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miércoles, abril 20, 2011

¿Cuál es el modelo económico K?

Ayer estuve en el panel de la gente del BASE con la ambiciosa propuesta de tema ¿Cual es el modelo económico K? ¿Qué implica profundizarlo? ¿Cuáles son sus alcances y límites? En líneas generales, mi respuesta fue algo así.

En primer lugar, creo que hay que diferenciar entre lo que es definir el modelo macroeconómico y uno “microeconómico”,

Sobre el macroeconómico hemos escrito largo y tendido. Hace algunos años, gastábamos tinta en discutir virtudes, riesgos y defectos de lo que decía ser un modelo de Tipo de Cambio Real Alto y Estable - el famoso TCRAE-. Hoy en 2011, cuando sabemos que, si alguna vez lo fue, ya no lo es, se pone en evidencia que el único rasgo común que caracteriza horizontalmente al todo periodo es la expansividad permanente de las políticas macro complementada con una flotación bastante fija del Dólar. Hasta donde nos trajo y hacia donde nos llevaría este esquema de pisar a fondo con dólar quieto lo hemos escrito en otros lugares con el corolario general de que que si esto efectivamente es el modelo macro, entonces su profundización no puede sino traernos problemas a futuro.

Ahora bien ¿Cuál es el modelo “microeconómico” K?

En lo microeconómico es más fácil identificar un patrón de comportamiento común que define un “Modelo K”. El rasgo distintivo es su definición por la negativa, el caracter de “contrareforma” de toda la década. Bajo todo punto de vista, y con ejemplos que abundan y se acumulan, el actual es un periodo de reversión del proceso de reformas estructurales de la década del noventa.

En una lista no exhaustiva, puede mencionarse (a) la estatización de las AFJPs (b) la de Aguas, el correo o Aerolineas entre otros o la reciente decisión de incrementar los directores de la ANSES en firmas privadas (c) la temprana (aunque parcial) contra-reforma laboral, con el regreso de las paritarias y la reutilización del SMVM (d) el regreso de los controles de precios frente o el remplazo de mecanismos relativamente automático de determinación de precios (como en el caso de la energía eléctrica) por otros discrecionales como la distribución de subsidios (e) la reversión del proceso de apertura comercial (tanto del frente multilateral como en el Mercosur) con variadas políticas de trabas de importaciones y exportaciones (licencias no automáticas, cuotas de exportación, match importaciones-exportaciones, trabas informales, etc) (f) regulaciones a la entrada y salida de capitales (g) las retenciones (aunque hubo en general pocos cambios a reforma tributaria de los noventa) (h) …

…puedo seguir, aunque imagino que, si llegó hasta acá, estará rogando que no lo haga.

Ahora bien, mientras es más o menos fácil definir el modelo K como lo que no es, como una “contra-reforma”, es más difícil definirlo por la positiva, por lo que sí es. Y esto es así simplemente porque mientras “no intervención del Estado” significa una sola cosa, política activa significa muchas. Si los noventa eran 5 está claro que esto es no 5, pero no está claro, en cambio, si es 6, 7 u 8.

Entonces ¿Cuál es el tipo de política activa implícita en el “modelo K”?

Existe una biblioteca entera que explica (y a mi humilde entender, bastante convincentemente) lo importante que puede ser el Estado para guiar el desarrollo, para fomentar la innovación, el emprendedurismo, la innovación. Conocemos las historias exitosas del sudeste asiático, el “Pateando la escalera” de Ha Joon Chang y sabemos que, con un buen diseño de políticas, el Estado puede ser un complementador (o mejor, un catalizador) de la actividad privada.

Ahora bien, existe también otra biblioteca, igual de grande que la anterior, que cuenta como el Estado puede ser también un palo en la rueda en el camino del desarrollo, con artículos clásicos como el de Evans sobre “el Estado como problema y como solución” u otros que fueron parte de la “contra-revolución” neoclásica, como el de Anne Krueguer, que defienden la idea (a mi humilde entender, también bastante convincentemente) de que, mal diseñada, las políticas públicas generan problemas de agencia, de rent-seeking, de captura del regulador, que frenan el desarrollo con un Estado que no busca complementar sino sustituir a la actividad privada.

Es decir, por cada historia de éxito hay una de fracaso, en un debate aún no saldado con una respuesta que, posiblemente, oscilará entre ambos extremos.

Entonces la pregunta siguiente, una vez que sabemos que el modelo K es uno de intervención activa, es ¿El gobierno (no el estado en abstracto, sino el gobierno, que hoy tiene nombre y apellido) es uno que con su mayor intervención está promoviendo el desarrollo económico o en cambio lo está coartando?

¿Qué está influyendo más en las decisiones de inversión, de incorporación de tecnología, de como dice De Pablo, decidir entre “trabajar” y “estar ocupado"? ¿Un programa de crédito o los ridículos requisitos de matchear importaciones con exportaciones? ¿Un programa de promoción de exportaciones o que la probabilidad de que consigas gas en invierno dependan de tu capacidad de mover una carpeta? ¿El impacto positivo de un programa de integración productiva o el riesgo de que tengas que frenar el proceso productivo si te frenan la importación de algún insumo crítico?

Por ponerlo en una frase taquillera ¿Qué influye más hoy? La medidas que surgen de la Secretaría de Industria o las de la Secretaria de Comercio Interior.

Sinceramente no tengo clara la respuesta, y me cuesta mucho no caer en la falacia Ad-INDEC de extrapolar lo que fue la intervención del organismo de estadísticas al resto de las intervenciones del gobierno. Si parece evidente que subió en los últimos años la “prima de riesgo” empresario y el retorno de actividades no productivas, lo que sesga la inversión de recursos hacia el corto plazo y la mayor flexibilidad. También que se están acumulando a nivel micro algunos problemas que posiblemente en algún momento alcances una masa crítica preocupante. Sin embargo, es difícil sacar conclusiones globales, en particular porque la dinámica macro se deglute cualquier problema micro.

Entonces, planteado el debate de esta manera, usted qué opina, amigo lector ¿Es el modelo K uno que está promoviendo el desarrollo económico o en cambio lo está coartando? ¿Estamos repitiendo los aciertos o los errores del pasado?

Felices pascuas y jag sameaj

Luciano

jueves, marzo 17, 2011

La historia no se repite, pero yo ya la viví

Varios teclados hemos gastado en este blog debatiendo las particularidades de la coyuntura macroeconómica que, en consonancia con la visión de la gran mayoría de la profesión autóctona, combina una foto opaca pero no trágica con una película preocupante para el futuro cada vez menos lejano (excúsenme la generalización quienes no comparten esta visión, pero una falacia ad populum es un recurso práctico para abrir un post).

Una de esas películas se puede ver en el siguiente gráfico. Con excepción de Brasil, que con su política cambiaria compensa la nuestra, el tipo de cambio real muestra un persistente proceso de apreciación con el grueso de nuestros socios comerciales.

