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miércoles, septiembre 07, 2011

Buenos días, Vietnam!!

Sin duda la comparación sonará forzada, sobre todo porque para hacerlo abandonamos la comodidad que suele dar hacer comparaciones con los vecinos latinoamericanos para irnos 18.000 kilómetros hasta las sudesteasiáticas tierras de Vietnam. Como toda comparación de casos, el lector avispado podrá encontrar más puntos de divergencia que de contacto con la realidad Argentina, por lo que la clave de este post estará en lograr extraer el trigo de la paja.

Con una larga tradición comunista, Vietnam aceleró su proceso de transición hacia la economía de mercado hace unos 20 años, cuando comenzó a convertirse en la nueva estrella del siempre estelar sudeste asiático. En este período, Vietnam multiplicó su PBI 4.2 veces con un crecimiento promedio anual de 7.1% en la que sería la experiencia más acelerada de crecimiento reciente del sudeste asiático, sólo superada por el inhumano crecimiento chino de 7.3 veces (o 9.9% interanual) o el de Myanmar con 5.3 veces (o 8.3% interanual).

La historia macroeconómica vietnamita reciente es interesante no sólo porque, como Argentina, es un país que creció aceleradamente sobrepasando a sus vecinos*, sino por otros varios puntos de contacto con la experiencia local.

Vayamos por partes

Con largo período de crecimiento acelerado del producto, del empleo y de las exportaciones, hacia 2007, Vietnam había conseguido reducir a 2% la friolera tasa de desempleo de 25% observada en 1995 (otra que el INDEC) con un balance de pagos estable y una sólida acumulación de reservas. Formula exitosa demostraba ser el modelo de crecimiento vietnamita. El único ruido, leve e irrelevante en ese contexto, era el hecho de que, tras haber alcanzado el 10% a fines de 2004, la inflación se acomodó cerquita de los dos dígitos durante casi tres años.
La historia podría haber seguido una evolución relativamente feliz, pero ay!, en 2008 el país fue víctima de un poderoso shock externo… positivo!.

En el marco de un mundo donde los capitales huían del mercado de hipotecas por el inicio de la crisis subprime en búsqueda de mejores activos riesgosos, Vietnam se convirtió en un destino predilecto hacia donde iría una copiosa cantidad de inversiones directas y de portafolio, que generaría un impulso expansivo equivalente al que aquí estábamos experimentando como resultado de la mejora de nuestros términos de intercambio. Poco acostumbrado a manejar este tipo de situaciones (quizás porque no vivieron la crisis de los 90s como sus vecinos) el gobierno vietnamita permitió que la llegada de capitales se convirtiera en un boom de crédito (que desde 30% en 2000 pasaría a 125% en 2010), del consumo y de la inversión**.
En 2008 la inflación (que había sido de 10% hasta entonces) llegaría al 25% anual. Entre sus vecinos, que como ellos experimentaron el mismo shock agflacionario y de ingreso de capitales, el máximo registro de inflación fue de 11% (Indonesia):
Vietnam tuvo, durante todo el periodo, un régimen de tipo de cambio administrado que, como el local, mostró un claro objetivo de evitar la apreciación nominal de la moneda. Entre el año 2000 y 2007, el Dong se depreció un 15% frente al dólar, mientras los países vecinos mostraban una sólida tendencia a la apreciación nominal. A diferencia de Argentina, donde el exceso de dólares se explicó durante ese periodo principalmente por el superávit comercial, la presión apreciadora en Vietnam surgía del influjo de inversión extranjera directa y de portafolio, en tanto la cuenta corriente mostraba un leve déficit crecano a 0.5%/1% del PBI.
Durante la crisis financiera de 2008, el Banco Central vietnamita, para evitar perder competitividad frente a sus vecinos que revertían su estrategia de apreciación nominal, abandonó su política de suave movimiento del Dong acelerando el ritmo de devaluación. Desde entonces, y mientras los vecinos recuperaban o superaban los valores nominales del tipo de cambio previo a la crisis, la moneda vietnamita comenzó una marcada tendencia al alza. El Dong comenzaría así perder la condición de reserva de valor que había mantenido hasta entonces y se transformaría en una apuesta en un solo sentido.

Paradójicamente, la manipulación nominal del tipo de cambio no logró su objetivo de mantener la competitividad. Erosionada por la aceleración del proceso inflacionario, el tipo de cambio real muestra una dinámica que no se distingue de la de sus vecinos.
La evolución nominal de la macro ha llevado a cambiar los objetivos de corto plazo. Lo que era una búsqueda de crecimiento y desarrollo fue remplazado (dada la complicada situación), por la de la estabilización de la economía, tema sobre el cual la experiencia Argentina en particular y la latinoamericana en general pueden dar cátedra. El país perdió su ancla nominal, y, tras un periodo de moderada calma en 2009, enfrenta hoy una intensa aceleración inflacionaria y una corrida contra su moneda, que a duras penas intenta hacer frente con un copioso caudal de 30% del PBI en reservas internacionales (de las que ya perdió casi 2/3!).



Hoy los vietnamitas están aprendiendo a la fuerza que lo nominal importa.

La experiencia vietnamita muestra lo peligroso que puede ser entrar a un proceso devaluatorio con un a dinámica inflacionaria y como lo nominal puede amplificar los problemas reales. No crea el lector que busco con este post forzar la analogía más allá de lo que corresponde, ni mucho menos hacer futurología sobre la macro argentina. Sin embargo, si bien los casos difieren en muchos sentidos (como todos los casos individuales), el punto de mayor contacto es la despreocupación que se le dio al proceso inflacionario. Tras un largo periodo de prosperidad donde el modelo era aplaudido por sus éxitos, las luces amarillas fueron ignoradas. Ojala seamos lo suficientemente inteligentes como para poner nuestras barbas en remojo.

Atte

Luciano

Pd: obviamente, nada de esto podría haberse hecho sin la invaluable colaboración de Gabriel Zelpo a quien le rendimos nuestro más sentido homenaje!



*Afirmación que es cierta para nuestro país en la última década y falsa si nos alejamos en el tiempo.


** Mientras tanto, aquí nuestro gobierno amplificaba fiscalmente nuestro shock positivo de términos de intercambio.

lunes, julio 25, 2011

Recalculando

Hace unos pocos días gente amiga me invitó a charlar un poco sobre la coyuntura macro con especial énfasis en la dinámica de cambiaria que atraviesa el país. Voy a intentar bajar en este “post” las ideas centrales de la presentación.

Fundamentalmente, la preocupación que motivó el encuentro fue que la inflación doméstica (claramente superior a la internacional) en un contexto de “estabilidad” del tipo de cambio nominal nos va haciendo caros en dólares. Este encarecimiento en el costo de los trabajadores argentinos resta competitividad al sector transable de la economía y eso puede generar estrangulamiento externo y/o problemas en el mercado de trabajo.

