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jueves, enero 14, 2010

La máquina de crecer

No lo puedo evitar. Arranqué 2010 optimista.

Una clave de todo proceso de desarrollo (como escribiera acá) está en las “capacidades” que haya acumulado la estructura productiva: Qué es lo que las firmas han aprendido a hacer y cuáles son las estrategias a las que recurren para crecer.

Durante el proceso de desarrollo, es creciente el peso de las firmas que crecen a partir de inversión en tecnología, ganancias de eficiencia y/o diferenciación de sus productos en perjuicio de aquellas otras cuya fuente de supervivencia descansa en la captura de rentas o en el sostenimiento de poder de mercado.

La “máquina de crecer” de la economía. puede considerarse prendida cuando el primer grupo ha alcanzado una masa crítica que vuelve al proceso autosostenible.

Una pregunta que puede hacerse para Argentina 2010 es ¿Está prendida la máquina de crecer?

Veamos

Tras un prolongado periodo de idas y vueltas, con años de estancamiento (1975-1987), contracción (1988-1991, 1999-2002) y recuperación y crecimiento (1992-1998, 2003-2008), a fines de 2008 la industrial argentina superaba tan solo en un 14% los niveles de producción que mostraba 35 años antes. 35 años han pasado en los que nuestra actividad productiva acumuló un crecimiento promedio de 0,35%.


Sin embargo ¿Cuáles son las diferencias entre esta industria y la de hace tres décadas?

La estructura productiva de Argentina 2008 es la que ha llegado al periodo de crecimiento 2003-2008 sobreviviendo a los inestables 80s, a las tres hiperinflaciones, al proceso de apertura, desregulación, ajuste y reestructuración de los noventa y al colapso económico-financiero y social del fin de la convertibilidad.

La industria nacional actual se mueve en un contexto infinitamente más abierto y competitivo que el de hace 35 años. La política comercial post convertibilidad, MERCOSUR y acuerdos internacionales mediante, es mucho más parecida a la de la convertibilidad que a cualquier año del medio siglo que la precedió, incluso que la intentona neoliberal de los militares.

Hoy la industria destina cerca del 30% de su producción a los mercados externos, en un proceso que comenzó con la década del noventa, se fortaleció durante el periodo de recesión y depresión, cuando la industria viera al mercado externo como un sustituto del contractivo mercado nacional y se consolidó durante la posconvertibilidad.


Este fenómeno ha dado origen al que creo es un cambio estructural en la economía argentina: La diversificación de la plataforma exportadora.

Si miramos indicadores tradicionales de composición de la canasta exportadora es posible que este cambio pase desapercibido. El siguiente gráfico, por ejemplo, da poco para ilusionarse: el 56% de nuestras exportaciones en 2008 era explicada por exportaciones de productos primarios, soja y combustibles, porcentaje que es incluso más elevado que el 48% promedio de la década del setenta. Por otra parte 15 partidas arancelarias, sobre un total de 1274 posibles (desagregado a 5 dígitos) explican el 60% de las exportaciones argentinas, cifra no superior a la de hace 3 décadas.

Sin embargo este tipo de indicadores, que mide la perfomance exportadoras relativas entre distintos productos, tapa el bosque y no deja ver lo que, desde abajo, está pasando con la estructura exportadora. ¿Qué pasa si en vez de ver la distribución de las exportaciones calculamos cuantos son los sectores que superan un umbral mínimo de exportaciones?

En el siguiente gráfico podrán ver cuántos productos, sobre un total de 1274 superan los $ 50 Millones de dólares de exportaciones (en dólares de 2008)


Como puede verse, existen hoy 140 productos de exportación que superan los U$D 50 Millones, cifra 3,5 veces más elevada que la que el país tenía hace dos décadas y 7 veces superior a la composición de 1970.

