No lo puedo evitar. Arranqué 2010 optimista.
Una clave de todo proceso de desarrollo (como escribiera acá) está en las “capacidades” que haya acumulado la estructura productiva: Qué es lo que las firmas han aprendido a hacer y cuáles son las estrategias a las que recurren para crecer.
Durante el proceso de desarrollo, es creciente el peso de las firmas que crecen a partir de inversión en tecnología, ganancias de eficiencia y/o diferenciación de sus productos en perjuicio de aquellas otras cuya fuente de supervivencia descansa en la captura de rentas o en el sostenimiento de poder de mercado.
La “máquina de crecer” de la economía. puede considerarse prendida cuando el primer grupo ha alcanzado una masa crítica que vuelve al proceso autosostenible.
Una pregunta que puede hacerse para Argentina 2010 es ¿Está prendida la máquina de crecer?
Veamos
Tras un prolongado periodo de idas y vueltas, con años de estancamiento (1975-1987), contracción (1988-1991, 1999-2002) y recuperación y crecimiento (1992-1998, 2003-2008), a fines de 2008 la industrial argentina superaba tan solo en un 14% los niveles de producción que mostraba 35 años antes. 35 años han pasado en los que nuestra actividad productiva acumuló un crecimiento promedio de 0,35%.
Sin embargo ¿Cuáles son las diferencias entre esta industria y la de hace tres décadas?
La estructura productiva de Argentina 2008 es la que ha llegado al periodo de crecimiento 2003-2008 sobreviviendo a los inestables 80s, a las tres hiperinflaciones, al proceso de apertura, desregulación, ajuste y reestructuración de los noventa y al colapso económico-financiero y social del fin de la convertibilidad.
La industria nacional actual se mueve en un contexto infinitamente más abierto y competitivo que el de hace 35 años. La política comercial post convertibilidad, MERCOSUR y acuerdos internacionales mediante, es mucho más parecida a la de la convertibilidad que a cualquier año del medio siglo que la precedió, incluso que la intentona neoliberal de los militares.
Hoy la industria destina cerca del 30% de su producción a los mercados externos, en un proceso que comenzó con la década del noventa, se fortaleció durante el periodo de recesión y depresión, cuando la industria viera al mercado externo como un sustituto del contractivo mercado nacional y se consolidó durante la posconvertibilidad.
Este fenómeno ha dado origen al que creo es un cambio estructural en la economía argentina: La diversificación de la plataforma exportadora.
Si miramos indicadores tradicionales de composición de la canasta exportadora es posible que este cambio pase desapercibido. El siguiente gráfico, por ejemplo, da poco para ilusionarse: el 56% de nuestras exportaciones en 2008 era explicada por exportaciones de productos primarios, soja y combustibles, porcentaje que es incluso más elevado que el 48% promedio de la década del setenta. Por otra parte 15 partidas arancelarias, sobre un total de 1274 posibles (desagregado a 5 dígitos) explican el 60% de las exportaciones argentinas, cifra no superior a la de hace 3 décadas.
Sin embargo este tipo de indicadores, que mide la perfomance exportadoras relativas entre distintos productos, tapa el bosque y no deja ver lo que, desde abajo, está pasando con la estructura exportadora. ¿Qué pasa si en vez de ver la distribución de las exportaciones calculamos cuantos son los sectores que superan un umbral mínimo de exportaciones?
En el siguiente gráfico podrán ver cuántos productos, sobre un total de 1274 superan los $ 50 Millones de dólares de exportaciones (en dólares de 2008)
Como puede verse, existen hoy 140 productos de exportación que superan los U$D 50 Millones, cifra 3,5 veces más elevada que la que el país tenía hace dos décadas y 7 veces superior a la composición de 1970.
Estos hechos dan lugar a ilusionarse. Una firma que exporta suele ser, en promedio, cualitativamente distinta a una que no lo hace y esta dotada de competencias mínimas que no necesariamente son requeridas en una firma que apunta al mercado interno: Cuentan con certificaciones de calidad, escalas de producción mayor, suelen operar en blanco y tener mayores vinculaciones con el sistema financiero local o internacional, trabajan con esquemas contractuales más complejos y exigentes (fallar en el tiempo o forma de una entrega puede significar el fin de un contrato millonario) y se mueven en un entorno de mucha mayor competencia, donde la simple competitividad precio generalmente no es suficiente.
Posiblemente este hecho tenga mucho que ver en la dinámica que se observa en el siguiente gráfico. Desde hace dos décadas, y quebrando una tendencia decreciente de por lo menos 10 años, la productividad de la mano de obra industrial ha mostrado un persistente crecimiento. En 18 años el indicador se ha duplicado, con un crecimiento interanual de 4,1%. Para aquellos que creemos que la única manera de mejorar sistemáticamente los salarios y las condiciones sociales de la población es con una mejora continua de la productividad de la economía, esto es una gran noticia.
La pregunta es ¿Será está masa crítica acumulada suficiente para alimentar un proceso de crecimiento sostenido? ¿Estará prendida la máquina de crecer?
Por alguna razón arranqué 2010 optimista creyendo que si. Ojala tenga razón.
Atte
Ele
¡Atención! La transformación de la estructura productiva no garantiza por sí misma cambios en la estructura social. Es una condición necesaria pero no suficiente. Mucho debe hacerse desde el estado para acompañar el “derrame” desde una a otra, derrame que de automático no tiene nada. Pero eso, my friends, es otro tema, y otro post.