Respecto de este punto, en nuestra intervención planteamos que el modelo de “Tipo de Cambio Real, Competitivo y Estable” esta “roto”. Sean cuales fuesen las virtudes (y defectos) de ese modelo, hoy el funcionamiento macro-cambiario es diferente del que mostraba el país hasta que explotó la crisis internacional (es decir, mid 2007). Para sustentar nuestra visión, mencionamos varios puntos:

Primero, ya no podemos hablar de un maneja cambiario “estable”, con una tasa de devaluación que se aceleró en 2008-2009, para luego crecer sobre una tendencia más pronunciada que la observada en el período 2003-2007:
Segundo, como ya mostramos alguna vez acá, el TCR es cada vez menos “competitivo”. Claro, dada la política brasilera de hiper-apreciación, hoy comparando contra nuestro principal socio comercial mantenemos niveles de competitividad cambiaria similares a los de 2003-2004, aunque esta realidad puede cambiar de forma abrupta si Brasil cambia su manejo cambiario (por razones tanto internas como externas), tal como ocurrió durante el epicentro de la crisis de financiera internacional.
Tercero, y más importante a efectos del manejo cambiario, no parece posible administrar el TCN para forzar una depreciación real, es decir, el espacio para devaluaciones nominales “no inflacionarias”, si existe, es muy acotado. Tomemos como ejemplo la devaluación ocurrida entre agosto de 2008 e igual mes de 2009: la tasa de devaluación se aceleró en casi 30 puntos porcentuales en un año, alcanzando picos un máximo de 26,2% i.a. en agosto de 2009.
Sin embargo, aún en el marco recesivo que atravesaba la economía nacional (y mundial) el traslado nominal de la devaluación llevó menos de una año y medio. Así es. El intento de hacernos “más baratos” para poder competir internacionalmente generó una aceleración en la tasa de inflación que nos devolvió al punto de partida en “sólo” 16 meses:
De este modo, el modelo de TCRCyE ya no funciona. Toda la competitividad cambiaria descansa en la apreciación de Brasil. ¿Devaluar para recuperar terreno?. No way!. Generaría un nuevo ciclo de precios inflacionarias que rápidamente nos dejaría con el mismo nivel de competitividad pero con más inflación.

Nuestro objetivo en esa charla fue plantear que el “modelo” cambiario ha cambiado. Esto no implica necesariamente que una hiper crisis este cerca. Sino más bien destacamos la importancia de reconocer el cambio en el contexto y retomar las riendas de la gestión macroeconómica dejando el piloto automático para otra oportunidad.

Saludos,
Genérico

jueves, marzo 17, 2011

La historia no se repite, pero yo ya la viví

Varios teclados hemos gastado en este blog debatiendo las particularidades de la coyuntura macroeconómica que, en consonancia con la visión de la gran mayoría de la profesión autóctona, combina una foto opaca pero no trágica con una película preocupante para el futuro cada vez menos lejano (excúsenme la generalización quienes no comparten esta visión, pero una falacia ad populum es un recurso práctico para abrir un post).

Una de esas películas se puede ver en el siguiente gráfico. Con excepción de Brasil, que con su política cambiaria compensa la nuestra, el tipo de cambio real muestra un persistente proceso de apreciación con el grueso de nuestros socios comerciales.

Ignoremos por un momento a la inflación y lo distintos problemas macroeconómicos que genera (el riesgo de espiralización, sus impactos en el crecimiento y en los comportamientos microeconómicos, sus impactos distributivos, etc). Supongamos también que la situación internacional y la gestión macroeconómica local no cambián. Esto es, que se mantiene alta la liquidez internacional, que no hay cambios en la política de Brasil, que el precio de los commodities sigue alto, que el mundo crece y que la política macroeconómica local mantiene el sesgo fuertemente expansivo que caracterizó a todo el periodo K.

¿Cuáles son los posibles escenarios que se abren para la situación macroeconómica de persistir las tendencias actuales?

Vamos por partes.

El primero de ellos es el del soft landing, es decir, un escenario en el que la apreciación del tipo de cambio real se detiene endógenamente alrededor de algún valor más o menos estable sin una intención explícita del gobierno por lograrlo (esto es, sin la puesta en marcha de algún tipo de plan de estabilización).

Dos argumentos se me ocurren que justifican este escenario. Dejando de lado la opción de pasar a un régimen cambiario de “reptacion” (crawling peg) por ser intrínsecamente explosiva, tenemos, por un lado, el argumento (defendido por varios conspicuos kirchneristas y dentro de la BEA por el microeconomista Musgrave) de que hay un nivel de inversión tal que la inflación se desacelera y converge a un nivel estable.

El principal hueco de esta explicación es olvidar que la inversión, además de ser un medio de acumulación de capital es, en el corto plazo, demanda agregada. Alcanza con tener en cuenta que para tener un flujo de producción en el tiempo de $ 10 tengo que invertir más de $ 10 para notar que el impacto neto expansivo de la inversión es expansivo y a partir de allí, en un contexto como el actual, inflacionario.

El segundo argumento autoestabilizador es el de la Paridad de Poder Adquisitivo , según la cual la tasa de inflación local debería converger hacia la tasa de inflación internacional más la expectativa de devaluciación del peso. Palabras más, palabras menos (y para mantener el post en menos de 1000 palabras), la idea subyacente es que el dólar disciplina el precio del los bienes transables y, a partir de allí, la dinámica inflacionaria.

El mejor ejemplo de la puesta en práctica de un ancla cambiaria como mecanismo estabilizador fue la del programa del 20 de Diciembre de 1978 de Mártinez de Hoz (“La Tablita”, que incluía un componente coordinador de expectativas ausente en la actual pseudo-ancla cambiaria) que fracasó rotundamente cuando, no disciplinados por el tipo de cambio, los precios de los no transables siguieron su curso inflacionario. La teoría de la PPP es una de las más estudiadas y testeadas (y rechazadas) por la disciplina económica y, en aquellos casos donde no es rechazada es considerada una relación de muy largo plazo, lo suficientemente largo como para que no convenga esperar.

Descartada la autoestabilización del tipo de cambio real entran en juego los dos escenarios en los que el peso continua apreciándose.

El primero de estos escenarios es en el cual la apreciación llega a un punto en el cual la creación de empleo se resiente y la actividad se desacelera lo suficiente como para controlar el proceso inflacionario. El tipo de cambio real se estabiliza a costa de destrucción de empleo y recesión. No es obvio (o al menos a mi no me resulta obvio, como por ejemplo mostraba acá y acá) que haya una relación lineal e inequívoca entre tipo de cambio real y nivel de actividad, pero si hay bastante consenso (y está bastante documentado) que la excesiva apreciación de la moneda es dañina para la economía.

El segundo escenario es en el que la apreciación pone en riesgo el balance de pagos. La sobreapreciación afecta negativamente la cuenta corriente y a partir del momento en el cual los agentes empiezan a dudar de la capacidad de financiar su déficit (via créditos, Inversion extranjera directa, de portafolio o reservas) también la cuenta capital.
La suba de demanda de dólares, en este contexto, sube el tipo de cambio nominal y detiene la apreciación del tipo de cambio real (y da origen a otros problemas nominales, pero esa es otra historia).