Estos hechos dan lugar a ilusionarse. Una firma que exporta suele ser, en promedio, cualitativamente distinta a una que no lo hace y esta dotada de competencias mínimas que no necesariamente son requeridas en una firma que apunta al mercado interno: Cuentan con certificaciones de calidad, escalas de producción mayor, suelen operar en blanco y tener mayores vinculaciones con el sistema financiero local o internacional, trabajan con esquemas contractuales más complejos y exigentes (fallar en el tiempo o forma de una entrega puede significar el fin de un contrato millonario) y se mueven en un entorno de mucha mayor competencia, donde la simple competitividad precio generalmente no es suficiente.

Posiblemente este hecho tenga mucho que ver en la dinámica que se observa en el siguiente gráfico. Desde hace dos décadas, y quebrando una tendencia decreciente de por lo menos 10 años, la productividad de la mano de obra industrial ha mostrado un persistente crecimiento. En 18 años el indicador se ha duplicado, con un crecimiento interanual de 4,1%. Para aquellos que creemos que la única manera de mejorar sistemáticamente los salarios y las condiciones sociales de la población es con una mejora continua de la productividad de la economía, esto es una gran noticia.

La pregunta es ¿Será está masa crítica acumulada suficiente para alimentar un proceso de crecimiento sostenido? ¿Estará prendida la máquina de crecer?

Por alguna razón arranqué 2010 optimista creyendo que si. Ojala tenga razón.

Atte

Ele

¡Atención! La transformación de la estructura productiva no garantiza por sí misma cambios en la estructura social. Es una condición necesaria pero no suficiente. Mucho debe hacerse desde el estado para acompañar el “derrame” desde una a otra, derrame que de automático no tiene nada. Pero eso, my friends, es otro tema, y otro post.

jueves, septiembre 24, 2009

Desempleo y productividad- Convertibilidad Vs. Era K

Este post de la semana pasada tenía un anzuelo, diseñado a medida, que para poca sorpresa de este servidor, picó. En el punto 5 arriesgué a considerar al mercado laboral en la década del noventa como afectado por el fenómeno de “desempleo tecnológico, sin ahondar en detalles sobre que quise decir con eso.

Sabemos que no todos los tipos de crecimiento son iguales en su impacto en el mercado laboral, y la experiencia argentina reciente es un caso claro de ello. La pregunta es, entonces:

¿Cómo se explica que para dos periodos de crecimiento del PBI relativamente similar (91-98: 42% vs. 02-07: 48%) el mercado de trabajo haya tenido un comportamiento tan divergente? 

No pretendo en este post encarar una respuesta precisa, ni siquiera una vaga, sino compartir algunos elementos y plantear nuevos interrogantes en un debate para el cual, confieso, todavía no tengo una respuesta que me convenza.


Evolución del empleo y de las horas trabajadas

El gráfico 1 muestra la evolución de las horas trabajadas y cantidad de puestos de trabajo entre 1991 y 2007. Aunque interrumpido por el Tequila, hacia el final del ciclo ascendente de la convertibilidad se demandaban 2.7 Mil millones (MM) de horas de trabajo más que en 1991. En términos de cantidad de empleos esta cifra asciende a 1.9 Millones (M) de trabajos. En el gráfico, la diferencia que se observa entre ambas series se explica por uno de los fenómenos característicos de le época: la caída en la horas semanales promedio por trabajador, que pasa de 30.2 horas trabajadas a 29.9 (¡Esta diferencia equivale a 230 mil empleos!)