Ignoremos por un momento a la inflación y lo distintos problemas macroeconómicos que genera (el riesgo de espiralización, sus impactos en el crecimiento y en los comportamientos microeconómicos, sus impactos distributivos, etc). Supongamos también que la situación internacional y la gestión macroeconómica local no cambián. Esto es, que se mantiene alta la liquidez internacional, que no hay cambios en la política de Brasil, que el precio de los commodities sigue alto, que el mundo crece y que la política macroeconómica local mantiene el sesgo fuertemente expansivo que caracterizó a todo el periodo K.

¿Cuáles son los posibles escenarios que se abren para la situación macroeconómica de persistir las tendencias actuales?

Vamos por partes.

El primero de ellos es el del soft landing, es decir, un escenario en el que la apreciación del tipo de cambio real se detiene endógenamente alrededor de algún valor más o menos estable sin una intención explícita del gobierno por lograrlo (esto es, sin la puesta en marcha de algún tipo de plan de estabilización).

Dos argumentos se me ocurren que justifican este escenario. Dejando de lado la opción de pasar a un régimen cambiario de “reptacion” (crawling peg) por ser intrínsecamente explosiva, tenemos, por un lado, el argumento (defendido por varios conspicuos kirchneristas y dentro de la BEA por el microeconomista Musgrave) de que hay un nivel de inversión tal que la inflación se desacelera y converge a un nivel estable.

El principal hueco de esta explicación es olvidar que la inversión, además de ser un medio de acumulación de capital es, en el corto plazo, demanda agregada. Alcanza con tener en cuenta que para tener un flujo de producción en el tiempo de $ 10 tengo que invertir más de $ 10 para notar que el impacto neto expansivo de la inversión es expansivo y a partir de allí, en un contexto como el actual, inflacionario.

El segundo argumento autoestabilizador es el de la Paridad de Poder Adquisitivo , según la cual la tasa de inflación local debería converger hacia la tasa de inflación internacional más la expectativa de devaluciación del peso. Palabras más, palabras menos (y para mantener el post en menos de 1000 palabras), la idea subyacente es que el dólar disciplina el precio del los bienes transables y, a partir de allí, la dinámica inflacionaria.

El mejor ejemplo de la puesta en práctica de un ancla cambiaria como mecanismo estabilizador fue la del programa del 20 de Diciembre de 1978 de Mártinez de Hoz (“La Tablita”, que incluía un componente coordinador de expectativas ausente en la actual pseudo-ancla cambiaria) que fracasó rotundamente cuando, no disciplinados por el tipo de cambio, los precios de los no transables siguieron su curso inflacionario. La teoría de la PPP es una de las más estudiadas y testeadas (y rechazadas) por la disciplina económica y, en aquellos casos donde no es rechazada es considerada una relación de muy largo plazo, lo suficientemente largo como para que no convenga esperar.

Descartada la autoestabilización del tipo de cambio real entran en juego los dos escenarios en los que el peso continua apreciándose.

El primero de estos escenarios es en el cual la apreciación llega a un punto en el cual la creación de empleo se resiente y la actividad se desacelera lo suficiente como para controlar el proceso inflacionario. El tipo de cambio real se estabiliza a costa de destrucción de empleo y recesión. No es obvio (o al menos a mi no me resulta obvio, como por ejemplo mostraba acá y acá) que haya una relación lineal e inequívoca entre tipo de cambio real y nivel de actividad, pero si hay bastante consenso (y está bastante documentado) que la excesiva apreciación de la moneda es dañina para la economía.

El segundo escenario es en el que la apreciación pone en riesgo el balance de pagos. La sobreapreciación afecta negativamente la cuenta corriente y a partir del momento en el cual los agentes empiezan a dudar de la capacidad de financiar su déficit (via créditos, Inversion extranjera directa, de portafolio o reservas) también la cuenta capital.
La suba de demanda de dólares, en este contexto, sube el tipo de cambio nominal y detiene la apreciación del tipo de cambio real (y da origen a otros problemas nominales, pero esa es otra historia).

El gobierno puede, a partir de su política macroeconómica, intentar manejar el timing de ambos escenarios. Con políticas expansivas puede postergar la desaceleración y con otras que apunten a generar confianza sobre la sostenibilidad del balance de pagos (desde tomar créditos en el exterior hasta imponer controles de capitales) postergar la reversión en las expectativas.

El problema es que, con cada intervención, el gobierno gasta cartuchos. Subir el gasto público es factible mientras haya capacidad de financiamiento, devaluar sólo mientras el pasaje de tipo de cambio a precios sea lo suficientemente lento, consumir reservas mientras las haya, renegociar la deuda (Holdouts, Club de Paris, Megacanje) son medidas de una sola vez. En el ínterin, la dinámica inflacionaria juega su propio juego y la inercia se consolida y acota la libertad de acción del gobierno.

En conclusión, en ausencia de un mecanismo auto-regulador “no doloroso” y suponiendo la continuidad de las (malas) políticas públicas (y si ignoramos las posibles malas noticias del exterior y la complicación del proceso inflacionario), la macroeconomía juega una carrera donde la salud del mercado de trabajo compite con la del balance de pagos. La pregunta ya no es tanto el qué sino el cuándo. El paso del tiempo nos irá revelando cuál de estos escenarios se vuelve realidad.

La historia no se repite, pero yo ya la viví

miércoles, marzo 16, 2011

La inflación de 2010 fue del 25%

"Artículo 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender."

Me sumo a la campaña para decir en voz alta esas cosas que aparentemente en democracia no se puede decir.

Si quieren conocer la metodología, mandenme una carta documento.

Luciano

"Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los buenos" M. Luther King

martes, agosto 10, 2010

Balas de Plata

Mientras los muchachos se entretienen en la seguidilla de posts más comentados en la historia de ESC (83, 186 y 85 comments respectivamente) la pregunta de cierre del post anterior quedó sin ser respondida

¿Encontró el segundo Kirchnerismo la formula de la felicidad? ¿Cuál es la debilidad de este “modelo” económico y social existente desde 2006?

Resumamos la historia hasta aquí. Los cuatro años del Segundo kirchnerismo coinciden en el tiempo con una aceleración del proceso inflacionario especialmente centrado en la inflación de alimentos, proceso claramente regresivo y de impactos sociales directos. Sin embargo, durante el periodo se destacan dos factores que compensaron el deterioro social, logrando que los indicadores actuales no difieran demasiado de los de 2006 (a) las mejoras en el salario real de los trabajadores formales y (b) la puesta en marcha de dos programas de transferencias directas a alrededor de 5 millones de personas (la AUH y la moratoria previsional).

Entonces ¿Cuál es el talón de Aquiles de este modelo? La respuesta es breve y puede resumirse en una sola palabra que dejo al lector amigo adivinar no sin antes darle una pista: Empieza con “soste”, termina con “bilidad” y no es sosteraciolabilidad.

Lo que hemos visto durante los últimos cuatro años es un sistema que endógenamente conduce a un deterioro social cuyo impacto negativo fue compensado utilizando balas de plata. En una burda analogía física, piénsese en un sistema que, inherentemente inestable, se ha mantenido en equilibrio con la adición de fuerzas externas.

