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miércoles, octubre 20, 2010

Desrelativizando la descomplejización del desarrollo

Estimados, hete aquí un post coautorado entre este servidor y Gabriel Zelpo, joven estudiante de economía de 22 años, a quien he tenido el placer de conocer en mi pasada como economista jefe de Analytica (y antes en sus encubiertas visitas a la BEA).

Hace algo más de dos meses, en su última aparición pública, Genérico integraba en un post dos de esas grandes obsesiones de este blog (bah, de la BEA en general): Por un lado, Brasil y, por otros, los impactos del tipo de cambio real sobre el desarrollo de un país. En un post donde desgranaba la canasta exportadora, Gene concluía que Brasil estaba experimentando un proceso de “descomplejización” y primarización de la economía, conclusión a la que llegaba, argumentos más, argumentos menos, a partir de la lectura del siguiente gráfico


Desde el 2000 a esta parte las exportaciones de productos básicos y semifacturados han ganado casi 10 puntos de participación en el total exportado, en perjuicio de las manufacturas. Viendo esto, se pregunta Gene en aquel post: ¿No sería entonces (el de Brasil) otro caso de enfermedad holandesa para una economía pequeña y abierta? el shock positivo de Términos de Intercambio te aprecia el tipo de cambio e impulsa las exportaciones básicas, al costo no menor, de bloquear el proceso de complejización productiva.

Ahora bien ¿es realmente lo que muestra Gene una señal de descomplejización de la economía que debe preocupar?

En primer lugar, permítannos comparar la performance exportadora de Brasil con la Argentina, país que, con una estructura productiva relativamente parecida, mantuvo una política cambiaria distinta que buscó, explícitamente, evitar los impactos negativos de una posible enfermedad holandesa.

El siguiente gráfico puede verse como, en Brasil las Manufacturas industriales* pasaron de representar el 65% del total de las exportaciones en 2000/01 al 52% en 2007/2008. En  Argentina del modelo de tipo de cambio real competitivo, en cambio, esta caída fue mucho menor,  de tan sólo 2% desde 37% a 35%.

Esto, a simple vista, es un punto a favor de la tesis que defiende la idea de que el TCR competitivo inmuniza a un país frente al impacto primarizador de una moneda muy fuerte.




Ahora bien, insisto ¿es esto realmente indicios de que Brasil se está “descomplejizando” y primarizando, al menos vis a vis el país que tomo recaudos frente a la enfermedad holandesa?

Nop

Básicamente, puede decirse que Genérico (como gran parte de la literatura sobre el tema, valga aclarar) ha sido víctima del fetiche del relativismo. A saber: interpretar linealmente “composición relativa” de la canasta exportadora como “complejidad” de la economía. Abandonemos, por un instante el relativismo para zambullirnos en el maravilloso e iluminador mundo del absolutismo metodológico. Dejemos de mirar composiciones relativas para mirar tasas de crecimiento

Como punto de partida, tenemos en Brasil un crecimiento de 220% entre 00/01 y 07/08 frente al 150% de Argentina en el mismo periodo. A simple vista, la mayor apreciación parece no haber afectado la dinámica global de las exportaciones.

Sin embargo, sabemos que la composición importa. Centrémonos entonces en las exportaciones primarias (incluyendo al petróleo refinado) y en las manufacturas de alimentos.

En el siguiente gráfico podrá ver como el crecimiento fue superior en Brasil para todos los rubros analizados: Algo menos para la exportación de productos agropecuarios, pesca y madera (primeras dos columnas) y de manufacturas alimenticias (utlimas dos, que incluyen carne, lácteos, soja, entre otros). algo más para en el caso del petróleo, donde Brasil octuplica sus exportaciones, y minería, con un crecimiento de 517% vs 289% en Argentina. Téngase en cuenta que esta diferencia no puede ser atribuida a los términos de intercambio, shock común a ambos países.

Es decir, hasta aquí tenemos que la apreciación cambiaria no habría afectado la dinámica exportadora de los productos “poco complejos”.

Pero claro- dirán -el verdadero problema de la enfermedad holandesa es el impacto negativo sobre los transables que si importan, los más complejas, los industriales. En el siguiente gráfico podrán ver, sin embargo, como la aparente descomplejizacion del enfermo holandés se esfuma cuando vemos que, durante el mismo periodo, las exportaciones “complejas” crecieron un 155%, incluso un 27% por arriba del crecimiento Argentino.

El resultado es aún más llamativo si desagregamos a las exportaciones industriales según el grado de intensidad de la mano de obra (la definición la pongo en los comments), donde uno esperaría que el  impacto expansivo de una política de tipo de cambio competitivo sea mayor. Puede verse, sin embargo, como la diferencia se mantiene alrededor de 27% (166% vs 139% y 144% vs 116%).

Es decir, el TCR apreciado en Brasil, con su correlato de salarios más altos en dolares,  ni siquiera tuvo un impacto negativo visible sobre las actividades mano de obra intensivas (como textiles y calzado, productos de madera,etc )  

En conclusión lo que se observa en nuestro principal socio es que no sólo no hay indicios de que la estrategia cambiaria haya tenido impactos negativos sobre la “complejización” de las exportaciones sino también que, cuando nos quitamos las gafas del relativismo, tampoco parece haber afectado la integración comercial con el resto del mundo (no al menos al compararlo con un país que logró contener las subas salariales durante años con tal de mantenerse barato para vengan a comprarle sus manufacturas).

Requiem al impacto descomplejizador del tipo de cambio.

Dicho esto ¿Cuáles son las enseñanzas que podemos extraer del vecino en vistas de que Argentina enfrenta un inevitable proceso de apreciación cambiaria? Si los hay ¿Cómo evitar los impactos negativos que puede traernos la apreciación?

Atte

L y G

*Aclaración: definimos industriales como manufacturas no alimentos (rubro 15) ni petróleo refinado (rubro 23), definición que es distinta a la de MOA y MOI del INDEC.

lunes, mayo 31, 2010

Sistema previsional ¿Mito urbano kirchnerista?

Uno de los grandes mitos urbanos de la corta década kirchnerista es que el proyecto político incluye un cambio radical en su tratamiento a jubilados y pensionados respecto a la década previa, marcada por el desinterés y abandono por la clase pasiva.

¿Cuánto de cierto tiene este mito?

Permítanme ponerlo a prueba con un poco de data duro. Verá que, como todo mito, este tiene una porción cierta y algunos bemoles. Hagamos un punteo de sus principales características y saque el lector, ponderando según sus preferencias individuales, sus conclusiones generales.