Tras la salida de la convertibilidad, y luego de haberse destruido 3.3 MM de horas de trabajo y 950 mil  empleos desde el pico de 1998, comienza el ciclo ascendente. En 2002, en Argentina se trabajaban 0.5 MM de horas menos que una década atrás. En el periodo que comienza entonces el mercado laboral muestra una dinámica claramente distinta. Entre 2002 y 2007 se crean 3.9 M de puestos de trabajo y 7.3 MM de horas anuales hombre, en un proceso combinado de creación de nuevos puestos de trabajo y mayor cantidad de horas semanales por trabajador

Composición sectorial de la demanda de trabajo

La segunda pregunta a hacer es, entonces ¿Cuáles fueron los sectores que crearon y destruyeron empleos durante los periodos analizados? Vean la tabla siguiente

(Para pasar de MM de horas a miles de empleos, divida por 1,5)



Durante la convertibilidad, las 2.7 MM millones de horas se descomponen entre +3.1 MM en los sectores de servicios (más construcción) y -400 en la producción de bienes (sin construcción). En su conjunto se demanda en el primer grupo un 24% más de horas en 1998 que en 1991, con una caída del 7% en el caso de segundo. El sector que individualmente más horas destruye es la industria manufacturera, con 350 M de horas menos y los sectores que más absorben comercio, hoteles y restaurantes (+720 mil) y actividades financieras, inmobiliarias y profesionales (+770 mil).

Desde 2002 el gran motor del crecimiento del empleo también lo constituyen los servicios y la construcción, donde se crean 8 de cada 10 horas nuevas. Las horas trabajadas por estas actividades aumentan un 42% entre puntas, siendo la construcción y el comercio, hoteles y restaurantes las dos ramas con mayor crecimiento individual. En esta oportunidad, sin embargo, los sectores productores de bienes muestran una dinámica inversa al periodo previo. La caída de crecimiento del 7% se convierte en un aumento del 29% en las horas trabajadas, impulsado básicamente por la industria manufacturera, donde se crean 1.1 MM de horas o 750 mil empleos.

Productividad de la mano de obra.

El tercer factor a analizar es el que le da el título a este post. ¿Cómo vario la productividad en las distintas ramas de actividad?

En la siguiente tabla usted podrá ver cuánto producto bruto genera una hora de trabajo en cada uno de los sectores. Así, por ejemplo, el valor de arriba a la izquierda debe leerse de la siguiente manera “en 1991, cada hora trabajada en la economía generó, en promedio, 9,9 pesos de valor agregado” a precios de 1993.




Más allá de la descomposición en cada sector, es interesante notar algunos rasgos: entre 1991 y 1998 la productividad media crecía un 24%, cifra que cae un 7% entre 02 y 07. Los sectores con mayor productividad de la economía son los capital intensivos (la minería, el suministro de luz, gas y agua) y mano-de-obra-calificada intensivos (las actividades inmobiliarias, empresariales y profesionales). En el otro extremo, los sectores menos productivos se agrupan en la actividad agrícola primaria, el comercio, hoteles y restaurantes, la construcción y los servicios comunales, sociales y personales. Aunque no se vea en la tabla, esta relación se mantiene para todo el periodo bajo análisis. Salvo alguna excepción, todos muestran una dinámica creciente en su productividad, concentrada en los primeros 7 años analizados.

Descomponiendo el crecimiento del empleo

Todo lo hasta aquí presentado tenía como objetivo poner un marco al ejercicio que presento a continuación. Es un ejercicio contable. Sus resultados parten de identidades desde las cuales se derivan otras identidades y el objetivo es medir, para los periodos 1991-98 y 2002-07, como se descompone la variación de la demanda de trabajo en tres componentes: Productividad, Crecimiento del producto y composición del PBI.

Los tres efectos se miden de la siguiente manera: El efecto productividad se mide dejando fijo la demanda agregada y la composición sectorial del PBI moviendo tan sólo la productividad. ¿Cuánto empleos no se crearon por el aumento de la productividad? El efecto crecimiento se mide fijando la productividad y la composición del PBI y moviendo la demanda agregada ¿Cuánto empleo se hubiera generado con el crecimiento económico? Finalmente, el efecto composición, nos dice cual hubiese sido la demanda de empleo si dejamos fija la productividad y la demanda agregada de la economía variando tan sólo la participación de cada sector en el total demandado ¿Cuánto vario la demanda de empleo por el crecimiento o caída relativa de sectores más mano de obra intensivos?

