Finalmente, el pasado viernes el gobierno decidió, a través del Decreto 3073/2011, incrementar el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, esa medida pro-rico en la que anualmente convergen los intereses del Gobierno, del Grupo A, de Clarín, de los sindicatos, de las señoras de Palermo y de Larry.
Heme aquí, quijotesco, con algo de data dura. A partir de datos de la AFIP y de la EPH y haciendo uso de la técnica de los cinco dígitos oscilante, logré armar los gráficos y tablas que a continuación les presento.
Aquí vamos ¿Quiénes se benefician con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias?
De acuerdo a las estimaciones de ESC y en consonancia con las oficiales, con la suba de $ 4.818 a $ 5.782 y de $ 6.665 a $ 7.998, entre 400 y 450 mil personas dejarán de pagar el impuesto a las ganancias. Sin embargo, y en oposición con la supuesta progresividad de la medida en defensa del bolsillo del trabajador, estos 450 mil que pagaban y ahora no pagan son los menos favorecidos entre los 1.25 millones de beneficiarios.
El siguiente gráfico describe, aproximadamente, cuanto se devolverá a cada trabajador por mes según la escala de sueldo inicial.

El monto de devolución del impuesto es proporcional con el sueldo en dos sentidos. Cuanto más ganas, más pagas porque tu base imponible es mayor pero, sobre todo, porque la alícuota que te cobran es creciente. Por los primeros $ 833 por encima del mínimo se paga el 9%, 14% desde allí a los $1666, 19% hasta los $ 2.500 y así hasta 35% para los ingresos por arriba de los $ 10.000 (el detalle está aquí). Así, el aporte por cada peso marginal del más rico es mayor que el del más pobre.
De esta manera, por cada $ 1 que el gobierno decrete subir el mínimo no imponible, quien estaba cerquita de la base pagará $ 0.09 menos y el más rico $ 0.35. Al extender la lógica al total de los contribuyentes, lo que tenemos es que la devolución de impuestos del pasado viernes tiene la siguiente distribución*

De los 7 millones de asalariados registrados, 1.2 reciben el beneficio. El importe total de la devolución impositiva es de alrededor de $ 3.000 mil millones, a razón de $ 185 por beneficiario (el 85% de una AUH). Casi el 20% del beneficio total lo reciben 103 mil personas con un ingreso mensual superior a $ 18 mil mensuales ($ 36 mil en promedio) que recibirá cada uno, en promedio, $ 422 (casi dos AUHs). En este último grupo, el gobierno gastará $ 567 mil millones.
Si nos limitamos a quienes cobran más de $ 10.000**, el gasto total del gobierno es de $ 1.740 millones. Es decir, luego del decreto el gobierno habrá transferido al 5% de mayores ingresos entre los asalariados registrados una cifra equivalente al 16% del gasto nacional en salud, al 20% del gasto en promoción y asistencia social, al 36% del gasto en ciencia y técnica, al 59% del gasto en Agua potable y alcantarillado, o al 36% del gasto en vivienda y urbanismo.
¿Quiénes no se beneficiaron con la devolución de ganancias?
Una estimación de los no beneficiados, elaborada empalmando la EPH y la data de la AFIP con una buena dosis de Guesstimate y una metodología que describo en los comments***, se presenta en el siguiente cuadro. Los datos son ligeramente distintos a los de la tabla previa (sobre todo en los extremos de la distribución) pero, mientras aquella es más precisa para estimar los costos totales, esta lo es para comparar contra un universo más amplio de trabajadores que incluya no registrados y cuentapropistas.

De acuerdo a estas estimaciones, al beneficio accedió tan sólo el 7.7% del universo de trabajadores comprendido por los registrados, los no registrados y los cuenta propistas. Es decir, en su reparto, el gobierno excluyó al 92,3% de los trabajadores. Este 92.3% está compuesto por un 84% de los trabajadores que cobra menos de $ 4.800**** -injusticia vertical- y un 7.7% que,aún cobrando más de $ 4.800, no se benefició con la medida -injusticia horizontal-.
En conclusión: dentro del universo de trabajadores registrados, el beneficio es creciente cuanto más rica sea la persona, y se concentra fuertemente en los deciles más altos. Por otro lado, al estar dirigido a un subgrupo de los trabajadores formales, deja afuera a más del 90% del universo de trabajadores.
Convengamos que hablar del “bolsillo del trabajador” es darse una licencia de lenguaje ¿No?
Así las cosas. Hete aquí el progresismo del siglo XXI.
Atte
Luciano