1) El kirchnerismo, a través de la moratoria de fines de 2006, aumentó notoriamente la cobertura del sistema previsional para ubicarla muy cerca de sus máximos teóricos y revirtiendo el fuerte deterioro observado desde 1991. Si pensamos que hoy debe haber unas 3.4 millones de mujeres mayores de 60 años y alrededor de 1.7 millones de hombres por arriba de los 65, los 5.1 millones de jubilados y pensionados (a lo que debe restarselé unos 250 mil jubilados menores de 60/65 años) representan una tasa de cobertura del 97%, muy por arriba de las mejores expectativas que uno podría tener.

Al incrementar como se hizo la tasa de cobertura, se universalizó el derecho a un ingreso durante la vejez, con independencia de la suerte que uno haya tenido en vida activa (click para agrandar).

2) Asimismo, durante el gobierno de Néstor Kirchner se observa una sensible mejora en la jubilación mínima que duplica el poder su poder de compra desde cerca de $ 200 a $ 400 (en pesos de 2003). Durante el gobierno de Cristina, en cambio, la jubilación mínima desciende como resultado del la erosión inflacionaria hasta ubicarse, en promedio, un 10% por debajo que la que ella recibiera al asumir.

3) Sin embargo, la dinámica de la jubilación mínima es solo una parte del comportamiento de la pirámide previsional. Como puede verse en los siguientes gráficos, en 2002 tan solo el 10% de los jubilados cobraba la jubilación mínima en tanto algo más del 50% cobraba, como mínimo, dos veces este valor. Las sucesivas subas de la mínima sin ajustes equivalentes en las otras porciones de la pirámide llevó a un fenomenal achatamiento en el que casi el 75% de los retirados es perceptor de la mínima (60% si no consideramos quienes entraron por la moratoria de 2006). En el extremo opuesto, hoy tan solo el 15% cobra al menos dos veces la mínima.

(La curva azul representa la evolución teórica sin considerar los 1.8 millones de nuevos jubilados por la moratoria de 2006)

Lo que se observa es una muy fuerte redistribución al interior del sector pasivo, en el cual un porcentaje ha mejorado notablemente su situación mientras otro grupo se encuentra todavía hoy por debajo de la situación que tenía en 2001. El achatamiento de la pirámide previsional mejora la función redistributiva del sistema, a costa de un alto porcentaje de jubilados que tienen una situación inferior a la de una década atrás. Redistribuir siempre implica que alguien gana y alguien pierde.

Ahora bien ¿Cuál fue el resultado neto de esa redistribución interna?

4) En el siguiente gráfico (izquierda) verán como la jubilación promedio es hoy un 15% inferior a la de 2001 (cuando Cavallo recortó el 13%) en tanto la jubilación promedio si no consideramos a los jubilados que ingresaron con la moratoria (que entraron cobrando la mínima) está un 6% por debajo de la de fines de la convertibilidad. Recuerden que, en el ínterin, la recaudación en concepto de prestaciones de la seguridad social creció un 50% en términos reales, como resultado de las mejoras en la masa laboral registrada y el incremento del porcentaje de aportes sobre la masa salarial.


5) El resultado de esta asimetría entre crecimiento de la jubilación promedio y recaudación es un saldo previsional positivo del orden de los $ 10 mil millones desde 2005, que anualmente son transferidos a rentas generales. Estos $ 10 mil millones de superávit previsional que el sistema transfiere no es muy distinto a lo que antes se acumulaba en las cuentas de capitalización. Esto es, al destruir la capitalización el gobierno convirtió un flujo de recursos que antes se ahorraba en gasto corriente. Para ponerle un orden de magnitud a estas cifras, el superávit transferido al tesoro en 2009 ($ 14 mil millones) permitiría otorgar un aumento de $ 210 a los cinco millones de jubilados. Esto es, incrementar la jubilación promedio de 2009 en 47%.

Lo que antes se ahorraba, hoy es administrado por un gobierno con una propensión a consumir superior a uno, con los impactos macroeconómicos que ya hemos mencionado lo suficiente como para que valga la pena repetirlo acá. Entonces ¿Qué es lo que debería hacerse con este saldo excedente? Cuatro son las opciones que se me ocurren: (1) Aumentar las jubilaciones hasta agotar los recursos excedentes (2) reducir las contribuciones sociales aumentando el ingreso de los trabajadores y/o reduciendo el costo salarial (3) crear un fondo de ahorro previsional al cual se dirijan los flujos de fondos excedentes (y del cual se extraigan en caso de ser necesario) o (4) devolver a la masa coparticipable los recursos que hoy se transfieren al sistema previsional. Si plesbicitaran, yo voto por la tres.

¿Sobrevive el mito?

Mi conclusión personal (que toma como referencia al sistema previsional ideal) tiene como resultado una valoración neutral, un empate, al combinarse una de las mejores medidas de la era K (la moratoria previsional) con una de las peores (la destrucción del sistema mixto en septiembre de 2008). Hoy tenemos un sistema que cumple mucho mejor que en el pasado su rol de redistribución del ingreso hacia la clase pasiva, pero falla en el cumplimiento del segundo objetivo de cualquier sistema previsional, a saber: inducir (o forzar) un alza el ahorro de la población, especialmente importante en una economía con baja tasa de ahorro como la nuestra

Hasta aquí mi aporte, ustedes ¿Cómo ponderan los cinco puntos?

lunes, mayo 03, 2010

Doble Nelson al último de los gemelos

El gobierno eligió su ancla. Prácticamente planchado desde julio de 2009, el dólar es hoy el único ancla nominal de la economía para hacer frente a la aceleración inflacionaria.


Lo primero es definir el punto de partida. La inflación, montada sobre un componente inercial de 15% de 2009, rondaría entre 20% y 25% durante 2010. La regla de tres que nos lleva a esta inflación anual es simple: Con 1% de inflación mensual hasta fin de año cerramos el año en 16%, con 1,5% en 21% y con 2% en 27%. Mi estimación puntual es 22,5%, con 2,5% de margen de error.

¿Cómo haría el tipo de cambio el trabajo sucio de desacelerar la escalada inflacionaria?

Los canales son al menos tres.

El primero de ellos es el de Rollo, que fue largamente debatido en la BEA (acá y acá y acá y acá y acá y acá entre otros). La apreciación cambiaria actuaría contractivamente sobre el nivel de actividad y desde allí sobre la variación de precios. Mucho se ha escrito sobre esto en las últimas semanas como para valga la pena entrar en más detalles, aunque explicitar la causalidad puede ayudar: primero enfrías ergo desinflacionas.

El segundo es el rol coordinador que puede tener el tipo de cambio en una economía donde la inflación ha vuelto borrosa la información de precios. La propia falta de coordinación entre los agentes, por razones que explicáramos acá, genera inflación. En el caso local, este canal se ve agravado por la ausencia de índices oficiales creíbles, fenómeno que tiene el impacto directo de ceder la coordinación de las expectativas inflacionarias a las múltiples y volátiles estimaciones privadas. Un ancla creíble puede encauzar expectativas divergentes hacia una que coincida con la de la devaluación explícita o implícitamente anunciada.