¿Cuáles son esos factores que han existido entre 2006 y 2010 y que es difícil que sucedan nuevamente en el futuro cercano?

En primer lugar repitamos la obvia y que ya hemos mencionado antes. No se han observado sensibles mejoras sociales respecto a 2006 a pesar de que el gobierno puso en marcha la AUH y la Moratoria previsional. ¿Habrá en el futuro margen para inyectar transferencias directas adicionales por un monto equivalente a los $ 27 mil millones de pesos que implicó la puesta en marcha de ambos proyectos? Difícil. La implementación de ambos programas te genera un salto de nivel de una vez, único y difícilmente repetible. Gone

En segundo lugar, la población no tenía en 2006 reinstaladas las prácticas indexatorias y defensivas típicas de todo proceso inflacionario prolongado lo cual permitió al gobierno avanzar en su política expansiva descuidando la inflación con poco riesgo de espiralización inflacionaria. En 2010 la situación es distinta, el nivel de precios reacciona más rápido al recalentamiento de la actividad y la inercia inflacionaria de un año al siguiente ya es un hecho (¿Cómo explicar sino el 15% de inflación de 2009?).

En tercer lugar, la macroeconomía no encontró durante el periodo el límite natural de la restricción externa, lo cual a su vez puede explicarse por tres factores que pueden considerarse excepcionales y que muy probablemente no estén disponibles para el manejo macro de los próximos años.

(a) La existencia de un tipo de cambio real inicial elevado que permitió que la apreciación del periodo no pusiera en jaque al sector externo. Esta apreciación tuvo como correlato un cambio en la participación relativa entre el trabajo y el capital ¿Pueden los sectores transables absorber hoy una apreciación adicional equivalente a la de 2006 a esta parte?.

(b) La divergencia con la política cambiaria en Brasil, que al apreciar su moneda evitó que la inflación argentina apreciara el tipo de cambio real multilateral más de 15%. Hoy el Tipo de cambio real bilateral entre Argentina y Brasil es el mismo que se observaba en 2006, a pesar del elevado diferencial de inflación.

(c) El excepcional comportamiento de los términos de intercambio que se encuentran hoy en su nivel más alto desde 1973, con una suba de 16% desde 2006. Sólo los años del primer gobierno de Perón muestran un cuatrienio tan benigno. ¿Veremos en los próximos años no digo una suba de los términos de intercambio sino tan sólo un mantenimiento de estos niveles?


(Tiemblo de sólo pensar en un escenario en el que un presidente llamado Alfonsín debe enfrentar una economía que ve desplomarse sus términos de intercambio. 80s show)

Tuvimos, en cuarto lugar y como ya decíamos aquí, un periodo 2006-2010 que se caracterizó por un excepcional incremento en los ingresos del Sector Público Nacional de 3,9% entre puntas, incluso superior al del primero kirchnerismo. Nunca en los 200 años de historia argentina hubo un gobierno que haya experimentado, en un periodo de tan sólo cuatro años, un incremento de la capacidad de financiar gasto público equivalente al que se vio durante el segundo kirchnerismo*, y si embargo, lo mejor que podemos decir es que las condiciones sociales son similares a las de 2006.

Entre 2006 y 2009 el gasto real del gobierno nacional creció en $ 86 mil millones, incluyendo los $ 20 mil millones de la moratoria pero sin considerar los $ 7 mil millones de la AUH. (Casi el 75% de la variación del gasto difícilmente pueda catalogarse de “gasto social” o incluso “redistribuidor” pero ese es otro tema y otro post)

¿Cuáles fueron las circunstancias que permitieron al gobierno financiar tamaña expansión fiscal (que, insisto, contribuyó a dejarnos en un nivel social equivalente al de 2006).

Son varios los factores.

(a) el propio crecimiento acumulado de 15% de la economía generó ingresos genuinos por $ 30 mil millones de dólares en concepto de impuestos y contribuciones sociales

(b) sin embargo, parte de este crecimiento debe ser considerado excepcional o un salto de nivel, en tanto hubieron al menos tres cambios impositivos durante el periodo ( (i) la suba de las contribuciones sociales de 7 % a 11% (ii) la caída en términos reales del mínimo no imponible de ganancias y (ii) la suba en las alícuotas de retenciones de 2007) y el factor términos de intercambio mencionado más arriba

(c) la estatización de la AFJPs generó flujos por $ 17 mil millones anuales ($ 10 por las contribuciones y $ 7 por los retornos del FGS), parte del cual debe ser considerado simplemente endeudamiento, en tanto tiene como contrapartida la acumulación de un pasivo no registrado con los jubilados del futuro*

(d) El gobierno inicia el periodo con una herencia del primer kirchnerismo. Un superávit de $ 19 mil millones. Transformando ese superávit en un déficit de $ 5 mil millones el gobierno logró financiar $ 24 mil millones adicionales de gasto.

(e) Finalmente tenemos un conjunto de ingresos transitorios o “espurios”. Las transferenciasl de BCRA, los ingresos que genera la moratoria previsional y el pago del FMI de 2009 que suman en su conjunto otro $ 15 mil millones.

En definitiva, lo que aquí vemos es que una parte mayoritaria de la variación del gasto fue financiada con una variación de recursos excepcionales, sea porque son transitorios (pago del FMI, moratoria), espurios (impuesto inflacionario) o saltos de nivel (términos de intercambio o cambios en las alícuotas impositivas.

En conclusión, lo que tenemos es que durante los últimos cuatro años se acumularon una serie de factores excepcionales que dieron margen de maniobra al gobierno y a la economía para enfrentar el deterioro social que genera la inflación. Entonces ¿Encontró el kircherismo la formula de la felicidad o sólo hemos vivido otro lustro de fiesta Men…perdón Kichnerista?

Atte

Ele

*Sólo si consideran que el nuevo régimen previsional funcionara por siempre esto último no es cierto, en tanto siempre habrá un trabajador activo pagando al nuevo jubilado. Si, en cambio, en algún momento del futuro vivimos una nueva reforma hacia un régimen de capitalización, lo que hoy entra al gobierno alguien deberá pagarlo.

miércoles, agosto 04, 2010

¿Encontró el Kircherismo la formula de la felicidad?

El secreto objetivo de los últimos dos posts no ha sido otro que ser una extensa introducción a este que busca contestar la pregunta retórica con la que cerrara el primero ¿Por qué la inflación, a pesar de ser un proceso particularmente regresivo por su concentración en alimentos y bebidas, no es prioritaria en la agenda política de problemas a resolver?

Mi respuesta corta es “porque aún no es una demanda prioritaria de la población, que todavía no sufrió su impacto negativo”. Permitanme desplegar, sin embargo, la menos concisa pero más carnosa respuesta larga. ¿Qué ha sucedido durante el Segundo Kirchnerismo* para que la población no sienta el impacto de la inflación? .