El gobierno puede, a partir de su política macroeconómica, intentar manejar el timing de ambos escenarios. Con políticas expansivas puede postergar la desaceleración y con otras que apunten a generar confianza sobre la sostenibilidad del balance de pagos (desde tomar créditos en el exterior hasta imponer controles de capitales) postergar la reversión en las expectativas.

El problema es que, con cada intervención, el gobierno gasta cartuchos. Subir el gasto público es factible mientras haya capacidad de financiamiento, devaluar sólo mientras el pasaje de tipo de cambio a precios sea lo suficientemente lento, consumir reservas mientras las haya, renegociar la deuda (Holdouts, Club de Paris, Megacanje) son medidas de una sola vez. En el ínterin, la dinámica inflacionaria juega su propio juego y la inercia se consolida y acota la libertad de acción del gobierno.

En conclusión, en ausencia de un mecanismo auto-regulador “no doloroso” y suponiendo la continuidad de las (malas) políticas públicas (y si ignoramos las posibles malas noticias del exterior y la complicación del proceso inflacionario), la macroeconomía juega una carrera donde la salud del mercado de trabajo compite con la del balance de pagos. La pregunta ya no es tanto el qué sino el cuándo. El paso del tiempo nos irá revelando cuál de estos escenarios se vuelve realidad.

La historia no se repite, pero yo ya la viví

viernes, febrero 04, 2011

¿Aceleramos?

Post Insustancial para ir pensando en el fin de semana.

Varios amigos de la casa se han preguntado en los últimos días, a partir de una inspirada intervención de ELY, cuanta apreciación más aguanta la economía argentina (pueden verse ejemplos acá, acá y acá). Esto también plantea la pregunta de que harán en Reconquista 250 con esta tendencia.

¿Podemos intuir algo mirando rápidamente la evolución del tipo de cambio nominal? La verdad, todavía no mucho. Aunque sí se percibe que los primeros días de 2011 vieron algunos indicios incipientes de aceleración en la tasa de devaluación mensual que en términos anualizados se ubica al 3 de febrero cerca del 17%:
Si bien no parece nada del otro mundo, este ritmo de aumento en el tipo de cambio nominal supera todo lo observado en 2010. Aunque, también debe decirse, en los primeros meses del año pasado el BCRA aprovechó para dar los principales saltos en la cotización del peso respecto de dólar, para luego finalizar el año con una devaluación punta a punta menos al 5%.

Entonces, ¿arrancamos 2011 como 2010? Con un año electoral por delante, ¿será tan tranquilo el segundo semestre como lo fue en 2010?, ¿se viene otro saltito en el tipo de cambio nominal?...

¿Como la ven?

Saludos

Genérico

PD: Sobre los posibles impactos de una deva hemos discutido mucho por acá. También en casi toda la BEA y también en los caretas de Foco Económico (que será cualquier cosa, pero seguro que no es BEA).

miércoles, octubre 20, 2010

Desrelativizando la descomplejización del desarrollo

Estimados, hete aquí un post coautorado entre este servidor y Gabriel Zelpo, joven estudiante de economía de 22 años, a quien he tenido el placer de conocer en mi pasada como economista jefe de Analytica (y antes en sus encubiertas visitas a la BEA).

Hace algo más de dos meses, en su última aparición pública, Genérico integraba en un post dos de esas grandes obsesiones de este blog (bah, de la BEA en general): Por un lado, Brasil y, por otros, los impactos del tipo de cambio real sobre el desarrollo de un país. En un post donde desgranaba la canasta exportadora, Gene concluía que Brasil estaba experimentando un proceso de “descomplejización” y primarización de la economía, conclusión a la que llegaba, argumentos más, argumentos menos, a partir de la lectura del siguiente gráfico


Desde el 2000 a esta parte las exportaciones de productos básicos y semifacturados han ganado casi 10 puntos de participación en el total exportado, en perjuicio de las manufacturas. Viendo esto, se pregunta Gene en aquel post: ¿No sería entonces (el de Brasil) otro caso de enfermedad holandesa para una economía pequeña y abierta? el shock positivo de Términos de Intercambio te aprecia el tipo de cambio e impulsa las exportaciones básicas, al costo no menor, de bloquear el proceso de complejización productiva.

Ahora bien ¿es realmente lo que muestra Gene una señal de descomplejización de la economía que debe preocupar?

En primer lugar, permítannos comparar la performance exportadora de Brasil con la Argentina, país que, con una estructura productiva relativamente parecida, mantuvo una política cambiaria distinta que buscó, explícitamente, evitar los impactos negativos de una posible enfermedad holandesa.

El siguiente gráfico puede verse como, en Brasil las Manufacturas industriales* pasaron de representar el 65% del total de las exportaciones en 2000/01 al 52% en 2007/2008. En  Argentina del modelo de tipo de cambio real competitivo, en cambio, esta caída fue mucho menor,  de tan sólo 2% desde 37% a 35%.

Esto, a simple vista, es un punto a favor de la tesis que defiende la idea de que el TCR competitivo inmuniza a un país frente al impacto primarizador de una moneda muy fuerte.




Ahora bien, insisto ¿es esto realmente indicios de que Brasil se está “descomplejizando” y primarizando, al menos vis a vis el país que tomo recaudos frente a la enfermedad holandesa?

Nop

Básicamente, puede decirse que Genérico (como gran parte de la literatura sobre el tema, valga aclarar) ha sido víctima del fetiche del relativismo. A saber: interpretar linealmente “composición relativa” de la canasta exportadora como “complejidad” de la economía. Abandonemos, por un instante el relativismo para zambullirnos en el maravilloso e iluminador mundo del absolutismo metodológico. Dejemos de mirar composiciones relativas para mirar tasas de crecimiento

Como punto de partida, tenemos en Brasil un crecimiento de 220% entre 00/01 y 07/08 frente al 150% de Argentina en el mismo periodo. A simple vista, la mayor apreciación parece no haber afectado la dinámica global de las exportaciones.

Sin embargo, sabemos que la composición importa. Centrémonos entonces en las exportaciones primarias (incluyendo al petróleo refinado) y en las manufacturas de alimentos.

En el siguiente gráfico podrá ver como el crecimiento fue superior en Brasil para todos los rubros analizados: Algo menos para la exportación de productos agropecuarios, pesca y madera (primeras dos columnas) y de manufacturas alimenticias (utlimas dos, que incluyen carne, lácteos, soja, entre otros). algo más para en el caso del petróleo, donde Brasil octuplica sus exportaciones, y minería, con un crecimiento de 517% vs 289% en Argentina. Téngase en cuenta que esta diferencia no puede ser atribuida a los términos de intercambio, shock común a ambos países.

Es decir, hasta aquí tenemos que la apreciación cambiaria no habría afectado la dinámica exportadora de los productos “poco complejos”.

Pero claro- dirán -el verdadero problema de la enfermedad holandesa es el impacto negativo sobre los transables que si importan, los más complejas, los industriales. En el siguiente gráfico podrán ver, sin embargo, como la aparente descomplejizacion del enfermo holandés se esfuma cuando vemos que, durante el mismo periodo, las exportaciones “complejas” crecieron un 155%, incluso un 27% por arriba del crecimiento Argentino.