El tercero canal antiinflacionario del ancla cambiaria es el directo. Un tipo de cambio quieto abarata el precio en pesos de las importaciones, poniendo un techo al incremento de precios de muchos bienes (entre ellos, los alimentos).

Ahora bien ¿Qué puede evitar que estos canales funcionen?

Empiezo por el fácil. El canal directo es lineal. El precio en pesos de un bien importado es su precio en dólares multiplicado por el tipo de cambio. Esta afirmación se mantiene aún si la cadena comercializadora tiene márgenes variables.

El canal contractivo de Rollo, en cambio, tiene dos peros.

El primero es que, en el corto plazo, anclar el tipo de cambio tiene un efecto expansivo sobre el nivel de actividad. El efecto negativo que sobre las cantidades de empleo tendría la apreciación (si ese efecto existe, claro) se ve inicialmente compensado por el efecto positivo sobre el nivel de salarios reales. En el corto plazo (en el mediano vemos) es mayor la expansividad por la suba de sueldos de 17 millones de personas con empleo que la contracción por los despidos en las fabricas de juguetes, remeras de algodón y zapatillas que ya no podrán competir con China y Brasil. Para más referencias ver Calvo & Vegh (1994)

El segundo problema surge por la expansividad que se observa en las otras políticas macroeconómicas. El ancla cambiaria debe hacer frente a un gasto público creciendo entre 35% y 40% interanual (con una recaudación creciendo por debajo del 25%) y a una política monetaria claramente expansiva (cualquier tasa de interés que uno vea está por lo menos dos dígitos en terreno negativo). Podemos debatir en extenso si la actividad responde más al Tipo de Cambio Real o al impulso fiscal, pero creo que hay pocas dudas de que un gasto creciendo al 40% es una complicación casi insalvable a cualquier intento de estabilización nominal.


Ahora bien, sabiendo que, aún si sobrevive a la expansividad fiscal, el canal de Rollo puede tomar su tiempo en empezar a actuar (casi con seguridad más de los 17 meses que nos separan de las elecciones) ¿Qué puede esperarse del canal de coordinación de expectativas?

Este canal tiene tiene también dos problemas. El primero es que para que coordinemos nuestras expectativas con el ritmo de devaluación esperado, este tiene que ser creíble en términos políticos. Es decir, que creamos que el gobierno mantendrá el compromiso (no asumido) del ancla del tipo de cambio o, como dijo Rollo en una frase que ya no encuentro, que a Nestor tiene que gustarle más el poder que el tipo de cambio real alto.

El segundo es, sencillamente, que debemos creer que el ancla cambiaria es económicamente sostenible en el tiempo.

El límite natural a cualquier intento de anclar el tipo de cambio es el Balance de Pagos. Un pasado de más de un lustro de superávit de cuenta corriente y acumulación de reservas nos han llevado a menospreciar los problemas de balance de pagos pero ¿Qué tan lejos estamos de la muerte del segundo gemelo? Si tengo que arriesgar una respuesta diría que a menos de doce meses.

“[…] Las estimaciones preliminares para 2011 muestran que […] de no revertirse la tendencia hacia el recalentamiento y la aceleración inflacionaria, Argentina podría tener en 2011 su primer déficit de cuenta corriente desde 2001 al pasar de un superávit del orden de 1,5% para 2010 a un rojo de 1% en 2011. 

Sin embargo, las mayores complicaciones del frente externo se volverían realidad a partir 2012. Incluso un escenario conservador en términos de crecimiento e inflación […] y optimista en término de exportaciones […] arrojaría para ese año un déficit de cuenta corriente de 3% del PBI.”

Suena sensato y a mí las cuentas me dan algo parecido. Un crecimiento de las importaciones de 25% interanual (nada demasiado exigente si pretendemos empujar por encima del 5% de crecimiento del PBI y dejar apreciar la moneda) con exportaciones creciendo al 15% alcanza para obtener esos resultados. La muy buena performance reciente de las exportaciones argentinas, con un crecimiento promedio de 18% entre 2003 y 2008 estuvo en parte explicada por factores excepcionales: La particular evolución en los términos de intercambio, el corrimiento de la frontera agropecuaria como resultado del salto tecnológico o el crecimiento históricamente alto de nuestros socios comerciales. ¿Podemos esperar una performance equivalente en el próximo bienio? Al menos coincídanme que es un escenario poco probable.

Así, la combinación de un ancla en el tipo en el tipo de cambio, una política fiscal expansiva y una economía cerrando su brecha de producto seria una Doble Nelson para la coyuntura de balance de pagos que deberá afrontar quienquiera que este en el Sillón de Rivadavia en 2011. La moraleja es clara. Argentina vivió una década feliz con crecimiento que durante mucho tiempo avanzó sin enfrentar sus restricciones naturales. Desde 2007 la inflación pone un límite a los estériles intentos expansivos de la política macroeconómica. Se nos acerca vertiginosamente la segunda restricción, la conocida, la que duele ¿Vamos a seguir escupiendo para arriba?

Atte

Ele

viernes, abril 16, 2010

Trivia devaluatoria

Claramente este no es un post para viernes a la mañana, pero genérico canto pri el post del próximo lunes así que, nobleza obliga, encaro el post sabiendo que será de corta data (un viernes y el finde).

El debate iniciado por Genérico ha tomado vuelo propio, con respuesta de Lucas, de este servidor,  del Profe y del 0,33%. ELY aún se mantiene en silencio, pero algunos dicen que está tomando envión nomás.

Algunas afirmaciones sobre las que creo estaríamos más o menos de acuerdo
1) Un TCR Real alto, si tiene impactos inflacionarios, es a través de su impacto nivel de actividad (sobre el impacto del TCN en la inflación no se ha hablado).
2) Si existe un impacto expansivo de un TCR real alto sobre el nivel de actividad, este necesariamente tiene un límite. Eventualmente la expansividad será absorbida por los precios.
3) El TCR real alto es técnicamente sostenible en el tiempo, a partir de un mix determinado de política fiscal-TCR

Olivera incorpora al debate una pata adicional: El potencial impacto positivo de una política de tipo de cambio real alto en el sendero de desarrollo. No pretendo hacer un análisis sobre ello sino simplemente plantear un interrogante. Al que dé la primera respuesta convincente, una foto autografiada de Genérico estrenando la temporada de mallas primavera verano 2010.