Voy por partes

En primer lugar, y a diferencia de lo largamente anticipado, la inflación no ha tenido aún un impacto negativo sobre los salarios reales sino que, incluso, la tendencia que se observa desde hace algunos años es la opuesta, de la mano de la apreciación real y su impacto en la relación capital/trabajo. Haciendo malabares con la poca información disponible (que a quien interese puedo describir en los comments) reconstruí para 2008 y 2009 la serie que pueden ver en el siguiente gráfico.
Frente a un PBI nominal que habría crecido entre 75% y 80% entre 2006 y 2009, la masa salarial de los trabajadores registrados mostró un incremento del 118%, incremento que es difícilmente falsificable en tanto surge de los datos de la AFIP. El correlato es la suba de 8% en la participación de los trabajadores formales en el PBI de 36% a 44% (+- 1%)..

¿De dónde salió y a donde fue ese 8%(+- 1%)?

En primer lugar, 3% de los 8% (+- 1%) fueron al Estado a partir de la suba en los aportes (que pasaron del 7% al 11% del sueldo bruto) en tanto el 5% restante (+- 1%) fue al bolsillo del trabajador en blanco. A partir de aquí la cosa se pone más escabrosa, en tanto la información disponible escasea.

¿Este 5% (+- 1%) surge de haberle quitado participación a los trabajadores en negro y cuentapropistas o al excedente bruto de explotación (el capitalista)?

La evidencia aislada da señales de que la respuesta es que a ambos. En primer lugar, el año/año y medio de recesión afectó particularmente al empleo informal, incluso en las estadísticas oficiales, lo cual nos da una pauta de que habría cedido terreno. Sin embargo, por otro lado, la apreciación real y el cambio en la composición de recaudación de impuesto a los ingresos vis a vis los impuestos a la masa salarial (cosa que mostraré en otro post) implican que también el capital perdió participación.

Posiblemente, lo más cercano a la verdad sea decir que ese 5% (+- 1%) de ganancia de los registrados se repartió 50%/50% entre capitalistas e informales. Entonces, lo que tenemos hasta aquí es que parte del impacto negativo de la inflación ha sido compensada con una mejora en la distribución primaria del ingreso, particularmente en el sector registrado formal.

Sin embargo, esta es tan sólo la mitad de la explicación. La segunda parte está asociado a la fuerte expansión del estado de bienestar durante estos últimos años. El gobierno, con la moratoria previsional y la AUH, puso en marcha programas de transferencias para alrededor de 5 millones de personas con un costo fiscal directo de unos $ 27 mil millones de pesos. La combinación de ambos hechos, implicó una compensación a lo principales perdedores por la inflación: los trabajadores informales (perjudicados por los cambios en la distribucion primaria) y los ancianos.

En particular, la AUH ha sido especialmente eficiente en combatir la pobreza entre los más pobres, esto es, aquellos que no se mueven en el entorno de la línea de pobreza (de allí que en este gráfico la tasa de pobreza no experimente grandes cambios)
(Nota: El impacto social de la moratoria previsional ha sido, a mi entender, largamente sobrestimado, en tanto al menos el 60% de los $ 20 mil millones se dirigió hacia población no pobre, muy distinto a lo sucedido con la AUH, con la cual $ 7 de cada $ 10 fue a un hogar del primer o segundo quintil. Esto no implica, claro, que no haya sido una de las mejores medidas del gobierno)

En conclusión ¿Qué es lo que tenemos?

Argentina entró hace un lustro en un proceso inflacionario de especial impacto regresivo por haber sido acompañado por un notorio encarecimiento relativo de los alimentos. Sin embargo, la combinación de una mejora en la distribución primaria y un mayor despliegue del Estado de Bienestar compensaron los impactos negativos dejando a los indicadores sociales en niveles similares a los de 2006**.

Hete aquí, entonces, porque la inflación no está entre las primeras prioridades de la población. Sin embago, la nueva pregunta que surge desde aquí es ¿Encontró el segundo kirchnerismo la formula de la felicidad? ¿Cuál es la debilidad de este “modelo” económico y social existente desde 2006? ¿Quién está pagando la inflación?

Atte

Ele

*Yo dato el inicio del segundo kirchnerismo en algún momento entre la moratoria previsional de 2006 y el día del * de 2007. Habrá que ver si a comienzos de 2010, luego del Redrado-gate, finalizó esa etapa y empezó la tercera o si, en cambio, viviremos hasta fines de 2011 en el segundo.

**Vale aclarar que durante el periodo la economía creció alrededor de 15%

martes, mayo 11, 2010

¿Dónde está el impacto social catastrófico de la inflación?

La semana pasada tuve el placer de conocer en persona a Artemio, en el monumento histórico que hace las veces de cuartel central de la Consultora Equis. Imposible estar en la mismo lugar que Artemio sin reírse, como mínimo, una vez cada 90 segundos.

En determinado momento de la charla, de la que participaron también otros bloggeros amigos, preguntábase Artemio a viva voz ¿Dónde está el impacto social catastrófico de la inflación que anunciaban los agoreros? Los indicadores sociales que Artemio tenía en la cabeza no eran muy distintos de los de este servidor por lo que la pregunta no se basaba en alguna lectura distorsionada por el fenómeno INDEC. Sin minimizar lo que 4/5% de pobreza significa, ambos ubicábamos a la pobreza en algún lugar alrededor de 26% en 2006 y en torno al 30% a la situación actual, tal vez algo menos si consideramos el impacto de la Asignación Universal.

“4% de suba de pobreza” no llegó a decir Artemio, pero imagino que estaba implícito en el argumento “es un juego de niños frente al casi 60% en el que el país se hundía haya por 2002”.  Para ser sincero, si toda la historia terminara ahí, debería darle la razón pero, lamentablemente, ese es tan solo el comienzo.

Visto en retrospectiva, puede decirse que el gobierno tuvo dos etapas distintas en su estrategia de combate a la pobreza (otorgándole una racionalidad expost que posiblemente no tuvo, pero que no viene al caso).

La primera, que podemos llamar burdamente “Estrategia de Derrame”, va desde el comienzo de la gestión K (o incluso antes) hasta algún momento de 2007. La lógica de la Estrategia de derrame es simple: En un contexto de elevado desempleo, el propio crecimiento deriva en creación de empleo, en crecimiento de la masa salarial y, desde allí, en reducción de la pobreza. Cualesquiera sean los reparos que uno tenga para con la estrategia macroeconómica durante ese periodo, lo cierto es que los resultados en términos sociales son innegables.

Agotado este canal en una economía que se movía cerca de su nivel de empleo potencial que, dada la estructura de la oferta y demanda de empleo y juicios de valor aparte, creo que se ubica hoy en algún lugar cerca del 7/8%, el gobierno sin abandonar la anterior encara una segunda estrategia: la redistribución secundaria del ingreso, esto es, el combate de la pobreza a partir de la política fiscal. En el marco de una evolución claramente prociclica, con el gasto del gobierno nacional creciendo casi 3% del PBI entre 2006 y 2009, el gasto en asistencia, seguridad y promoción social crece cerca de 1,5% del PBI (la Asignación Universal posiblemente incorpore durante el año 1% más).

Dos políticas, que personalmente considero las mejores medidas de este gobierno, explican el grueso de este cambio en el gasto social: La propia asignación universal de 2009 y la moratoria previsional de 2006. El impacto conjunto de ambas medidas se ubicaría, según las estimaciones hechas acá, en el orden del 3,5%/4,0% (algo menos que lo que estiman Cañete, Aggis y Panigo).