El resultado es aún más llamativo si desagregamos a las exportaciones industriales según el grado de intensidad de la mano de obra (la definición la pongo en los comments), donde uno esperaría que el  impacto expansivo de una política de tipo de cambio competitivo sea mayor. Puede verse, sin embargo, como la diferencia se mantiene alrededor de 27% (166% vs 139% y 144% vs 116%).

Es decir, el TCR apreciado en Brasil, con su correlato de salarios más altos en dolares,  ni siquiera tuvo un impacto negativo visible sobre las actividades mano de obra intensivas (como textiles y calzado, productos de madera,etc )  

En conclusión lo que se observa en nuestro principal socio es que no sólo no hay indicios de que la estrategia cambiaria haya tenido impactos negativos sobre la “complejización” de las exportaciones sino también que, cuando nos quitamos las gafas del relativismo, tampoco parece haber afectado la integración comercial con el resto del mundo (no al menos al compararlo con un país que logró contener las subas salariales durante años con tal de mantenerse barato para vengan a comprarle sus manufacturas).

Requiem al impacto descomplejizador del tipo de cambio.

Dicho esto ¿Cuáles son las enseñanzas que podemos extraer del vecino en vistas de que Argentina enfrenta un inevitable proceso de apreciación cambiaria? Si los hay ¿Cómo evitar los impactos negativos que puede traernos la apreciación?

Atte

L y G

*Aclaración: definimos industriales como manufacturas no alimentos (rubro 15) ni petróleo refinado (rubro 23), definición que es distinta a la de MOA y MOI del INDEC.

lunes, septiembre 20, 2010

Una historia de dos devaluaciones

Permítanme hacer un breve raconto de dos historias que venimos contacto en ESC.

Por un lado está la breve historia macroeconómica del segundo kirchnerismo. Durante los últimos cuatro años argentina experimentó una aceleración del proceso inflacionario centrado especialmente en la inflación de alimentos, proceso que habría tenido duros impactos de no ser por dos factores que compensaron el deterioro social (a) las mejoras en el salario real de los trabajadores formales y (b) la puesta en marcha de la AUH y la moratoria, con casi 5 millones de beneficiarios. La fórmula mágica K, sin embargo, tiene serios problemas de sustentabilidad, en tanto se amparó en diversas situaciones excepcionales, transitorias y/o con impactos de una única vez, como analizábamos aquí. Como en todo descalabro macroeconómico, los límites naturales son dos: inflación y restricción externa.

En paralelo hablábamos de Brasil. Mientras Genérico cuestionaba la sostenibilidad del desarrollo brasilero en un contexto de fuerte apreciación del Real, este servidor desgranaba un poco la situación macroeconómica. “Ojo” decía acá y acá “porque Brasil cuenta con un margen de maniobra que le permitiría enfrentar con relativa facilidad los embates de algún shock externo”. Ese margen de maniobra está en parte explicada por su capacidad de devaluar, que, según mostrábamos por acá, comienza a ser tomado cada vez más en serio, en el marco de una economía que muestra algunos signos de enfriamiento.

Ahora bien ¿Cuál es el punto de contacto de ambas historias?

El siguiente gráfico describe la evolución del tipo de cambio real multilateral (TCRM) argentino, calculado sobre la evolución de la inflación y del tipo de cambio nominal de la Unión Europea, el Nafta, Chile, China, Brasil y México que representa, en conjunto, el 70% del comercio exterior argentino.
Un primer punto a destacar es que, a pesar de la suba de precios de 140% (!140%!) desde 2003 hasta ahora y una depreciación del peso de tan sólo 33% (de $ 2.95 de entonces al $ 3.95 de ahora) , el TCRM se apreció tan sólo un 8%.

Este hecho puede explicarse básicamente por la evolución de los precios y las divisas de nuestros socios comerciales. Brasil dejo apreciar su moneda un 43% y tuvo una inflación acumulada de 45%, Chile 27% y 26% respectivamente, el Euro se apreció un 13% con 8.4% de inflación y el Yuan chino un 18% con una inflación acumulada de 35% en los siete años. Sin llamarlo “viento de cola”, para no herir corazones sensibles, permítanme calificar la envidiable suerte que tuvo la gestión cambiaria para mantener el tipo de cambio alto como una de, digamos, “generosidad externa”.

En segundo lugar, aun a pesar de la aceleración de la inflación en pesos y en dólares, el TCRM se encuentra aún un 80% por arriba de los muy bajos valores de fines de la convertibilidad. Es decir, no hay muchas razones para afirmar que, a los niveles actuales, el TCRM está sobrevaluado (apreciado).

Esta idea se refuerza cuando se ve el análisis desagregado de las relaciones cambiarias bilaterales (ver gráfico siguiente). Desde 2006, con una inflación acumulada del 93%, el TCRM se apreció 15%. Sin embargo el grueso de la apreciación se concentra en el TCR bilateral con el Euro y el Dólar, con una apreciación de 29%, en tanto el TCR con China se apreció un 18% y el de Brasil tan sólo un 0.3%.

Esta divergencia en las relaciones bilaterales es clave. No es lo mismo una apreciación con Brasil, con quien tenemos básicamente un intercambio intra-industrial, que hacerlo frente a USA y la Unión Europea, a quienes (simplificadamente, se entiende) les exportamos bienes primarios y de quienes importamos bienes de capital, de manera tal que el intercambio es menos sensible a la variación del TCR. Es decir, no sólo el nivel del TCRM no es llamativamente bajo sino que su descomposición es la más benigna (o menos riesgosa) en términos de competitividad.

Sin embargo, si bien la foto nos dice que el mundo ha sido generoso con nosotros y que el nivel del TCRM no es necesariamente preocupante, el problema estaría en la película, punto en el cual convergen las dos historias que contaba más arriba.

La película argentina nos dice que hemos perdido la capacidad de lograr una devaluación real del peso. En el primer gráfico puede verse como el intento de devaluación real de 2008/2009 duró tan sólo un año, aun considerando la generosidad externa. Este fenómeno, que no es otra cosa que la contracara de la aceleración inflacionaria, fue un clásico argentino durante décadas y en particular durante los ochenta. Hoy, el tipo de cambio dejó de ser una herramienta de política macroeconómica para pasar a ser un jugador más en la puja por el reparto nominal de la torta.

En este punto es que la película argentina se cruza con la brasilera. Al haber perdido la capacidad de devaluar, la política cambiaria argentina no es autóctona sino importada, es decir, depende de las decisiones de política de nuestros socios comerciales. Así, por ejemplo, desde 2006, la depreciación del peso de 28% combinada con 93% de inflación, habrían apreciado el peso en un 34%, cosa que no pasó simplemente porque Brasil permitió una apreciación de 19% en su moneda, con una inflación acumulada de 22% (la math está abajo*).