Imaginemos a la economía cerca de su equilibrio, donde equilibrio debe entenderse como lo planteó Lucas. Esto es, el punto del mercado de trabajo y/o del nivel de producto tal que cualquier intento de expansión se traslada principalmente a salarios y/o precios y no al nivel de empleo/producto. El mix de política fiscal y cambiaria es tal que no hay presiones expansivas y no hay proceso inflacionario ni componentes inerciales.

Posiblemente cerca de ese punto se encontraba la economía argentina en 2007

En ese punto, el gobierno realiza una corrección al alza del TCR que luego es compensada perfectamente con la política fiscal, evitando el efecto expansivo que simplemente afectaría el nivel de precios arrastrando al TCR a su nivel previo (con una dinámica como la explicada por Rollo). De manera persistente el TCR se mantiene en un nivel más alto.

En términos esquemáticos, se induce un movimiento desde el punto A al B en el siguiente gráfico.

La pregunta es ¿Cuáles son los canales a través de los cuales el nuevo precio relativo y la nueva posición de la economía impulsa el desarrollo económico?

Recuerden, ese canal no puede ser expansivo porque, por definición del problema, todo impulso expansivo se traslada a precios.

Me anticipo mencionando algunos canales

1) Externalidades: Un argumento, defendido por Dani Rodrick, es que la suba del TCR impulsa el desarrollo porque beneficia a las actividades transables respecto a las no transables, donde aquellas son mejores que estas. La explicación de porque las actividades transables son mejores que las no transables se centra en el supuesto de que generan más externalidades sobre la economía. Nunca leí una explicación convincente de porque esto es así.

2) Ahorro: Un segundo argumento es que la suba del TCR incrementa el ahorro agregado y, desde allí la inversión y el sendero de crecimiento. Entiendo que el mecanismo que afecta la tasa de ahorro es de espíritu kaldoreano, esto es, afecta la distribución del ingreso y la riqueza. Si este efecto sobre el ahorro efectivamente existe, y el canal es el distributivo, permítanme meter al debate todo lo mencionado al respecto en este post de Enero

3) Balance comercial: El tercero, en el cual posiblemente resida la respuesta, es el impacto que un TCR más elevado tiene sobre el balance comercial. La persistencia de resultados positivos aleja el fantasma de las crisis de balance de balance de pagos y permite la construcción de colchones anticiclicos. La menor incertidumbre macroeconómica no puede sino tener impactos positivos sobre el sendero de desarrollo. Al respecto:

a. La persistencia de influjo de dólares ejerce presión sobre la política monetaria, que está ocupada sosteniendo el tipo de cambio. El nunca bien ponderado "Trílema monetario". Muchos objetivos, pocas herramientas.

b. En varias oportunidades desde aquí relativicé la elasticidad del balance comercial al TCR. Si bien no niego  que el canal (sube TCR) -> (sube resultado comercial) existe, creo que su intensidad está completamente sobreestimada. Más sobre esto en posts futuros.

Entonces ¿Cuáles son los canales a través de los cuales el nuevo precio relativo impulsa el desarrollo económico? Recuerden, no vale ningún canal que actué a través de la expansión de la actividad porque está descartado por hipótesis.

Atte

Ele

lunes, abril 05, 2010

¿Cuál es la definición de la locura?

En un mundo cuya principal preocupación nominal es la deflación – esto es, la caída del nivel general de precios – Argentina brilla al escaparle a la regla y tener instalado en la agenda los impactos que la inflación tiene sobre la economía y la sociedad.

El impacto más mencionado es el redistributivo. La inflación implica transferencias de stocks y flujos de recursos regresiva. Esto es, el impacto negativo sobre un segmento de la población es inversamente proporcional a su capacidad de indexar su fuente de ingresos y su riqueza o, dicho más simplificado, la inflación afecta más a los pobres que a los ricos.

Ahora bien ¿Cuál fue la magnitud del impacto regresivo de la duplicación de precios del último lustro? Indekgate mediante, nadie lo sabe, ni siquiera el gobierno.

Mi sensación general es que, si bien la tendencia al deterioro de los indicadores sociales es unidireccional, el impacto negativo no ha sido todavía demasiado importante. Las mediciones “informales” de pobreza, indigencia o distribución del ingreso muestran que, en 2010 y tras otra media década perdida, Argentina presenta un patrón similar al de 2006.

El factor principal que contuvo el empeoramiento de la situación social desde 2007 ha sido la política social del kirchnerismo. En particular la moratoria previsional de fines de 2006 y la asignación universal de 2009 explican, en conjunto, una reducción de la pobreza de entre 3.5% y 4,0%.

Este resultado positivo de la política social, sin embargo, debe ser interpretado con precaución. El kirchnerismo cambió un “modelo 2003-2007” con resultados sociales positivos endógenos (con bemoles que ya hemos mencionado varias veces pero que no vienen al caso) por uno versión 2010 que tan solo evita el deterioro a través de una dinámica fiscal riesgosa. Estos riesgos, como decíamos acá, surgen no sólo de su prociclicidad sino de la debilidad de sus fuentes de financiamiento.

Viendo hacia adelante, el segundo modelo K no parece haber alcanzado su límite. El canje de deuda que se acerca, y la probable apertura a nuevas fuentes de financiamiento en los mercados financieros darán oxigeno a las agotadas arcas fiscales. Aunque comprando un problema a futuro, es posible que el gobierno logre contener el deterioro social hasta los comicios del año que viene. (nota al pie: en este contexto, la necesidad de la oposición de rever sus estrategias discursivas es urgente)

Entonces, el hecho de que no haya impacto social tangibles ¿Implica que la inflación no es un problema?

No. Claro que no. Obviamente que no. La historia inflacionaria argentina nos obliga a ser responsables y a mofarnos, por irrisorios, de argumentos del tipo “Argentina puede tolerar una tasa estable de inflación de entre 10%/20% si con ello sostiene el crecimiento” (como si existiera algo así como una tasa estable de inflación de 10%/20%). De no controlarse, Una inflación ascendente con un piso del 20% como la actual tendrá inevitablemente un impacto negativo en las tasas de crecimiento de mediano plazo (y con ello en las situación social de la Argentina de 2015).

Las razones son múltiples y conocidas. Entre otras:

La inflación deteriora, una vez que la población incorporó la indexación, a las cuentas fiscales y con ello a la capacidad de sostener un estado de bienestar. El famoso “Efecto Olivera-Tanzi” según el cual el gasto público tiende a ajustarse más rápido que los ingresos fiscales (que se miden sobre una transacción hecha con un nivel de precios menor).

La inflación valoriza las actividades de apropiación de rentas y con ello el lobby estéril. En un contexto inflacionario, el que no se prende en la rosca, pierde. Prenderse en la rosca, obviamente, implica recursos y tiempo o, como diría De Pablo, implica que el sector privado este ocupado y no trabajando. La inflación nos obliga a estar preocupados por la inflación. A estar hablando de inflación y debatiendo sobre la inflación.