Los resultados se ven en la siguiente tabla.



Durante la convertibilidad, el efecto crecimiento habría actuado creando 8.1 MM millones de horas de trabajo. Este crecimiento, sin embargo, fue compensado por un incremento en la productividad que indujo que 4.7 MM de horas no fueran creadas (3.3 MM por efecto productividad sobre el trabajo ya existente y 1.4 MM por la mayor productividad de los nuevos trabajos) con el saldo de desempleo abierto que conocemos. El cambio de composición hacia sectores de mayor productividad de la mano de obra, por otro lado, destruyó 0.5 MM de horas.

Luego de la convertibilidad el crecimiento habría generado 9 MM de horas hombre, 1 MM más que el crecimiento de la convertibilidad. El efecto productividad negativo total, sin embargo, fue muy inferior, destrucción de 2.2 MM (1.5 MM en los trabajos existentes y 0.7 MM en los nuevos creados). El efecto composición recupero las 0.5 MM horas que en la convertibilidad se habían destruido. Así, la característica diferencial de este periodo es que un nivel similar de crecimiento redundo en una mayor incorporación de mano de obra al mercado laboral, revirtiendo la mayor debilidad del mercado laboral de los noventa..

Con toda esta data, que creo hecha un poco de luz sobre a que apuntaba con eso del “desempleo tecnológico", me surgen más preguntas que respuesta, que ruego a usted, lector amigo, me ayude a responder en los comentarios.

¿Qué fue lo que indujo un comportamiento tan diferenciado en la dinámica de la productividad de la mano de obra entre los dos periodos? En los noventa, la productividad de la mano de obra ¿Fue generada la destrucción de las empresas más ineficientes o fue, en cambio, la reconversión y restructuración productiva  de las firmas existentes? ¿Cómo lograr un equilibrio entre los beneficios globales de la mejora de la productividad con los costosos riesgos sociales de una menor creación de empleo? ¿Cómo lograr sostener en el tiempo la productividad de la actividad productiva argentina?

En fin, les dije que terminaba con más preguntas que respuestas. El que avisa no es traidor.

Atte

Ele

lunes, octubre 22, 2007

El mito 2: La queridísima PTF

By Generic Juan

Salvado por poco de un ruinoso fracaso, en el post anterior intentamos (N.de Elemaco: IntentO….yo me lavo las manos) plantear algunas impresiones sobre productividad. En realidad, dado que nadie quiere defender a los ’90, cuando se lo ataca el tema no levanta mucha controversia que digamos. Pero, como no soy un ególatra como el dueño de este espacio (si, si, vos L.), me banco redoblar la apuesta… y además Musgrave me dio el aaaaadentrooooo (mucho Pumas últimamente) con el tema de la PTF.

Seguramente, muchos de los no economistas que visitan este blog se preguntaran qué son esas siglas que tanto mencionamos los economistas y que además casi, casi siempre acompañamos con un convencidísimo un: buee… igual, no se puede medir eso.

Cuando hablamos de la PTF, no referimos ni más ni menos a la Productividad Total de los Factores. Hace muchos, pero muchos años (50 aprox) un tal Robert Solow (luego, premio Nóbel) formuló lo que más adelante sería el archiconocido modelo de crecimiento neoclásico.

En este modelo, el crecimiento del producto de un país puede descomponerse en el aporte del capital, el trabajo y un residuo, a saber: el residuo de….si….Solow. Asoció el autor este residuo con el progreso técnico, pero esto no quedó ahí. Solow Deriva, con sus derivadas sesudas, que el crecimiento de largo plazo depende exclusivamente del crecimiento de este residuo, al que llamó PTF.

Entonces, y dado que hoy somos todos neoclásicos (y peronista, claro esta) al evaluar la sostenibilidad del crecimiento, muchos van a estimar este residuo. La intuición es que, si el crecimiento es impulsado por la PTF, la cosa va a andar. Y, como decíamos acá, se asocia incremento de la productividad (aka. PTF) con el crecimiento del producto.