Entonces Argentina, sin política cambiaria local, no sólo se enfrenta a una inercia inflacionaria en dólares de 20/25%, lo cual es una película complicada en sí misma, sino que además está fuertemente expuesta a las decisiones del vecino país donde cada vez se oyen más voces críticas respecto a la fuerte apreciación de los últimos años. Si tenemos en cuenta adicionalmente que Argentina y Brasil están expuestos a shocks externos relativamente comunes, una conclusión natural es que nuestro país enfrenta un futuro macroeconómico como mínimo de alto riesgo.

En definitiva, no sólo la dinámica macroeconómica parecería mostrar una tendencia insostenible (afirmación menos rimbombante que “tendencia explosiva”), sino que esta se da en un contexto de reducido margen de maniobra y con una fuerte exposición al riesgo del cada vez menos optimista contexto externo, particularmente el brasilero.

Conclusión: Poco margen de maniobra (y decreciente, por el agotamiento del superávit de cuenta corriente) + película nominal compleja + crítica exposición al riesgo Brasil = ¿Restricción externa o aceleración inflacionaria?

Atte

Luciano (aka. Elemaco)

PD: autopase ¿Cómo se sale de la tendencia inestable?

PD2: Post número 666 de ESC. Creepy.

*Recordará el lector que la fórmula del TCR bilateral es:

jueves, septiembre 16, 2010

Fue bueno mientras duró pero ¿Quién nos quita lo bailado?

Brasil amenaza con medidas para contener la revalorización del real.

El Gobierno de Brasil lanzó ayer un mensaje claro (nota de Ele: y contundente) y hasta intimidante al advertir que tomaría las medidas necesarias para contener la apreciación del real. El ministro de Hacienda del país vecino, Guido Mantega, disparó contra la política monetaria de otros gobiernos. “Estamos atentos. No podemos permitir que otras monedas artificialmente desvalorizadas nos ganen espacio”, amenazó el funcionario en un acto con empresarios en Río de Janeiro. Y hasta recordó que el país cuenta con “recursos ilimitados” en su fondo de riqueza soberana.

El mensaje no es para Argentina sino para Japón, que salió agresivamente a comprar dólares para evitar que el Yen siga apreciandose.

Ayayay

Pd: !y encima hace cuatro meses que no crecen!



martes, agosto 17, 2010

Escola Primaria

En el último tiempo mi amigo y colega Elemaco ha hecho un gran trabajo manteniendo este blog vivito y coleando mientras quién estas líneas escribe hacía mutis por el foro por múltiples motivos que no tiene sentido relatar aquí. Digamos sí, que toda esta batería de post del amigo se resumen en una pregunta básica: ¿es sostenible el crecimiento actual de argentina?.

Tema interesante si los hay, pero no del que voy a hablar hoy. En realidad, vengo lento y atrasado (aturdido y mal parado) y me colgué con un tema previo que es de los preferido de don Elemaquín: su exaltación por el Brasil de Lula y lo fenomenal de las políticas de crecimiento del gigante país vecino. Me llama poderosamente la atención la ausencia (o al menos, la falta de énfasis) sobre el punto de la sostenibilidad para este caso.

Veamos, como suele decirse, algunos “hechos estilizados” del crecimiento exportador de Brasil(*). A primera vista, llama la atención el sostenido proceso de primarización que las ventas externas del país vecino vienen mostrando. En efecto, luego de que entre 2003 y 2006 las exportaciones de productos básicos representarán en promedio un 29% del total, entre 2007 y 2009 dicha participación se incremento alcanzando 39%, con un crecimiento de 10 p.p en sólo tres años:
Caben aquí dos observaciones: por un lado, las manufacturas y semi manufacturas exportadas por Brasil habían perdido dinamismo relativo a partir de 2006. Es decir, la mayor participación de productos básicos en el total de las ventas externas no se explica solamente por una aceleración de los mismos frente a un crecimiento estable del resto de las mercancías exportadas, sino por un menor crecimiento de los productos industriales.

Por otro lado, el impacto de la crisis internacional no ha sido homogéneo, sino que afecto de modo más marcado, justamente, a los productos de la industria. Sin embargo, esta dinámica no ha alterado de modo significativo el ritmo de crecimiento (neto de la crisis internacional) del total exportado por Brasil:

Pero entonces, ¿como se sostiene la dinámica exportadora?. Una parte no menor de este crecimiento en los productos básico de Brasil no ha sido más que la consecuencia natural de un sostenido incremento en los Términos de Intercambio (ToT) del país vecino, o si más les gusta, como consecuencia de un poderoso viento de cola que a partir de 2005 inicio su sendero ascendente.

No sería entonces otro caso de enfermedad holandesa para una economía pequeña y abierta: el shock positivo de ToT te aprecia el tipo de cambio e impulsa las exportaciones básicas, al costo no menor, de bloquear el proceso de complejización productiva. Habíamos ya notado en la pérdida de dinamismo en las expo industriales se había acelerado en los últimos años, cuando justamente, el TCR se aprecia de manera acelerada para combatir el impacto de los precios internacionales:

Nótese además, que cuando uno introduce ciertos rezagos (**) en el ajuste de las expo complejas (industriales) a la dinámica del tipo de cambio real, se observa que la estrategia anti-inflacionaria de apreciar fuertemente, aborta la salida exportadora de la producción industrial:
Volvemos así a uno de los temas preferidos de ESC: los múltiples impactos del TCR sobre el funcionamiento real de economías pequeñas y abiertas. Muchos de los logros de la Lula de Brasil pueden suscribirse a su política antiinflacionaria de apreciación real a un costo no menor descomplejizar su entramado productivo.

Queda entonces abierto al debate si tiene sentido y si es sostenible este tipo de “modelos”.

Saludos
G

* Hechos estilizados?? Que lejos (y que grande) me queda la academia por dió!

** Quién dispara primero? Berretono…?. Oks, pero la elección de lags no fue a ojímetro pero por vez n, estos es un blog!

PD: Todo esto me da pie para sí, opinar sobre la sostenibildad en Argentina.

PD2: Agradecimiento especial a mi chilena por la idea y la data.


lunes, mayo 17, 2010

Volver al Futuro

Hace un tiempo, cuando los primeros coletazos de la crisis global se empezaban a sentir, habíamos escrito que el BCRA debía procurar sostener la estabilidad del TCR. El tiempo paso, y la verdad antes del golpe europeo, ya el profesor Jekyll-Mr. Hyde lo había anticipado: ese modelo estaba roto.

Hagamos una breve panorame pre-crisis. Usando esta notita de voxeu y la metodología aquí desarrollada estimamos cual es sería el ""TCR de equilibrio"" si vivieramos en el mundo de Rollo. Es decir, estimamos cual es el valor del Tipo de Cambio Real consistente con el diferencial de productividad entre Argentina y el resto del mundo. Nos dió lo que sigue:

Primera obervación: para los 90s el nivel de apreciación real era de alrededor de un 40%, que es usualmente lo que Lucas tiene en la cabeza.