La inflación agrega un factor de incertidumbre a cualquier decisión económica que implique un compromiso en el tiempo. La inflación viene con cambios constantes en los precios relativos y los precios relativos son el factor más importante en cualquier negocio. Se deteriora, así, la calidad y cantidad de la inversión

La inflación vuelve borrosa a la información, acortan la duración de los contratos e implica transferencias caprichosas de stocks entre acreedores y deudores, inviabilizando el sistema financiero.

La inflación impacta negativamente en la inserción comercial externa. En un mundo de Cadenas Globales de Valor (suficientemente distinto del de la década del 60 como para animarse a analogías simplificadoras), la incapacidad argentina de establecer contratos de mediano y largo plazo inevitablemente tendrá un impacto negativo (salvo, claro, en los mercados commodities donde los contratos no importan).

(¿Qué más? ¿Qué olvidé? invito en los comments a que me ayuden a completar la lista)

Y sobre todas las cosas, la inflación aburre, agota. Que a menos de 20 años de nuestra última hiperinflación haya espació para la duda respecto a sus potenciales daños pone en evidencia la pobre, pobrísima capacidad social que tenemos para aprender de nuestros errores

Sin más, saluda atte

Ele

miércoles, enero 20, 2010

Siete ciegos y un Elefante: la post-convertibilidad

Alguna vez, hace algún tiempo, prometí a Ana C. contarle una historia de la recuperación Argentina de la post-convertibilidad que sólo tangencialmente recurría al tipo de cambio real alto. El ejercicio que planteo aquí es como aquel de hace unos meses, un ejercicio esquemático y enumerativo que no descarta la interacción entre múltiples canales. En este sentido, los mecanismos no son excluyentes y está en su convergencia la explicación del periodo de mayor crecimiento en la historia económica reciente.

Aquí voy

¿Cuáles son los factores detrás del crecimiento del periodo de oro de la post-convertibilidad (2003-2007)?

1.Tipo de cambio, sustitución de importaciones y fomento de exportaciones

La explicación convencional asocia el crecimiento 2003-2007 al cambio en los precios relativos fruto de la devaluación de la moneda. Un peso más débil incentiva la sustitución de importaciones y vuelve más competitivas las exportaciones. El sector externo actúa, así, empujando el ciclo ascendente de la economía.

El resultado de este canal se observaría en el fenomenal incremento de las exportaciones de U$D 26 MM en 2001 a U$D 70 MM de 2008 Este crecimiento, nunca opacado por el de las importaciones, arroja un resultado comercial cercano al 3% del PBI al final del periodo.




Vale aclarar que, personalmente, atribuyo a este canal una importancia mucho menor que la que suele dársele, como dijera acá, o acá. No creo que las elasticidades de las exportaciones y las importaciones sean tan altas como para explicar un fenómeno de esta magnitud

2.Economía empujada por ganancias

La salida de la convertibilidad, con el salto en la cotización del dólar, indujo una suba de precios del 38% en los precios al consumidor y de 118% en los precios mayoristas. Con salarios nominales congelados, esta suba implicó un incremento de la rentabilidad empresarial que alcanzaría en 2003 los máximos registros históricos, como mostrara acá Genérico y acá Rollo.

En ciertos contextos esta regresividad en la redistribución puede actuar expansivamente sobre la economía, como efectivamente pasó durante gran parte del período postconvertible. No sorprende, teniendo en cuenta esto, que la inversión y las exportaciones hayan sido los componentes más dinámicos de la demanda agregada (como mostraba acá Siri), en perjuicio de un consumo privado cuya participación en el total ha tendido a reducirse.







(el efecto expansivo puede surgir tanto por la mayor demanda de inversión como por el corrimiento a la derecha de la oferta agregada: al mismo precio, puede producirse más que antes)


3.Pesificación asimétrica y desendeudamiento

La pesificación de la economía (la tercera D en Devaluación, Default y Desdolarización) tuvo, con independencia del quiebre institucional implícito en el generalizado quiebre de contratos, un efecto neto expansivo sobre la actividad económica. El efecto neto negativo sobre el acreedor, que donde tenía U$D 1 pasó a tener un $ 1,4, fue más que compensado por el positivo al licuarse los pasivos sobre el deudor..

Al efecto expansivo de los U$D 16.343 Millones (o 20% del PBI de 2002) que el gobierno inyectó en forma de Boden 2012 debe sumarse el que sobre la estructura productiva tuvo el shock de riqueza positivo por la licuación de pasivos (lo cual relaja la restricción financiera y corre la curva de demanda a la derecha) y la menor carga de costos financieros (lo cual corre la curva de oferta a la derecha)




4. Default y efecto riqueza positivo

Un cuarto canal para explicar el crecimiento es el efecto riqueza positivo que sobre la economía en su conjunto tuvo el default de la deuda pública y la reestructuración de deudas privadas y públicas.

Durante la convertibilidad, y en particular durante sus últimos años, fue muy fuerte la acumulación de activos externos por parte de residentes, quienes hacia fin del período acumulaban cerca de U$D 130 MM (una vez y media el PBI de 2002). El default y la posterior quita superior a los U$D 50 MM no sólo convirtieron a los argentinos en acreedores netos con el resto del mundo, sino que generaron un efecto riqueza positivo mayúsculo. Defaulteamos los pasivos y nos quedamos con los activos

No es de extrañar que durante el período haya sido la inversión autofinanciada (construcción, pools de siembra, fideicomisos, etc) uno de los principales motores de la reactivación económica.


5.1.Economía sin restricciones: Stocks

Conocido es el hecho de que el periodo post convertibilidad fue excepcional en mucho sentidos. Pocas veces en la historia económica argentina tuvo la gestión macroeconómica un camino tan despejado sobre el que avanzar antes de chocar con una restricción física o económica.

Sistemáticamente, durante el periodo de crecimiento la economía fue acercándose hacia el límite impuesto por el agotamiento de diversos stocks: Capacidad ociosa, desempleados, frontera agrícola, energía eléctrica, divisas de exportación, periodo de gracia de la deuda externa, reservas petroleras, estabilidad de precios y credibilidad en la moneda, etc.

El agotamiento temprano de cualquier de ellos habría, sin duda, implicado un avance mucho más tortuoso, como finalmente se empezó a evidenciar a partir de 2007.

5.2.Economía sin restricciones. La relajación de la restricción fiscal

Durante el período de post-convertibilidad se produjo un incremento en la presión tributaria del orden de los 10 puntos del PBI, en otro factor que otorgó flexibilidad transitoria a la gestión macroeconómica. Este fue el mayor incremento en la historia de la economía argentina para un periodo de cinco años (y sin considerar el impuesto inflacionario que representó entre 1 y 2 puntos adicionales). Hay que remontarse al primer gobierno de Perón para encontrar al segundo (6 puntos) y al de Menem para hallar al tercero (5 puntos).

