sobre todo conociendo, por ejemplo, cosas como estas) pero seguro esta vez hay una buena y razonable explicación.

¿Alguien sabe porque, luego de la incorporación de Viedma, San Nicolas y Rawson en el tercer trimestre de 2006 (y en particular desde la intervención dos trimestres después) el número de personas encuestadas en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) ha mostrado una persistente tendencia declinante?
Me contengo de hacer comentarios, así no levanto la perdiz como aquella vez.

Atte

L

domingo, abril 03, 2011

¿Compro o alquilo? - Reloaded

Con un certero y desestabilizador post, ELY pone en riesgo el andamiaje de argumentos que tan sólidamente y durante meses yo había logrado construir alrededor de mi mujer hasta lograr convencerla de que la opción económicamente óptima para una pareja de nuestras características era alquilar y no comprar con crédito. Así que aquí vamos. Vea este post como un intento desesperado, un manotazo de ahogado, de recuperar la iniciativa inmobiliaria en mi hogar.

¿Qué conviene más? ¿Alquilar o comprar?

Para comenzar, ELY hace una buena aclaración en su segundo post sobre el tema. Hay al menos dos ejercicios distintos que suelen mezclarse al tratar de responder la pregunta sobre la conveniencia de alquilar o comprar. El primero de ellos es uno en el que la persona cuenta con capital propio y debe decidir si compra un inmueble o, en cambio, coloca su dinero en una inversión alternativa. El segundo es el de una persona que, sin capital propio, debe decidir si comprar con un crédito o alquilar. Permítanme concentrarme en el segundo, porque en el primero, inexorablemente, se entra en el debate de las “inversiones alternativas” al inmueble en el cual no quiero entrar.

Repitamos entonces el ejercicio de ELY. Inmueble de $275.000. Pago anual de alquiler equivalente al 5.5% del valor del inmueble, un crédito a 20 años, una tasa fija hipotecaria de 25% nominal (me parece un poco alta, pero jugaré con esto más adelante) y una inflación esperada de 15%.
Como era de esperarse, el flujo de pagos en concepto de alquiler, intereses sobre el crédito, amortización de capital y cuota total es igual al que presentaba ELY en su post. El alquiler, empujado por la inflación, crece hasta superar el pago por interés para terminar en un nivel casi tres veces superior al de la cuota del crédito. En sentido inverso, el interés desciende para representar casi el 100% del monto pagado al inicio del ejercicio hasta 0% en el mes 240.

Este es el grueso del argumento de ELY (con las aclaraciones de rigor que él mismo hace en sus posts). Por un lado, al final del día, la cuota del crédito será muy inferior a la del alquiler y, por otro, habrá capitalización en forma de ladrillo de la plata que uno pagó durante 20 años, que no existe cuando uno paga alquiler.

Ahora bien, extendamos un poco más el ejercicio de ELY.

Habrán notado en el gráfico anterior que pueden distinguirse dos periodos claros en el flujo de pagos. Un primero en el cual el pago en concepto de alquiler es inferior a lo que se paga en concepto de interés y otro, que comienza alrededor del décimo año en el cual el signo se invierte.

Supongamos, por un lado, que el precio real del inmueble no varía con el paso del tiempo (es decir, que sube al mismo ritmo que la inflación y, por otro, que existe una inversión financiera que también te da un retorno real de 0% como podría ser, por ejemplo, comprar dólares y guardarlos en el colchón. Si esto es así, el flujo de pagos del gráfico anterior se transforma, si compramos con crédito, en ahorro en forma de ladrillos con retorno real cero y, si alquilamos, en ahorro en plata mientras el alquiler es superior al interés y desacumulación desde entonces.

La evolución de ambos tipos de ahorro se presenta en el siguiente gráfico, en pesos (a valor del momento inicial) y en porcentaje del precio del inmueble.


¿Qué nos dice el gráfico? La curva verde nos muestra como, al final del ejercicio, habremos acumulado un monto equivalente al 100% del inmueble, o $ 275.000. Sin embargo, más interesante es la dinámica de la curva azul. Si todos los meses compramos dólares y los guardamos en el colchón (o cualquier otra inversión con retorno real cero), en un plazo de 75 meses habremos acumulado también acumulado un monto equivalente al 100% de la propiedad, ahorro que crece hasta alcanzar el 127% del valor en el mes 127 (que coincide con el punto en el que alquiler e interés se cruzan en el primer gráfico). A partir de ese momento uno empieza a perder plata a un ritmo creciente pagando alquileres más altos que el interés del crédito. Pagando más alquiler, al final de los 20 años uno habrá desahorrado unos $ 450.000 de hoy, o 160% del valor de la propiedad.

Creo que el gráfico anterior da una buena respuesta a la pregunta original. Si el plazo del crédito coincide con el tiempo que querés vivir en el departamento, conviene comprar con hipoteca. Si, en cambio, tu intención es volver a mudarte, por ejemplo, antes de los 10 años (habiendo sacado un crédito por 20 años) entonces te conviene alquilar.

Así, en conclusión, la respuesta depende de la relación entre el plazo de permanencia en el inmueble y el plazo del crédito, lo cual, a su vez, dependerá tanto de la capacidad de acceso al crédito como de la propia situación de la familia.

La facilidad de hacer coincidir el plazo del crédito con el plazo de permanencia depende (como también marca ELY) del nivel de ingresos que uno tenga hoy. El conjunto de plazos en el que tomador de crédito puede elegir suele estar acotado por el hecho de que la cuota mensual no puede exceder un tanto por ciento del ingreso declarar.

Así, por ejemplo, con los parámetros previos (la tasa de 25% que mantengo para hacerla comparable con el post de ELY), un crédito de $ 275.000 a 3 años implica una cuota de $ 10.700, a 6 años de $ 7.200, uno a 10 de $ 6.100 y a 20 de $ 5.600. Por otro lado, el tiempo esperado de mantenimiento no será igual para un joven que busca su primer departamento que para una joven pareja que busca un ambiente más para ampliar la familia que para una familia ya “completa” que busca el lugar definitivo que para una pareja de jubilados.

En definitiva, la respuesta a la pregunta del título, y como en casi todas las preguntas en economía, es un simple pero rotundo ”Depende”

Tengo mucho material en el tintero, como el impacto de la inflación, de distintas tasas de interés, de distintos plazos, los riesgos a los que uno se expone en cada escenario, pero las dejo para un segundo post.

¡Arrivederchi!

L