Entonces noten como, aún a pesar del esfuerzo fiscal y un crecimiento de 15% del PBI acumulado desde 2006, Argentina no sólo no redujo su nivel de pobreza sino que incluso la vio ascender cerca de 5%. Algo de algebra básica sobre los números hasta aquí descriptos nos llevan a una conclusión con bastante efecto sensacionalista. El 75% de inflación acumulado desde 2006 costó al país no menos de 15% de suba en los indicadores de pobreza (o 6.000.000 de personas) incompletamente compensado por la política social y el crecimiento.

Posiblemente la estrategia que implementa el gobierno sea la más conveniente desde el punto de vista político. En definitiva, es fácil ver la mano del que reparte el gasto social y difícil ver la borrosa mano detrás de la inflación que corroe los ingresos. El problema, claro, es que el daño colateral está minimizado.

La razón de tamaño costo social, se basa en una afirmación que creo no sólo que Artemio comparte sino que puede defender con muchos mejores argumentos que los míos. A diferencia de lo que ocurría 30 o 40 años atrás, el mercado laboral argentino de 2010 es particularmente vulnerable al fenómeno inflacionario, vulnerabilidad que surge por la desigual distribución de la capacidad de negociación al interior de la fuerza laboral.

La polarización de la pirámide salarial desde 2002 no es sino un reflejo de este fenómeno. Para muestra basta un botón. En tanto los salarios de los trabajadores registrados se encontraría actualmente un 25% por arriba de los niveles pre devaluación, los trabajadores del sector público se encuentran aún un 20% por debajo y los informales recién recuperan el nivel de compra de 2001 (que a su vez era un 25% más bajo que el de 1994).

Entonces ¿Qué hacemos? ¿Esperamos que el mercado laboral aprenda a defenderse de la inflación o reajustamos nuestra política económica y social para adaptarla a la realidad?

Recuerden que, mientras nos decidimos, hay unos 12.000.000 millones de tipos que la miran de afuera.

Atte

Ele

Pd: Presionado por Genérico, me contuve del abuso del autobombo. Creo que no será sostenible en el tiempo.

lunes, abril 05, 2010

¿Cuál es la definición de la locura?

En un mundo cuya principal preocupación nominal es la deflación – esto es, la caída del nivel general de precios – Argentina brilla al escaparle a la regla y tener instalado en la agenda los impactos que la inflación tiene sobre la economía y la sociedad.

El impacto más mencionado es el redistributivo. La inflación implica transferencias de stocks y flujos de recursos regresiva. Esto es, el impacto negativo sobre un segmento de la población es inversamente proporcional a su capacidad de indexar su fuente de ingresos y su riqueza o, dicho más simplificado, la inflación afecta más a los pobres que a los ricos.

Ahora bien ¿Cuál fue la magnitud del impacto regresivo de la duplicación de precios del último lustro? Indekgate mediante, nadie lo sabe, ni siquiera el gobierno.

Mi sensación general es que, si bien la tendencia al deterioro de los indicadores sociales es unidireccional, el impacto negativo no ha sido todavía demasiado importante. Las mediciones “informales” de pobreza, indigencia o distribución del ingreso muestran que, en 2010 y tras otra media década perdida, Argentina presenta un patrón similar al de 2006.

El factor principal que contuvo el empeoramiento de la situación social desde 2007 ha sido la política social del kirchnerismo. En particular la moratoria previsional de fines de 2006 y la asignación universal de 2009 explican, en conjunto, una reducción de la pobreza de entre 3.5% y 4,0%.

Este resultado positivo de la política social, sin embargo, debe ser interpretado con precaución. El kirchnerismo cambió un “modelo 2003-2007” con resultados sociales positivos endógenos (con bemoles que ya hemos mencionado varias veces pero que no vienen al caso) por uno versión 2010 que tan solo evita el deterioro a través de una dinámica fiscal riesgosa. Estos riesgos, como decíamos acá, surgen no sólo de su prociclicidad sino de la debilidad de sus fuentes de financiamiento.

Viendo hacia adelante, el segundo modelo K no parece haber alcanzado su límite. El canje de deuda que se acerca, y la probable apertura a nuevas fuentes de financiamiento en los mercados financieros darán oxigeno a las agotadas arcas fiscales. Aunque comprando un problema a futuro, es posible que el gobierno logre contener el deterioro social hasta los comicios del año que viene. (nota al pie: en este contexto, la necesidad de la oposición de rever sus estrategias discursivas es urgente)

Entonces, el hecho de que no haya impacto social tangibles ¿Implica que la inflación no es un problema?

No. Claro que no. Obviamente que no. La historia inflacionaria argentina nos obliga a ser responsables y a mofarnos, por irrisorios, de argumentos del tipo “Argentina puede tolerar una tasa estable de inflación de entre 10%/20% si con ello sostiene el crecimiento” (como si existiera algo así como una tasa estable de inflación de 10%/20%). De no controlarse, Una inflación ascendente con un piso del 20% como la actual tendrá inevitablemente un impacto negativo en las tasas de crecimiento de mediano plazo (y con ello en las situación social de la Argentina de 2015).

Las razones son múltiples y conocidas. Entre otras:

La inflación deteriora, una vez que la población incorporó la indexación, a las cuentas fiscales y con ello a la capacidad de sostener un estado de bienestar. El famoso “Efecto Olivera-Tanzi” según el cual el gasto público tiende a ajustarse más rápido que los ingresos fiscales (que se miden sobre una transacción hecha con un nivel de precios menor).

La inflación valoriza las actividades de apropiación de rentas y con ello el lobby estéril. En un contexto inflacionario, el que no se prende en la rosca, pierde. Prenderse en la rosca, obviamente, implica recursos y tiempo o, como diría De Pablo, implica que el sector privado este ocupado y no trabajando. La inflación nos obliga a estar preocupados por la inflación. A estar hablando de inflación y debatiendo sobre la inflación.

La inflación agrega un factor de incertidumbre a cualquier decisión económica que implique un compromiso en el tiempo. La inflación viene con cambios constantes en los precios relativos y los precios relativos son el factor más importante en cualquier negocio. Se deteriora, así, la calidad y cantidad de la inversión

La inflación vuelve borrosa a la información, acortan la duración de los contratos e implica transferencias caprichosas de stocks entre acreedores y deudores, inviabilizando el sistema financiero.

La inflación impacta negativamente en la inserción comercial externa. En un mundo de Cadenas Globales de Valor (suficientemente distinto del de la década del 60 como para animarse a analogías simplificadoras), la incapacidad argentina de establecer contratos de mediano y largo plazo inevitablemente tendrá un impacto negativo (salvo, claro, en los mercados commodities donde los contratos no importan).