Este incremento se explica tanto por la mayor recaudación de impuestos existentes (IVA, ganancias, impuesto al cheque, etc) como por algunos cambios en la estructura tributaria, en particular los derechos de exportación (cuya alícuota se incrementaría recién en 2007) y el incremento al impuesto al salario (contrib. sociales) que más que compensaron las sucesivas rebajas en el impuesto a las ganancias.

La suba de la presión tributaria permitió una fenomenal política de gasto expansiva sin generar, durante el periodo, dudas sobre la sostenibilidad fiscal (expost sabemos que la realidad termino siendo un poco más compleja). Está capacidad de realizar política expansiva durante el tramo ascendente del ciclo sin duda sumó algunos puntos al ya importante crecimiento de la economía.


6.Política monetaria expansiva

Tuvo el gobierno durante el periodo una política monetaria claramente expansiva. Las tasas de interés reales negativas fueron la regla, llegando a un mínimo cercano al -12% durante los picos inflacionarios de 2007. En este contexto, la inversión financiera o el simple posicionamiento en pesos fue un muy mal negocio en relación a inversiones productivas.

Pools de siembra, fideicomisos, ladrillos e inversiones en fierros tuvieron, a partir de esto, un empujoncito adicional.





7.El viento de cola

No puede faltar, obviamente, el nunca bien ponderado viento de cola. El periodo 2002-2007 fue uno de los de mayor crecimiento en el mundo en desarrollo del pasado reciente, con un promedio de crecimiento de 40% en el lustro. Este arrastre contagió la dinámica exportadora de Argentina a partir del crecimiento de los principales socios comerciales y de las inéditas ganancias fruto de la mejora de los términos de intercambio.

Cómo describen las propias estadísticas oficiales, durante 2003, por ejemplo, el país recibiría una onda expansiva de al menos 2% del PBI como resultado de la mejora en los precios de exportación.






Hasta aquí, entonces, mi contribución. Repitiendo lo que propusiera en la primera parte le pregunto, amigo lector ¿Qué me olvidé? ¿Qué sobra? ¿Qué otros factores explican la recuperación y el crecimiento en el periodo de oro de la post-convertibilidad? ¿Me dan una mano a ver si llego a los diez?.

Atte

Ele

lunes, enero 18, 2010

Gasto público y recaudación en 2009

Llenemos con un poco más de contenido el post que subiera el viernes pasado, en el cual debo confesar un error de cálculo que el lector interesado no tardará en encontrar.


¿De dónde vino y adonde fueron los recursos fiscales nacionales durante 2009? 

Puede ver esta primicia de ESC en el cuadro que se presenta a continuación (click para agrandar): (aquí lo que pasó entre 2003 y 2008)


Fuente: Ingresos y Gastos

Tanto el gasto como los ingresos del tesoro nacional se incrementaron, en términos nominales, alrededor de $ 29 Mil Millones (MM) durante el año. Esto equivale a un crecimiento cercano al 15% en términos nominales y a un movimiento nulo en términos reales (suponiendo una inflación de 15%).

El 88% del incremento de la recaudación se explica por la suba de los aportes y contribuciones a la seguridad social. De este incremento, un 50%, aproximadamente, puede asociarse a la estatización del flujo de fondos previsionales de 2008. Recordará el lector que del total de aportes que por este concepto tributaban trabajadores y empleadores tan sólo el 20% (aprox.) se redirigía a los fondos de capitalización, flujo que habría representado en 2009 unos $ 13 MM.

La recaudación de impuestos internos, que explica el 30% del incremento total, creció un 19% entre 2008 y 2009, a pesar de las caídas en términos reales del impuesto a las ganancias (-11%) y del IVA (-5%). No es mala la performance recaudadora, especialmente explicada por el incremento en impuestos secundarios, en el marco de una economía contrayéndose un 3,5%. La recaudación por retenciones y derechos de importación, finalmente, cayó en $ 5,3 MM o 12% respecto a 2008.

En términos de gastos, el 45% del total del incremento fue a parar a la seguridad social, en un movimiento de flujo de $ 13,4 MM que dejaría al tesoro nacional un saldo positivo de $ 11 MM.

Creo que no hace falta explicar que de no ahorrarse, por cómo se estructura el sistema previsional actúan, el gasto de esos $ 11 MM representaría un incremento en el endeudamiento neto del Tesoro. Recuérdese que, cuando el estado cobra un peso en concepto de contribuciones sociales, está, a la vez, asumiendo un compromiso de pago futuro. Sube un activo (recaudación) y un pasivo (jubilación futura).

El segundo incremento en términos nominales se dio en subsidios al transporte ($ 4 MM) y en incrementos de gastos en educación y cultura ($ 3.6 MM), donde se incluye, vale aclarar, el programa “Futbol para todos”. La deuda externa se llevó $ 2,6 MM adicionales, con una caída en términos reales del 3%, y la salud y la promoción y asistencia social un adicional de $ 1.5 MM y $ 1.2 MM respectivamente.

En su conjunto, estos primeros cinco rubros explican el 85% del incremento en el gasto. En el cuadro de más arriba podrá ver un desagregado más detallado de los movimientos del gasto.

Ajuste de gasto se observa en los subsidios a energía, combustibles y minería ($ 2,4) y en los reintegros/subsidios al sector agroindustrial por $ 1.2 MM. El dinero destinado a la recopilación de información y estadísticas básicas, por su parte, se redujo en un 16%...ufff.

Con todo lo dicho hasta aquí ¿Usted que cree? La estructura tributaria y de gasto del estado nacional ¿Es más progresiva o regresiva que en 2008? ¿Cree que los movimientos descriptos actuaron expansiva o contractivamente? Y la pregunta más difícil de todas ¿Dónde pasaría tijera si el cierre de los mercados financieros nos fuerza un ajuste fiscal? (o, en su defecto, de donde obtendría los recursos adicionales).

Sabrán disculparme si, por razones de tiempo, no arriesgo todavía respuestas a estas preguntas.

Atte

Ele

jueves, enero 14, 2010

La máquina de crecer

No lo puedo evitar. Arranqué 2010 optimista.

Una clave de todo proceso de desarrollo (como escribiera acá) está en las “capacidades” que haya acumulado la estructura productiva: Qué es lo que las firmas han aprendido a hacer y cuáles son las estrategias a las que recurren para crecer.

Durante el proceso de desarrollo, es creciente el peso de las firmas que crecen a partir de inversión en tecnología, ganancias de eficiencia y/o diferenciación de sus productos en perjuicio de aquellas otras cuya fuente de supervivencia descansa en la captura de rentas o en el sostenimiento de poder de mercado.