Segunda observación, con datos hasta 2007, según el criterio de Balassa-Samuelson (BS) estabamos un 7,2% depreciados respecto del nivel de equilibrio, y siguiendo el léxico que vimos por ahí, en ese contexto y fijación del tipo de cambio nominal, la inflación no es más que un proceso de equilibrio. Dado que entre ese año y 2010 la economía acumuló algún crecimiento superior al del resto del mundo (¿+3% del PIB per cápita PPA?), y que entre 2007 y 2010 el TCR se habría apreciado algo sí de un 10%, a principios de esta año estaríamos rondando el valor de "equilibrio".

Tercera observación, la misma cuentinta para otros países de Latam nos da que, salvo Perú, todos se encuentran (ó encontraba) apreciados en términos reales, particularmente, Brasil, lo que debería al menos encender alguna luz de alarma:
Con esta situación en mente, y ya debatiendo sobre cuál podría ser la estrategia óptima si viene el ¿colpaso? europeo. Al momento, la respuesta argentina no fue distinta a la que tomo en el pasado cuando el ahora-noventista Redrado comandaba la autoridad monetaria: fijación nominal del tipo de cambio en un mundo donde los socios devalúan respecto del dólar
La combinación estabilidad del tipo de cambio nominal + devaluación socios + mayor diferencial de inflación = apreciación real, es una historia que ya conocemos. Si entrabamos al año con un TCR consistente con el nivel de productividad relativa argenta, pero con el "problema de la inercia" ahora le agregamos otro factor.

La pregunta sigue siendo la misma, pero ahora con mayores complicaciones ya que el ritmo de apreciación parece acelerarse: ¿Cuanto de apreciación más se banca la economía?. Si la dinámica se consolida podemos finalizar el año a mitad de camino del TCR convertible.¿En que punto esto afecta la evolución del sector externo? ¿y la del mercado de trabajo?¿y la del crecimiento en general?

Pero a no desesperar, en el episodio anterior de la crisis, luego del chubasco, muchos de los que devaluaron, apreciaron rápido. En este sentido, sólo habría que esperar que pase la crisis griega, y el dólar vuelva a devaluarse a nivel global...

Saludos y buena semana

Genérico

viernes, abril 23, 2010

Comentarios Finales

Voy cerrando esta semana con dos breves comentarios exploratorios sobre este post, teniendo presente que a esta alturar capturar en un post todo lo generado por la BEA al respecto se torna imposible.

Primero, yo hubiese cuestionado un aspecto del post anterior, o al menos, parte de sus conclusiones (¿donde estas los liberales formados cuando uno los necesita?). Si bien algo se dijo de forma tangencial, quizás el punto que más ruido me hace a mi es el siguiente: hicimos un par de correlaciones bivariadas (en principio, nada muy grave en eso) pero de allí saltamos a conclusiones que asumían causalidad, punto que nadie critico de forma explícita.

Dicho de otro modo, vimos que no había correlación entre inflación y crecimiento anual del PIB y cuestionamos la visión de que la inflación cause mayor crecimiento. Si bien eso lo podemos sostener, también se admite la causalidad opuesta de que el crecimiento del producto no causa inflación, ya que había países con crecimiento promedio superior al 6% anual en la demanda efectiva sin que eso genere una tensión evidente sobre el nivel de precios*.

Segundo, off-the-record, un amigo nos comenta que la particularidad del caso argento sería que no sólo creció de forma acelerada en esos seis años (en promedio), sino que también fue de los países que más empleo genero trasladando las tensiones del mercado de trabajo a los precios. Para analizar este punto, armamos una base con las tasas de desempleo para 76 países** y observamos cual fue la variación promedio por año (en puntos porcentuales) de este indicador:
Argentina es para toda esta muestra, el país de mayor caída en la tasa de desempleo, promediando casi 2 p.p. menos por año. Era en 2003, el país que figuraba primero en nuestro ranking, cayendo al puesto 32 en 2009. Por supuesto, en el otro extremo los países más afectados por la crisis internacional: Irlanda, España, USA, etc.

Ahora bien, si esta es la particularidad del caso argentino, no sería más que un nuevo caso de la curva de phillips, donde las tensiones de un mercado laboral más estrecho se traducen vía pujas salario-rentabilidad en mayor inflación salarial y de precios. Nuevamente, la inspección visual (nunca claro, la estadística) muestra algo así a nivel global:
Pero claro, la tan mentada curva tiene tantos problemas que no vamos a discutir hoy acá. Además, esto nos lleva nuevamente al mundo de Rollo donde la inflación responde al problema de los trabajadores argenchinos de 2003. La pregunta relevante sería quizás, si con un TCN más bajo se hubiese creado la misma cantidad de empleo (cosa que entiendo Lucas respondería afirmativamente) y si en ese caso, las tensiones salarios-retabilidad se habría evitado, o dicho en otro términos ¿bajar la tasa de desempleo desde donde estaba en 2003 a los niveles de 2009, no implica para cualquier política cambiaria o de otro tipo generar la inercia observada? ó más precisamente, la pregunta anterior, ¿no es particularmente valida para Argentina?.

Sea como sea, esta salida a la ""evidencia internacional"" nos deja nuevamente donde empezamos. No somos tan distintos, pero tampoco todo es igual. En el camino, creo, vamos viendo que las explicaciones unicausales de la inflación solo captan una parte tangencial del fenómeno. Quizás, lo más relevante más allá de esto, es como estabilizar sin tirar al bebé con el agua. Cerremos con una cita del Gran Daniel que alguien dejo por ahí:

“Inflation is the observable outcome of a complex process of political and economic interaction in society. In such a context, ‘cause-and-effect’ language easily becomes misleading."

Saludos y buen finde.

Genérico.

* Alguno podrá decir aquí que lo relevante no es la variación año a año del PIB sino su brecha respecto del potencial. Convegamos que a no ser que sea China (cantidad de factores) o Singapur (productividad del trabajo) es díficil que el potencial crezca por arriba del 5% anual, lo que hace que para la mayor parte de los países, la brecha debe haberse cerrado... como en argentina.

** Armar la base de datos llevo tiempo y se hizo a mano. No hay casi nada de data de muchos países, por lo que si alguien tiene algo mejor, que avise.

lunes, abril 19, 2010

No tan distintos

Al final todo este debate parece que se fue de madre… Rollo insiste en que el TCR converge a su equilibrio de productividades relativas por las buenas (apreciación) o por las malas (inflación) y que el bendito mecanismo es la insostenibilidad de los trabajadores argenchinos.

Elemaco mete cuña descreyendo de cualquier efecto expansivo del TCR y menos aún de su impacto sobre el desarrollo. Pero nos dice más ya que si se acepta el esquema Rollo, entonces, tiene que ser cierto que debe existir alguna política fiscal que contrapese el efecto expansivo del TCR, aunque en este punto confundió a Dios y María Santisima.

El Profesor tira para todos lados ya que nada de lo dicho parece gustarle (¿?). En cualquier caso, abogado real del frenkelismo en la BEA nos dice que: a) el TCR es expansivo, b) que si existe algo llamado “learning-by-doing” varios años de crecimiento nos dejan mucho “doing” por lo que algún “learning” debería quedar, c) que ese “doing” se centraría en los sectores que más pueden hacer crecer la productividad de mediano plazo (transables), d) que habría sido posible acompañar el trayecto de expansión y aprendizaje con otra política fiscal que modere el aumento de precios y por lo tanto, haga una convergencia al TCR de “equilibrio” de una forma más virtuosa.