(¿Qué más? ¿Qué olvidé? invito en los comments a que me ayuden a completar la lista)

Y sobre todas las cosas, la inflación aburre, agota. Que a menos de 20 años de nuestra última hiperinflación haya espació para la duda respecto a sus potenciales daños pone en evidencia la pobre, pobrísima capacidad social que tenemos para aprender de nuestros errores

Sin más, saluda atte

Ele

martes, marzo 30, 2010

Winds of Change

La reciente recomendación del Coek y la confirmación del amigo Escriba de hace unos días es señal inequivoca de que se vienen tiempos interesantes. (¿De autocrítica? ¿Exponemos todos la yugular?)

Hace dos años, cualquier recomendación de utilización del ancla cambiaria como herramienta antiinflacionaria era, en la más sutiles de las versiones, acusadas de neo-noventismo voraz. Por el contrario hoy, estas posturas, se escuchan hasta en los más fervientes defensores del "Modelo de Tipo de Cambio real alto y estable" (TCRAE).

(Este servidor lo habia dicho acá (1, 2 y, 3), pero es lo suficientemente humilde como para no andar haciendo autobombo)

El proceso de transición es tangible, e implica (o implicará), sin un orden especifico, reconocer que...

(1) ... en un modelo de TCRAE no hay sólo y siempre ganadores, sino que alguien lo paga. (simplificando el punto al extremo, diría que el impacto es casi siempre regresivo, TCRAE = salarios bajos)

(1 bis) ... la canasta de consumo es lo suficientemente diversa como para que alcance el desdoblamiento de dos o tres commodities para protegerla de una moneda débil (Thesis pending).

(2) ... que jugar con el tipo de cambio puede generar presiones inflacionarias y que cuando despegan es una herramienta estabilizadora fundamental.

Y en algun futuro cercano

(3) ... que su impacto sobre la salud de la cuenta corriente y en particular sobre la dinámica de las exportaciones es mucho menos importante de lo que se suele creer. Esto es, que no alcanza con tocar el precio del dolar como para transformar una estructura productiva de desquilibriada a equilibrada.

¿Iremos convergiendo al Consenso del Bicentenario?

Happy Pesaj y/o Pascuas, según corresponda.

Atte

Ele

lunes, marzo 15, 2010

La macro no se negocia

Mis tres años de práctica profesional, cuyo inicio coincide, minutos más minutos menos, con el momento en el que abrí este blog, me han convencido de algo. La teoría macroeconómica funciona. Hay, como diría el Pepe Mujica, un par de reglas macro que no sólo son conceptualmente intuitivas sino empíricamente ciertas. La micro la charlamos, la macro no se negocia.

Una de esas reglas es que existe un límite a la capacidad de la política expansiva (fiscal y monetaria) para impulsar la actividad económica. El límite es físico. La estructura productiva no puede siempre pegar saltos caprichosos hacia adelante. El límite no sólo está en la disponibilidad de insumos de producción (mano de obra, capital, energía, materias primas, etc) sino en el tiempo que necesita el sistema para reasignar los recursos.

Una economía llegando a su límite se manifiesta de dos maneras: inflación e importaciones. Viendo la combinación de ambas series para Argentina y la evolución de los indicadores de empleo que, desde principios de 2007, no mejoran ni un centímetro, hay indicios claros de que cerca de esa fecha, Argentina alcanzaba el límite
(Nota, la serie oficial de desempleo de la EPH tiene dos feroces dibujos en los valores de 2007q4 y 2008q4. En breve subo un post justificando la corrección que muestro en el gráfico)

Todo sería mucho más complicado si el rebrote inflacionario e importador no coincidiera con un impulso fiscal y monetario fuertísimo en una economía no muy alejada de su “producto potencial de corto plazo” (que no se cual es pero sé que está ahí). Podría, si las relaciones más elementales de la macro no se cumplieran, recurrir al argumento de los oligopolios, al del precio de los commodities o al reacomodamiento de precios relativos. Pero no. Están ahí. Se cumplen. O, mejor dicho, o se cumplen o la coincidencia es sorprendentemente oportuna. (click para agrandar)

Así, desde 2007 (con excepción de 2009 cuando la brecha en el producto reapareció), entramos en un sendero de políticas expansivas con bajo impacto en la actividad económica.

El problema es que los costos de buscar violar esa primer regla de la macro no se limitan a la inflación o a las importaciones, lo cual nos acerca a la segunda gran regla macro. La política fiscal está vinculada con su propio pasado y con su futuro o, como decimos los economistas, requiere cierta consistencia inter-temporal. El vínculo es relativamente simple. Independientemente del impacto que tenga sobre el producto, un año podes gastar sin financiamiento genuino, pero la capacidad de financiarte se complica a medida que mantenes el comportamiento irresponsable en el tiempo. Eventualmente chocas con el default o, sobre todo, con el  impuesto inflacionario..

Los seis años de gobierno de matrimonio Kirchner coinciden con el del mayor aumento en los recursos del sector público nacional de toda la historia económica argentina. Vean el siguiente cuadro, donde no se tienen en cuenta aquellas presidencias de menos de un año. Nunca como en la actual una gestión vio incrementarse tanto sus recursos respecto a la anterior. Los 3,5% de recursos adicionales promedio (que esconde una suba de 4.5% de 2003 a 2009) se ve secundado tan sólo por el 1.89% adicional de Ongania-Lanusse, el 1.83% de Illia y el 1.59% de Alfonsin (que tuvo su primavera).

Sin embargo, y a pesar de este fenomenal e inédito crecimiento en los recursos, la gestión K ha puesto nuevamente en jaque la consistencia intertemporal fiscal, impulsando a una economía que ya no muestra una brecha demasiado importante entre su producto efectivo y potencial.

El gasto total creció de $ 131 MM en 2003 a $ 267 en 2009 (en pesos de 2009). Sabemos adonde fue la plata. 1 de cada 2 pesos de destinaron al vergonzoso esquema de subsidios que buscó sostener ese mundo virtual y mediático de tarifas bajas y combustible barato. La pregunta es ¿De dónde sacó el ejecutivo los $ 136 MM adicionales?

Existen cuatro y tan sólo cuatro formas de financiar el gasto público (si encuentra una quinta, habrá violado la primera ley de la termodinámica). A saber, en orden decreciente de sostenibilidad (i) impuestos (ii) endeudarse (iii) emitir moneda y (iv) liquidar stocks (por ejemplo, privatizar). Todas tienen su analogía en algún movimiento contable (si cae el patrimonio neto o sube el patrimonio neto o cae el activo o sube el pasivo). En el siguiente cuadro podrá ver cuál fue la composición del financiamiento entre ambos períodos.

De los $ 136 MM:
1) $ 4 MM (3%) surgieron del flujo de ahorro que el gobierno tenía en 2003

2) $ 50 MM de ingresos tributarios (37%), la que personalmente considero la fuente más genuina de ingresos. De ellos, $ 8 MM pueden atribuirse al aumento de las alícuotas de retenciones de 2007 que, aunque polémicos, creo que corresponden también a la categoría de “genuinos”

3) $ 51 MM (38%) llegan de las contribuciones a la seguridad social, donde $ 6 MM corresponden a la estatización de las AFJP (su flujo, y no su stock) que, aunque también polémicos, son genuínos. $ 5 MM (4%), sin embargo, son ingresos transitorios que tenderán a desaparecer desde 2011, de jubilados que pagan cuotas por la moratoria previsional de 2006.