El mito, dice entonces que durante los ’90 el país vivió algo así como un boom de productividad (si alguien quiere, puedo enviar referencias bibliográficas), que como ya dijimos, apoyaba la idea de que la convertibilidad era sostenible.

Pero, como decíamos, autorizados por Musgrave, nos embarcamos, quemando un de otra manera productivo fin de semana, en la titanica tarea de calcular la PTF, incorporandole, para alegria de la dama y del caballero, algunas correcciones usualmente omitidas, pero que son fundamentales para explicar los resultados: básicamente dos, utilización de los factores, y calidad de los mismo…

¿y que nos dió? (N.de Elemaco: Aunque desearia llevarme el merito, debo lavarme las manos tambien de este calculo. Yo dormia la siesta mientra el Generico laburaba para el blog)

¿Qué es lo que vemos en este grafiquín? Lo que se hizo fue descomponer el crecimiento observado del PIB, en el aporte de los factores capital, trabajo y el residuo de Solow o PTF. Si usted leyó el post anterior, recordara que una de las conclusiones es que si hubo algo aproximadamente similar a un boom de productividad, esto ocurrió en los primeros años de la convertibilidad.

Bueh, esta forma de “estimar” la productividad muestra que, el “mayor” aporte de la PTF se da entre 1991 y 1998, pero que en ningún caso explica más del 35% del crecimiento del PIB. A modo de comparación, tengase en cuenta que Solow cálculo que 65% del crecimiento de USA era PTF… aunque, es sabido que esos número nunca fueron muuy creíbles.

Por el resto, si tomamos todo el período convertible, el “aporte” de la PTF no supera el 20% y se encuentra un valor similar al observado entre 2002 y 2007 (como bien apunto Musgrave, hay un paper que muestra, que introduciendo alguna corrección más en el cálculo de la PTF, que su aporte durante la convertibilidad es aún menor)

Pero lo que más debería llamar la atención, es que si tomamos el período más largo para el cuál tenemos datos (17 años) la PTF crece a un módico 0,8%... o sea que si Solow tenía razón, el crecimiento de largo plazo de nuestro país se ubica bien por debajo del 8% actual, y además, como dijimos, la convertibilidad no parece habernos dado eso que a muchos les gusta mencionar, y es, si, si, un shock de productividad. Claro, está, tampoco se observa que el TCR alto nos haya dado eso…

Conclusion apresurada a la Felipe Pigna: Mito del shock de productividad de los noventa R.I.P., Non-existent!!

Si hasta aqui le gusto y ud podrá esta más o menos de acuerdo con lo dicho… Shame on you!!! Uno nunca jamás debe creerle a los númeroz (con z de zaraza)!!. Aquí, se intentó estimar la PTF tal como lo indica “el manual” (cosa, que en muchos trabajos aplicados al país no se hace), pero sin embargo, su basamento teórico sigue siendo, como minimo endeble. Digamos:

1. Supone que existe la función de producción agregada lo cuál es, en términos teóricos, muy discutible. Controversia del capital, errores en su formulación, poca aplicabilidad práctica, supuestos más que heroicos, etc. Quien quiera hacerlo, que dispare a voluntad. (N.De Elemaco: ¿suena el “fetiche con la inversión"?)

2. Más allá de 1, se postula una función de producción agregada que hace explícita abstracción de factores de demanda, lo cuál, también es debatible.

3. Por construcción, el residuo de Solow, además de captar la PTF, capta todos los errores de cálculo y estimación que se realicen. Supongamos que para medir el aporte del capital tomamos el stock y no la utilización del mismo. En este caso, todo el ciclo del capital queda captado por la PTF, y por lo tanto crece el aporte de la PTF al crecer del PIB (algo así quiso corregir Elemaco en el post anterior). Error de los más comunes al estimar la PTF.