El del 0,33% de Finanzas Públicas mete la pata monetarista de la BEA y nos recuerda el rol de la política monetaria como centro de todo: si la tasa de interés real es taaan negativa, los precios, van a ajustar. Y si no le creemos, nos recuerda su historia monetaria de Argentina de cuando era un maldito más.

Finalmente, el silencioso y multifacético ELY destruye todo el centro del debate ya que parece le tiene fobia a la idea de que exista algo así como un “TCR de equilibrio”, cuyas propiedades analíticas y/o estadísticas son imposibles de evaluar ante tanto cambio estructural por lo que todo este provinciano debate es carente de sentido. Y junto con este explosivo comentario dominical se despacha con la siguiente pregunta fundamental:

(…) todo esto no es para zafar de responderte (no exclusivamente, al menos) sino para ordenarme un poco esta discusión necesaria e inminente: cuanto mas se banca este modelo de crecimiento con inflación (…)?

Que en realidad me llevó a pensar no tanto en tipos de cambios reales y demáses, sino más limitadamente a cierto argumento de que para crecer es necesario tener inflación. Entiendo yo que de algún modo u otro si se piensa esto, se piensa que existe una correlación positiva entre crecimiento de los precios y crecimiento real del producto. Un pantallazo visual y muy superficial parece ““confirmar”” esta postura (tomamos el promedio de ambas variables para el período 2003-2009 para un total de 189 países):
Nos damos cuenta muy rápido que un grafo como el anterior carece de sentido estadísticos y poco nos puede decir. Para ver si podemos profundizar un poco más la correlación hicimos lo siguiente: Se armó un ranking que ordene los países desde el de mayor inflación hasta el de menor y otro que los orden de igual modo pero en términos de crecimiento. Gráficamente, si existe alguna asociación entre ambas variables los países deberían ubicarse pegaditos en la línea de 45º (o por ahí) ya que su posición en ambos rankings debería ser aproximadamente similar:
Nada! O quizás mucho!. Tenemos que para el promedio desde 2003 hasta 2009, Argentina (cuadradito azul en el grafo anterior) se ubicó novena en el ranking de inflación, solo superada por (en orden): Zimbabwe, Irak, Venezuela, Congo, Santo Tomé y Príncipe, Guinea, Etiopía y Myanmar. Por otro lado, en términos de crecimiento ocupó el lugar número 35 y solo tres de los países con más inflación crecieron más, lo que implica que tenemos en el total del mundo 32 países que crecieron más que argentina en los últimos 6 años con menos inflación.

Claro, tomar todo el mundo puede ser un tanto fuerte. Las realidades pueden ser muy complejas y diversas: por ejemplo, Zimbabwe tuvo la mayor inflación promedio (+26,5% promedio por año) y el menor crecimiento (bah, este fue negativo -5,5% anual promedio por año).

Tomemos entonces una muestra sólo con países que hayan creciendo entre 4,5% y 8,5% en promedio durante estos años de modo de cortar extremos voladores y países desarrollados que quitan información. Nos quedamos así, solo con 67 países:
Para este caso, hasta la correlación visual desaparece. Argentina es el 4º país en términos de inflación. Sólo Venezuela tiene más inflación y crecimiento. El 40% de los países que componen esta muestra tienen más crecimiento y menos inflación. Si en 2010 la inflación se ubica cerca del 25% anual seremos el segundo con mayor inflación del globo. STOP.

¿Es verdad que somos tan especiales, distintos y únicos que si queremos crecer y desarrollarnos, tenemos que también aceptar las tasas de inflación más altas del mundo?. O dicho en otros términos, ¿somos el único país que descubrió los beneficios de la inflación? ¿porqué otros crecen más con menos inflación? ¿es racional tener de las mayores inflaciones del globo?

No sé, pero no creo que seamos tan especiales.

Saludos

PD: En realidad, seguimos discutiendo sobre el TCR. Veamos sino como cerraba la pregunta ELY: “(…) alternativamente, cuanta mas apreciación se banca el país?”. Suena a quimera tener un TCR competitivo y estable con la segunda inflación del mundo, que a efectos prácticos y con tipos de cambio estables, implica que nos estamos apreciando contra todo, pero todo el mundo, menos Venezuela.

PD: Fuera de agenda. ¿Este no tendrá ganas de entrar en la BEA?.

viernes, abril 16, 2010

Trivia devaluatoria

Claramente este no es un post para viernes a la mañana, pero genérico canto pri el post del próximo lunes así que, nobleza obliga, encaro el post sabiendo que será de corta data (un viernes y el finde).

El debate iniciado por Genérico ha tomado vuelo propio, con respuesta de Lucas, de este servidor,  del Profe y del 0,33%. ELY aún se mantiene en silencio, pero algunos dicen que está tomando envión nomás.

Algunas afirmaciones sobre las que creo estaríamos más o menos de acuerdo
1) Un TCR Real alto, si tiene impactos inflacionarios, es a través de su impacto nivel de actividad (sobre el impacto del TCN en la inflación no se ha hablado).
2) Si existe un impacto expansivo de un TCR real alto sobre el nivel de actividad, este necesariamente tiene un límite. Eventualmente la expansividad será absorbida por los precios.
3) El TCR real alto es técnicamente sostenible en el tiempo, a partir de un mix determinado de política fiscal-TCR

Olivera incorpora al debate una pata adicional: El potencial impacto positivo de una política de tipo de cambio real alto en el sendero de desarrollo. No pretendo hacer un análisis sobre ello sino simplemente plantear un interrogante. Al que dé la primera respuesta convincente, una foto autografiada de Genérico estrenando la temporada de mallas primavera verano 2010.

Imaginemos a la economía cerca de su equilibrio, donde equilibrio debe entenderse como lo planteó Lucas. Esto es, el punto del mercado de trabajo y/o del nivel de producto tal que cualquier intento de expansión se traslada principalmente a salarios y/o precios y no al nivel de empleo/producto. El mix de política fiscal y cambiaria es tal que no hay presiones expansivas y no hay proceso inflacionario ni componentes inerciales.

Posiblemente cerca de ese punto se encontraba la economía argentina en 2007

En ese punto, el gobierno realiza una corrección al alza del TCR que luego es compensada perfectamente con la política fiscal, evitando el efecto expansivo que simplemente afectaría el nivel de precios arrastrando al TCR a su nivel previo (con una dinámica como la explicada por Rollo). De manera persistente el TCR se mantiene en un nivel más alto.

En términos esquemáticos, se induce un movimiento desde el punto A al B en el siguiente gráfico.

La pregunta es ¿Cuáles son los canales a través de los cuales el nuevo precio relativo y la nueva posición de la economía impulsa el desarrollo económico?

Recuerden, ese canal no puede ser expansivo porque, por definición del problema, todo impulso expansivo se traslada a precios.