4) $ 23 MM (17%) corresponden a diversas formas del impuesto inflacionario y al pago que el FMI nos hizo hacia fines del año pasado. Puro financiamiento transitorio, espurio y regresivo.

5) $ 7 MM (5%) restantes fuero liso y llano desahorro

Note el lector como la suma del desahorro, el impuesto inflacionario y la moratoria previsional alcanza los $ 35 MM. Así el 25% del incremento del gasto público y 13% del gasto total es financiado a partir de recursos “no genuinos” y/o transitorios, lo cual inevitablemente genera un problema intertemporal.

¿Es esto un problema serio? No debería serlo, pero lo es. 2.5% puntos del PBI de colocaciones en los mercados durante un par de años no genera ningún problema de sostenibilidad en una economía creciendo al 3%/4% pero, como sabemos, el segundo tipo de financiamiento, intervención del INDEC mediante, está hoy vedado.

En cambio, optamos por la vía inflacionaria, la tentadora y regresiva vía inflacionaria.

Y así, la castidad de las reglas de la macro descansan invioladas y los cauces naturales siguen su camino. La inevitable jaqueca de domingo de una expansividad innecesaria y esteril nos arrincona en las siempre poco felices opciones que nos deja la realidad de una economía que, si uno la dobla demasiado, se rompe.

La solución, por suerte, no parece ser demasiado compleja. “Descremar” un poco el gasto y reabrir los mercados voluntarios de bonos. La buena noticia es que en un año de 4%/5% de crecimiento la corrección de estos desequilibrio no debería traer problemas. La mala es que hay que apurarse, porque mientras nos peleamos por el FoBic se acerca 2011, y sus U$S 20 MM de vencimientos de la deuda.

Atte

Ele

lunes, marzo 01, 2010

El impacto de la política social Kirchnerista


No le creo a las recientemente publicadas bases de la EPH. Ni un poco. Intuyo la manipulación, la huelo, la siento, pero no puedo demostrarla. Pululan indicios de alteraciones en casi cualquier cruce que se haga, como las inexplicables evoluciones del salario de los no registrados o de las tasas de actividad y empleo. Sin embargo, hagamos abstracción y juguemos a que les creemos* y a que las estimaciones que obtenemos a partir de la EPH valen. 

¿Cuál ha sido el impacto sobre la pobreza de las políticas sociales del gobierno?

El primer paso es estimar la pobreza actual. El insumo crítico para esta estimación es la Canasta Básica Total que determina a partir de que punto una familia es considerada pobre. No encontrando cálculos recientes de Artemio (la ultima que encontré fue de 2008) arriesgo mi propia estimación, que surge de combinar inflaciones provinciales, las estimaciones de Buenos Aires City y de inflaciónverdadera.com.  Los resultados se presentan en el siguiente gráfico.


Como puede observarse en el siguiente gráfico, para esa canasta básica la pobreza en el segundo trimestre de 2009 habría sido de 25,3%, casi el doble del 13% estimado por el INDEC (3.2 millones de personas). 


Extañamente, se produce, desde el segundo trimestre de 2008 y durante el año de la crisis internacional, una caída de la pobreza de casi 4% a la cual no le creo ni un poco. Sin embargo, y como todos son inocentes  hasta que se demuestre lo contrario, voy a dar esta caida por cierta y continuar, aunque asumiendo el compromiso de seguir quemando valiosas horas de ocio hasta encontrar y medir el tongo. (Algo encontré alrededor de las tasas de empleo e inactividad, pero sin evidencia concluyente, callo)  

Noten que no es para nada neutral la Canasta Básica utilizada. Si en vez de utilizar la que mostrara más arriba usara otra un 10% más baja, 950.000 personas sobre un total de 24.5 millones de habitantes (urbanos) dejarían de ser pobres (3,9%) y 750.000 personas pasarían a serlo si hubiese subestimado la canasta en 10%. 

No es el eje de este post, sin embargo, medir cuanto es la pobreza sino, en cambio, medir cuanto varió la pobreza, así que,  volviendo a lo nuestro ¿Cuál fue el impacto las políticas sociales de la gestión K?

Me centraré en las dos más importantes. La moratoria previsional de fines de 2006 (que aplaudiría hasta que me duelan las manos si no la hubieses podrido 20 meses más tarde con la estatización de las AFJP) y el ingreso universal a la niñez de fines de 2009 (que aplaudo sin peros).

Moratoria Previsional

Para medir el impacto de la moratoria previsional realicé una microsimulación de Montecarlo sobre las EPH. Según se ve en los propios datos, entre el IV trimestre de 2006 y el II de 2009 el número de jubilados crece un 39% (700.000 personas) como resultado de la moratoria que amplió sensiblemente la cobertura del sistema previsional. 75% de ese incremento, aproximadamente, se explica por mujeres mayores de 60 años que cambian su condición de inactividad desde amas de casa a flamantes jubiladas. El 25% restante son trabajadores mayores que dejan de estar activos y se retiran.

El ejercicio para medir el impacto de la moratoria es simple. (1) De manera aleatoria, en cada periodo quito a un número de mujeres jubiladas mayores de 60 años su ingreso por jubilación y las regreso a su condición de amas de casa. El ejercicio se realiza de manera tal que el porcentaje agregado de mujeres jubiladas vuelva a ser el previo a la moratoria previsional (61%). (2) Hecho esto, calculo el nuevo ingreso del hogar y reestimo la tasa de pobreza (3) repito (1) y (2) 100 veces y tomo el promedio de las tasa de pobreza obtenidas. La diferencia entre ese valor y la pobreza original representa el impacto de la moratoria previsional.

Ingreso universal a la niñez

Para medir el impacto de la Asignación Universal simplemente incremente el ingreso en $180 por menor (hasta un máximo de 5 menores) para aquellos hogares que tuvieran un/a jefe de hogar:

1) Desocupado/a
2) Ocupado/a en negro con ingreso laboral menor a $ 1800 (use un valor mayor al que rige en el plan para incluir a aquellas personas que entran igual aunque no cumplan el criterio)
3) Ocupado/a cuentapropista con ingreso laboral menor a $ 1400
4) Ocupado/a en servicio doméstico

Esto me da un total de un millón de personas viviendo en un hogar donde se recibe una asignación (en una cantidad de hogares que no puedo medir porque las nuevas EPH no traen el ponderador de hogares). De este millón de personas, el 60% pertenece a un hogar pobre (el 40% restante posiblemente se encuentre sólo ligeramente por encima de la linea de pobreza). Asi medido, el monto total repartido en concepto de asignacion universal ascendería a $ 4.8 mil millones de pesos anuales.

(Tener en cuenta que esto corresponde tan sólo a la proporción de población urbana, y no considera a los 16 millones de habitantes rurales)

Resultados

Los resultados de ambas estimaciones pueden verse en el siguiente gráfico: (corrí el ingreso universal desde fines de 2008 para que el efecto pueda verse)

Combinadas, ambas políticas indujeron una caída directa de 3.5% en la tasa de pobreza, 1,2% atribuible a la moratoria previsional y el 2.2% restante al ingreso universal. 860.000 personas sobre un total de 6.5 millones de pobres urbanos** (13%) cruzaron la línea de pobreza como resultado de una transferencia directa del Estado. 