4. Asimismo, es discutible el hecho que el residuo capte la productividad. Puede mostrarse que el cálculo de la PTF no es más que una transformación de una identidad de las cuentas nacionales, y que si algo capta, más que productividad es cambios en la distribución.

5. Y si usted llegó hasta aquí, le agradezco su tiempo, y recuerde, si alguien le habla sesudamente de la PTF, por las dudas… huya.

Gratos saludos; El Genérico, Generic Juan, o cualquier otro nombre estándar que permite preservar mi identidad.

viernes, octubre 19, 2007

Dandole correa a la fiera

El mito argentino… chan, chan…. by Generic Juan

Invitado a participar de un blog (este, je) sobre economía (creo), se me ocurren pocas cosas importantes para opinar (no por que no las haya, sino más bien por que no creo poder decirlas yo) en un concierto de voces que crece de manera exponencial. ¿De que podemos hablar? Recordando la máxima de Rollo, debe ser provocativo antes que sensato el tema será…la productividad ¿Por que? Por que si.

Veamos. Supongamos que una economía ocupó toda su fuerza de trabajo, y la hace trabajar (vale redundar) el máximo de horas posible sin que se modifique la cantidad de bienes y servicios que produce ese trabajo/hora. Bueh, esa economía no crece. Tal vez, por eso que esto importa, por que generalmente los economistas tendemos a asociar incrementos sostenidos de productividad con crecimiento sostenido del producto. Además, si leíste la trilogía del fetiche (la una rompió récords, la dos anduvo, pero la tres… ay, mamita, fue un rotundo fracaso) sabrás que el crecimiento de la productividad importa.

En la mitología económica argentina (y en algún que otro trabajo académico, que aunque ud no lo crea incluye a un premio Nóbel) es común el postulado de que durante la década del ’90, crecimos gracias a un importante shock de productividad que nos llevaba al primer mundo. El mito dice también que la industria que sobrevivió al chubasco del 1 a 1, es la eficiente y de mayor productividad, ergo, el actual renacimiento de los “muertos vivos” deberia afectar la productividad promedio de la economia. ¿Esto le suena? Si le suena y quiere ver si esto es cierto, come along. Si no le interesa, a lo suyo.


Mmm… la productividad media de la industria parece crecer en torno a una tendencia más o menos definida (2,4% anual), sin que se observen cambios sustanciales fruto del cambio de modelo. Ok, entre 1993 y 1996 la cosa parece caminar, pero luego el bicho se estanca bastante para retomar el crecimiento a partir de 2003/04, no parece que la industria de ahora sea menos productiva que la anterior. Asi que si te gustaba la de los ’90, al menos compra la de hoy, que además de incrementar su productividad, redujo al galope el desempleo.

Hasta aquí la industria. Bien es sabido (o dicho) que ese shock de productividad deberíamos buscarlo en los servicio, en el agro, en otros lugares, donde la cosa anduvo mucho mejor.


Y la cosa no parece taaaan diferente. Arranca muy bien hasta 1997, para luego quedarse ahí… planchadita, y darle para arriba recién en los últimos 3-4 años. Veamos, que en entre 1993 y 1998 (pico convertible) la productividad media creció un 2,8% por año. Entre 2003 y 2006, el crecimiento fue de 2,3% anual

¿Recuerda usted las pelotitas de Elemaco*? Si, claro que sí… bueno, acá vemos de cerca los dos modelos (pero con énfasis opuesto), con crecimientos de la productividad en sus primeros años. Claro, la gran diferencia búsquela en el numerador, ya que en los últimos años, el crecimiento de la productividad fue acompañado por un fenomenal incremento en el empleo y, tal vez, en las perspectivas de sustentabilidad. Aquel, bueh, sabemos donde terminó.

Generic Juan

*N.de.E. Obligosele al autor a realizar al menos dos citas autorefereciantes como condición sine qua non para la publicación del post, que como verán, y para la alegría del anfitrión, ha sido cumplido a la perfección