Me anticipo mencionando algunos canales

1) Externalidades: Un argumento, defendido por Dani Rodrick, es que la suba del TCR impulsa el desarrollo porque beneficia a las actividades transables respecto a las no transables, donde aquellas son mejores que estas. La explicación de porque las actividades transables son mejores que las no transables se centra en el supuesto de que generan más externalidades sobre la economía. Nunca leí una explicación convincente de porque esto es así.

2) Ahorro: Un segundo argumento es que la suba del TCR incrementa el ahorro agregado y, desde allí la inversión y el sendero de crecimiento. Entiendo que el mecanismo que afecta la tasa de ahorro es de espíritu kaldoreano, esto es, afecta la distribución del ingreso y la riqueza. Si este efecto sobre el ahorro efectivamente existe, y el canal es el distributivo, permítanme meter al debate todo lo mencionado al respecto en este post de Enero

3) Balance comercial: El tercero, en el cual posiblemente resida la respuesta, es el impacto que un TCR más elevado tiene sobre el balance comercial. La persistencia de resultados positivos aleja el fantasma de las crisis de balance de balance de pagos y permite la construcción de colchones anticiclicos. La menor incertidumbre macroeconómica no puede sino tener impactos positivos sobre el sendero de desarrollo. Al respecto:

a. La persistencia de influjo de dólares ejerce presión sobre la política monetaria, que está ocupada sosteniendo el tipo de cambio. El nunca bien ponderado "Trílema monetario". Muchos objetivos, pocas herramientas.

b. En varias oportunidades desde aquí relativicé la elasticidad del balance comercial al TCR. Si bien no niego  que el canal (sube TCR) -> (sube resultado comercial) existe, creo que su intensidad está completamente sobreestimada. Más sobre esto en posts futuros.

Entonces ¿Cuáles son los canales a través de los cuales el nuevo precio relativo impulsa el desarrollo económico? Recuerden, no vale ningún canal que actué a través de la expansión de la actividad porque está descartado por hipótesis.

Atte

Ele

lunes, abril 12, 2010

Trabajando sobre el Manual

Refunfuñando y a regañadientes, Rollo contesta el desafio planteado por el colega, amigo y coblogger Genérico en este post ¿Cuáles es el canal que hace que funciones el modelo Rolleano , según el cual la inflación y el nivel de actividad dependen, en última instancia, casi exclusivamente del Tipo de Cambio Real “de equilibrio”?

Nadie mejor que el propio Rollo para explicarlo. Sin embargo, permítanme hacer una breve interpretación que me permitirá organizar la rerespuesta.

La suba del TCR por encima de su equilibrio genera una onda expansiva sobre el nivel de actividad. La onda expansiva llega por el mercado de trabajo. A un nivel dado de productividad (alrededor del cual se mueve el TCR de equilibrio) y al salario nominal previo a la suba del TCR, al productor de transables le conviene contratar gente. Esto, con desempleo, se convierte en una suba en el nivel de empleo y actividad. A medida que el mercado laboral se va cerrando, la presión alcista se convierte en subas salariales y no en nuevas contrataciones. Eventualmente los salarios empujan el TCR al de de equilibrio y los incentivos a contratar gente desaparecen y con ellos la presión expansiva. Adicionalmente, Rollo incorpora una dinámica inercial al modelo. No es lo mismo llegar al TCR de equilibrio con inflación de 20% y dólar a 3 que con inflación de 5% y dólar a 2.

Stop

Cualquiera que haya tomado un curso introductorio de macroeconomía reconocerá en el modelo de Rollo un IS-LM con precios flexibles, en el que la IS está dominada por el TCR y la oferta agregada se mueve con una Curva de Phillips ampliada por algún componente inercial. El siguiente gráfico, que no explico para ahorrar espacio, describe su esencia.

Algunos comentarios al respecto.

Onda expansiva: Rollo asume el carácter expansivo de un TCR por encima del equilibrio. Cómo la tradición estructuralista sostuviera durante añares (y como desde ESC planteáramos acá y acá) no es obvio que, urbi et orbi, la suba del tipo de cambio sea expansiva. Por cada productor de transables que se beneficia con un dólar más alto hay uno de no transables que se perjudica al ver encarecer sus insumos. ¿Qué efecto prevalece? La respuesta a priori no es evidente.

Asimismo, existe un canal distributivo de espíritu más kaleckiano que puede anular el efecto expansivo sobre los transables. El impacto regresivo de la suba del TCR (en particular por la licuación de los salarios reales) puede incrementar la tasa de ahorro agregada actuando contractivamente sobre la actividad. Personalmente creo que es este el canal de trasmisión más importante de la política cambiara que, según el contexto, puede ser expansivo o contractivo.

Hay que hacer las cuentas, lo que es seguro es que la onda expansiva no está garantizada.

El TCR no está sólo: Si el tipo de cambio afecta los precios a través de su impacto sobre el mercado de trabajo y el nivel de actividad ¿Por qué ignorar a las otras políticas macroeconómicas que afectan la demanda agregada?

En el caso de la política monetaria la respuesta es sabida. Rollo (como Genérico) desconfían del funcionamiento de los canales monetarios tradicionales. Yo, en cambio, soy algo menos escéptico a partir de tres fenómenos en los últimos años: (a) la remonetización via redescuentos de los primeros años de la posconvertibilidad, que evito el colapso del sistema financiero (b) el exponencial crecimiento de la construcción, pooles de siembra y fideicomisos de diversos colores. Cuando la política monetaria reduce las alternativas de inversión, estás tienden a volcarse a la actividad real y (c) los LCD a 50 cuotas sin interés en Fravega.

Dejemos de lado el debate por la política monetaria. ¿Y la política fiscal?

No termino de entender porque Rollo, que ha criticado con saña la equivalencia ricardiana y la neutralidad fiscal en el debate sobre el estimulo fiscal norteamericano se niega a darle la importancia que merece en el debate autóctono.

Si la política fiscal efectivamente afecta por algún canal a la demanda agregada, entonces, para cada nivel de tipo de cambio real, existe una determinada política fiscal, ridículamente contractiva o ridículamente expansiva, que compense el efecto del TCR sobre la actividad. El mecanismo es simple, a través de gasto e impuestos el gobierno puede anular el incentivo positivo (que bajo ciertas condiciones es inflacionario) que el TCR tiene sobre el productor transable.

Dicho de otra manera, el modelo Kirchnerista de Tipo de cambio de 2003-2006 era sostenible en el tiempo, pero a costa de salud, educación, jubilaciones, gasto social, infraestructura, etc. Cuando tuvo que elegir, el gobierno no optó por ninguno. Las consecuencias inflacionarias están a la vista. Yo, por mi parte, compraba para 2003-2006 un modelo con TCR más bajo y menores exigencias fiscales. pero bueno, son elecciones.


Dejo en el tintero para próximos posts debates paralelos como si la política fiscal que vuelve no inflacionario un determinado TCR es sostenible en el tiempo, si puede asociarse linealmente salario de equilibrio con productividad media o cuáles son los mecanismos que vuelven inercial al proceso inflacionario.

Por el momento, sin mas, saluda atte.

Ele