Nada mal, ¿No?

No tenemos todavía estimaciones del impacto en términos de la distribución del ingreso, que prometemos vendrán en breve. La estimación realizada no cambia sensiblemente si utilizamos una Canasta Básica distinta. Para estimaciones con precios 10% por arriba o por abajo del utilizado las diferencias eran despreciables.

Ojalá el Kirchnerismo fuera sólo esto, ¡Con qué alegría lo votaría a Nestor en 2011!

Atte

Ele

*La corrección de la aparente sobreestimación del ingreso de los no registrados, no incluida en las estimaciones de más arriba representa entre 0.5% y 1.5% de pobreza.

**Las estimaciones se realizan sobre un total de 24.5 millones de personas cubiertas en el universo de la EPH.

martes, febrero 09, 2010

So far, so good... or not (2)

Evidentemente, la política fiscal en argentina ha sido cualquier cosa, menos un elemento de estabilización anticiclíco. Por lo general, las grandes expansiones del sector público se dieron en momentos de fuerte crecimiento, dejando el ajuste para los años de crisis. Claro, como sabemos bien, estas trayectorias en las finanzas públicas deben tener su correlato financiero, ya que alguien, siempre, lo paga.

Durante los noventa, la Ley de Convertibilidad impuso limites a la financiamiento que el Tesoro podía solicitar del BCRA de forma de, al menos en teoría, forzar la disciplina en las cuentas públicas. Dado que nada de eso ocurrió, el endeudamiento creciente y acelerado fue el único modo de conservar el esquema. La deuda pública creció de forma sostenida y el pago de interés en términos del PIB alcanzó valores máximos que superaron el 5% hacia fines del modelo.
Este desquicio financiero impuso nuevas restricciones en los años post convertibles. El exitoso canje de la deuda pública de 2005, junto con un superávit primario (lo que implico la ausencia de monetización de las cuentas públicas) en un contexto de acelerado crecimiento llevaron los niveles de endeudamiento público a niveles mínimos.
Ok... hasta acá suena muy lindo todo. Casi prístino diríamos. Pero al profesor Olivera y a varios comentaristas no le gusta nada. Dicen que para hacer política fiscal en serio, hay que tener conqué. La clave del problema, parece ser que los años previos a la crisis y fundamentalmente en 2007, el Gobierno mantuvo un sesgo excesivamente expansivo que mantuvo el crecimiento a tasas chinas, al costo nada menor, de acelerar fuertemente el proceso inflacionario.
La consecuencia de este es esquema fue que cuando necesitaste hacer política fiscal contracíclica, el Gobierno se quedó sin recursos genuinos y tuvo que acudir a fuentes de financiamiento de lo más diversas, a las que con gran sentido académico, denominamos "manotear de donde se pueda". Aún entendiendo que podían existir alternativas más potables, no nos parece mal que hacer lo que se hizo. Lo dijimos antes, lo repetimos ahora.

Nos preocupas más como pintan las cosas hacia 2010. Las estimaciones privadas hablan de una recuperación en el crecimiento, el verano fue alentador y sin embargo, el Gobierno va a sostener el impulso fiscal... y ya no quedan muchos stocks para meter mano!. Y sin de donde meter mano, y sin acceso a mercados voluntarios de deuda para financiar el gasto... sólo parece que queda un camino. Y desde ya lo decimos... no es un buen camino.

Saludos

Genérico.

lunes, febrero 01, 2010

So far, so good... or not (1)

Parental Advisory: Escenas de Explícitas de Berretonomics.

Al final del final del final, todo este debate sobre la salida del ahora-te-renuncio ¿ex?-presidente del BCRA, es sólo sobre un tema: Cuál es la restricción de presupuesto que tendrá la administración central, y vía ATNs, el Estado Nacional Consolidado, en 2010 (es decir, cuanto hay para gastar y de donde surge el financiamiento para ese gasto).

Sabemos que hasta ahora, son muchos los que acusan de irracional a la actual política fiscal. Por ej., al amigo de Olivera, esto no le gusta nada de nada. Mi amigo Elemaco siempre insiste que la mejor política fiscal es la contracíclica: ahorrar cuando las cosas van bien, para gastar cuando van mal, and believe you me, they will go bad!. Pero lo que no me cierra, es porque todos ellos, respetables anti-k, criticaron como criticaron la política de 2009.

Pero mejor, vamos a poner las cosas perspectiva, porque sino se entiende poco. Allá, en los principios de los tiempos (osea en 1993 donde empiezan las series de ctas nacionales) gobernaba aquel con el que vivíamos mejor. Asesorado por muchos super Phds, la cosa distaba de ser el ideal del mundo de Elemaco: Durante el menemato, la política fiscal fue siempre expansiva, principalmente, en los años de mayor crecimiento. Nada muy prolijo, pero si, muy "endeudante".
El inoperante y represor de Fernando, no sorprendió en nada (que tragicómica la historia de la Alianza... por donde se lo mire). Heredó el quilombo de Menem, y profundizó el sesgo, ajustando en recesión. Road to perdition. Los creadores del plan de convertibilidad suelen cargar la culpa de todo el colapso a esta política fiscal siempre expansiva. Es evidente que la insostenibilidad fiscal fue clave... lo que no evidente es que haya sido exógena al modelo, pero eso es harina de otro costal.
Al pobre militarista del cabezón le tocó jugar en la B. Con un fisco arruinado y corriendo para atrás vio como la economía inició el sendero ascendente y empezó a revertir los coletazos del colapso convertible.
Lo de Néstor puede dividirse en dos etapas. En la primera, hasta que se sacó de encima al pálido, el sesgo de la política fiscal fue más bien contractivo llegando a ser neutro en algunos años. Básicamente se acompañó la recuperación y se acumuló un buen superávit. La segunda parte, ya sin amarras, se utilizó fuerte y sostenido el gasto para mantener las tasas de crecimiento chinas, y de ahorrar, ni noticias.Finalmente, para Cristina las cosas pintaron mal. Crisis interna y externa conjugaron en un crecimiento que empezó a caer, para pasar a contracción en 2009. Lejos de los llamados a la cordura de la republicana oposición, en 2009 el Gobierno agarró fondos de donde quiso, de donde hubo, de donde pudo y aplicando los manuales más básicos de política económica usó la política fiscal como herramienta anticíclica y contabilizó en el año un impulso de las cuentas públicas sobre la actividad superior a 3,5% del PIB.
Raras cosas las de este Gobierno, que en lugar de defender el uso anticiclico del déficit, festeja la obtención de ficticios superávits. También raro que le hayan caído tan pero tan duro por haber sido expansivos en 2009, cuando para todos la economía caía... ¿qué se debería haber hecho? ¿ajustar en recesión?.

Claro, 2010, es quizás... otro cantar.

Saludos