La “máquina de crecer” de la economía. puede considerarse prendida cuando el primer grupo ha alcanzado una masa crítica que vuelve al proceso autosostenible.

Una pregunta que puede hacerse para Argentina 2010 es ¿Está prendida la máquina de crecer?

Veamos

Tras un prolongado periodo de idas y vueltas, con años de estancamiento (1975-1987), contracción (1988-1991, 1999-2002) y recuperación y crecimiento (1992-1998, 2003-2008), a fines de 2008 la industrial argentina superaba tan solo en un 14% los niveles de producción que mostraba 35 años antes. 35 años han pasado en los que nuestra actividad productiva acumuló un crecimiento promedio de 0,35%.


Sin embargo ¿Cuáles son las diferencias entre esta industria y la de hace tres décadas?

La estructura productiva de Argentina 2008 es la que ha llegado al periodo de crecimiento 2003-2008 sobreviviendo a los inestables 80s, a las tres hiperinflaciones, al proceso de apertura, desregulación, ajuste y reestructuración de los noventa y al colapso económico-financiero y social del fin de la convertibilidad.

La industria nacional actual se mueve en un contexto infinitamente más abierto y competitivo que el de hace 35 años. La política comercial post convertibilidad, MERCOSUR y acuerdos internacionales mediante, es mucho más parecida a la de la convertibilidad que a cualquier año del medio siglo que la precedió, incluso que la intentona neoliberal de los militares.

Hoy la industria destina cerca del 30% de su producción a los mercados externos, en un proceso que comenzó con la década del noventa, se fortaleció durante el periodo de recesión y depresión, cuando la industria viera al mercado externo como un sustituto del contractivo mercado nacional y se consolidó durante la posconvertibilidad.


Este fenómeno ha dado origen al que creo es un cambio estructural en la economía argentina: La diversificación de la plataforma exportadora.

Si miramos indicadores tradicionales de composición de la canasta exportadora es posible que este cambio pase desapercibido. El siguiente gráfico, por ejemplo, da poco para ilusionarse: el 56% de nuestras exportaciones en 2008 era explicada por exportaciones de productos primarios, soja y combustibles, porcentaje que es incluso más elevado que el 48% promedio de la década del setenta. Por otra parte 15 partidas arancelarias, sobre un total de 1274 posibles (desagregado a 5 dígitos) explican el 60% de las exportaciones argentinas, cifra no superior a la de hace 3 décadas.

Sin embargo este tipo de indicadores, que mide la perfomance exportadoras relativas entre distintos productos, tapa el bosque y no deja ver lo que, desde abajo, está pasando con la estructura exportadora. ¿Qué pasa si en vez de ver la distribución de las exportaciones calculamos cuantos son los sectores que superan un umbral mínimo de exportaciones?

En el siguiente gráfico podrán ver cuántos productos, sobre un total de 1274 superan los $ 50 Millones de dólares de exportaciones (en dólares de 2008)


Como puede verse, existen hoy 140 productos de exportación que superan los U$D 50 Millones, cifra 3,5 veces más elevada que la que el país tenía hace dos décadas y 7 veces superior a la composición de 1970.

Estos hechos dan lugar a ilusionarse. Una firma que exporta suele ser, en promedio, cualitativamente distinta a una que no lo hace y esta dotada de competencias mínimas que no necesariamente son requeridas en una firma que apunta al mercado interno: Cuentan con certificaciones de calidad, escalas de producción mayor, suelen operar en blanco y tener mayores vinculaciones con el sistema financiero local o internacional, trabajan con esquemas contractuales más complejos y exigentes (fallar en el tiempo o forma de una entrega puede significar el fin de un contrato millonario) y se mueven en un entorno de mucha mayor competencia, donde la simple competitividad precio generalmente no es suficiente.

Posiblemente este hecho tenga mucho que ver en la dinámica que se observa en el siguiente gráfico. Desde hace dos décadas, y quebrando una tendencia decreciente de por lo menos 10 años, la productividad de la mano de obra industrial ha mostrado un persistente crecimiento. En 18 años el indicador se ha duplicado, con un crecimiento interanual de 4,1%. Para aquellos que creemos que la única manera de mejorar sistemáticamente los salarios y las condiciones sociales de la población es con una mejora continua de la productividad de la economía, esto es una gran noticia.

La pregunta es ¿Será está masa crítica acumulada suficiente para alimentar un proceso de crecimiento sostenido? ¿Estará prendida la máquina de crecer?

Por alguna razón arranqué 2010 optimista creyendo que si. Ojala tenga razón.

Atte

Ele

¡Atención! La transformación de la estructura productiva no garantiza por sí misma cambios en la estructura social. Es una condición necesaria pero no suficiente. Mucho debe hacerse desde el estado para acompañar el “derrame” desde una a otra, derrame que de automático no tiene nada. Pero eso, my friends, es otro tema, y otro post.

martes, enero 05, 2010

Distribución <--> Desarrollo



Una de esas vueltas de la vida (el lector atento imaginará cual) me tuvo un rato largo analizando un tema que durante tiempo ha desvelado a quienes escribimos este blog (por ejemplo acá, acá, acáacá, acá o acá):


¿Cuál es la relación entre distribución del ingreso y desarrollo económico?

Si nos dejamos llevar por el deseo benevolente y asumimos que lo bueno debería venir en paquete (como cuando se estudia, por ejemplo, la relación entre instituciones democráticas y desarrollo) la pregunta tiene una respuesta fácil: para desarrollarse hay que distribuir. Sin embargo, tras largas décadas, la ciencia maldita está lejos, bien lejos del consenso.

Durante casi medio siglo, entre la posguerra y la década del noventa, se construyó cierto consenso alrededor de la idea de que la desigualdad era un mal necesario para el desarrollo. El punto de fue el hallazgo de Simon Kuznetz, quien en 1955, encontró una relación con forma de U invertida entre desigualdad y nivel de ingreso: para niveles bajos de desarrollo, un incremento de la desigualdad podría ser beneficioso para el crecimiento hasta alcanzar un punto crítico a partir del cual mayor crecimiento haría caer la desigualdad.

!!Mamucha!! Pero ¿Cómo se explica esta relación entre desarrollo y desigualdad? Recorriendo la literatura se encuentran al menos cinco argumentos a favor.

En primer lugar, el propio Kuznetz planteaba que el proceso de desarrollo estaba impulsado principalmente por la acumulación de activos físicos, como se creyó durante muchos años (en particular a partir de la hasta entonces exitosa experiencia de la Unión Soviética). Al estar la acumulación de activos centrada en los estratos superiores, el crecimiento deriva en desigualdad.

Una segunda explicación, revierte la causalidad. Es la desigualdad la que fomentaría el crecimiento.  Kaldor en 1956, por ejemplo, sostenía que la tasa de ahorro agregada depende de la desigualdad. Si los ricos ahorran más, mayor desigualdad generará mayor ahorro y de allí mayor inversión y mayor crecimiento.

En tercer lugar, Si el desarrollo implica un viraje desde sectores primarios rurales (de bajos y homogéneos ingresos) hacia sectores industriales urbanos (de mayores y más heterogéneos ingresos), habría un incremento de la desigualdad asociado al peso creciente de de los sectores más desiguales en el total de la economía. El cambio estructural seria con desigualdad.

Una cuarta hipótesis afirma que, si hay mercados financieros imperfectos, puede ser necesaria una desigualdad mínima como para lograr cierto grado de concentración de los recursos financieros. De esta manera se alcanzaría una masa crítica que permitiría el hundimiento de costos y el desarrollo de nuevas actividades productivas. Recuerde que, durante décadas, se creyó que la clave del desarrollo estaba en la inversión sostenida en fierros.

Finalmente, una quinta hipótesis, bien enraizada en la cultura norteamericana, habla del esquema de incentivos en una economía desigual. Si el retorno de una actividad (por ejemplo, el trabajo) depende poco del nivel de esfuerzo podría haber pocos incentivos a diferenciarse, esforzarse y ser "emprendedor". La desigualdad actuaria entonces como una señal del  “you can do it”. ¿Quién no oyó alguna vez la típica historia del noruego que se queja porque a todos les va igual de bien, con sus casas todas iguales con sus jardines todos iguales y sus autos todos iguales?

¿Pero cómo es eso, Elemaco? ¿El mainstream sigue pensando que la desigualdad puede ser buena?

Felizmente, la respuesta es “no”, o al menos un “no todos”. Desde fines de los ochenta, una nueva ola de trabajos desafió el saber convencional. En menos de una década surgieron muchísimos trabajos teóricos y empíricos que, desde el mismo mainstream,  concluyen que no sólo no existiría el trade-off planteado por Kuznetz, sino que incluso la desigualdad podría ser mala para el crecimiento.

¿Y porque ahora creen que la que desigualdad puede ser mala? Hay varias explicaciones, algunas que escapan al espacio económico para adentrarse en la sociología, la ciencia política o la historia.

Un primer canal de trasmisión, de Alesina y Rodrik, es el de la economía política inducida por la desigualdad. Básicamente, la idea es que la desigualdad puede inducir pujas distributivas perjudiciales para el crecimiento. Si el capital en cualquiera de sus versiones (físico, humano, social, conocimiento) se encuentra muy concentrado puede generar inestabilidad en las políticas tributarias y redistributivas y/o una presión tributaria excesiva sobre el capital productivo que termine afectando el crecimiento (¡y bueno muchachos, el mainstream es maintream. Al menos no dicen que la desigualdad es buena!)

Un segundo canal, que se remonta a Keynes, es el opuesto al de Kaldor explicado más arriba. Una mejor distribución del ingreso, al aumentar el consumo interno, incrementa el tamaño del mercado doméstico y con ello el potencial para la industrialización.

Un tercer canal es el que asociado a la desigualdad con la baja acumulación de capital humano. La desigualdad puede reducir la educación y la acumulación de capital humano en las familias pobres, lo cual afecta el crecimiento tanto en el corto plazo como en el largo. El diferencial educativo entre pobres y ricos afectaría, a su vez, la distribución futura con lo cual existiría un mecanismo a partir del cual la desigualdad se perpetua a si misma.

Una cuarta hipótesis parte de distinguir entre dos tipos de desigualdades Eastearly (2006): La mala y la buena. La “mala” es la que surge de la creación de elites regionales por mecanismos tales como conquistas, colonización, esclavitud o el reparto desigual de la tierra por parte del estado o el poder colonial. En cambio “buena” surge por el reparto desigual del “éxito” que el libre mercado genera entre individuos, ciudades, regiones, firmas o industrial. Brasil o Sudáfrica, según Easterly, son ejemplos del primero y el reciente incremento de la desigualdad en China ejemplo del segundo. La lógica sería que la desigualdad estructural (la mala) puede dar origen a instituciones inestables y a una democracia débil como resultado de la oscilación del poder entre las facciones populistas redistribuidoras y las facciones oligárquicas y conservadoras.

Hasta aquí lo que uno puede encontrar revisando un rato la literatura económica. Ahora invito a usted, amigo lector, a hacer un ejercicio. Quítese por un momento el traje moralista. Olvide por un momento que la desigualdad es mala “porque si” independientemente de su impacto en el crecimiento y que la igualdad es un fin en sí mismo.

¿Qué opina? ¿Cómo impacta la distribución del ingreso a las posibilidades de desarrollo de un país?

Atte

Ele

lunes, diciembre 14, 2009

Decoupling

Soy de esos economistas que creen que toda la historieta del crecimiento de China e India para explicar el fenomenal cambio de tendencia que parece mostrar el mercados mundial de commodities es zaraza. Aunque sin duda un crecimiento chino de 10% pone la suficiente presión como para empujar los precios al alza, nada me explica porque un proceso que lleva al menos tres décadas habría de concentrar todo su impacto alcista en el último lustro.

En cambio, mi lectura del fenómeno (que reflejé acá, acá y acá) siempre estuvo asociada a los cambios experimentados en los mercados financieros en los últimos años, y en particular a la llegada masiva de fondos de inversión al mundo de los commodities “no tradicionales”. Un cambio estructural cuyo impacto hasta ahora había sido la de generar una fuente adicional de demanda.

Un gráfico que siempre tuve en mente para sostener esta postura es el siguiente. Cantidad de contratos negociados en los mercados a futuro en las principales plazas respecto a la producción total de trigo, maíz y soja. Noten lo que parecería ser un evidente cambio de tendencia desde 2003/2004.


Y, sin embargo, el razonamiento que solía hacer no me permite explicar uno de los más llamativos fenómenos del último año de crisis financiera. A diferencia de la equivalente hace 80 años, o incluso de más recientes y menos generalizadas como las de fines del siglo XX, en esta oportunidad los mercados de commodities han salido casi inmunes.

Aunque por debajo del pico de la burbuja en el cual se ubicaban a principios de 2008, casi en todos los casos que se analicen los precios están en los mismos niveles o incluso por arriba de los ya muy elevados precios de 2006 o 2007.

Con un mercado financiero cuya salud no puede todavía considerarse plenamente recuperada, no me queda otra que pensar que efectivamente ha habido un cambio estructural (¿permanente?) en los “fundamentales” de los mercados de commodities.










¿Y ahora qué hacemos?

¿Habrá llegado realmente el momento del “Decoupling”?

Atte

Ele