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martes, agosto 16, 2011

Progresismo financiero

Una de las virtudes que suele atribuirse al periodo K es el haber mejorado la distribución del ingreso personal. Si bien desde hace algunos años, intervención del INDEC mediante, es difícil sostenerlo con datos duros, lo cierto es que hay una “sensación” de que la distribución habría mejorado, con una tendencia que invita a ser optimista.

Pero, más allá de este debate, menos claro es que esta redistribución del ingreso haya afectado positivamente la distribución de la riqueza. Lo primero nos habla de como se reparte lo producido durante algún periodo de tiempo, y lo segundo quien es el dueño del stock, de los medios de producción. A largo plazo, el proceso es sostenible sólo si la mejora en lo primero también se traduce en una en lo segundo

¿Pero cómo puede ser esto posible? ¿Cómo puede convivir un modelo que distribuye más progresivamente los ingresos con uno que redistribuye regresivamente la riqueza?

La clave de este escenario se encuentra en el sistema financiero (SF). En contraste (o en complemento) con la impresión que suele existir sobre el SF, asociada a grupos de elevado poder adquisitivo que especulan para convertir dinero en más dinero, el SF cumple un rol esencial como dinamizador de la actividad económica y como mecanismo de progreso social. Es complicado, en la actual coyuntura financiera, escribir un post sobre las virtudes de un SF desarrollado, sin embargo, haré el intento.

El SF argentino, marcado a fuego por décadas de sucesivas crisis económicas y financieras, períodos de elevada y prolongada inflación, eventos de masiva rotura y redefinición de contratos, más recientemente, por la inflación o por hechos como la estatización de las AFJPs, no logró logra atravesar las etapas más embrionarias de desarrollo e incluso está desde hace algunos años en retirada. La suma del crédito bancario y de la capitalización de bonos y acciones se ubicaba, antes de la explosión de la crisis subprime, alrededor del 75% del PBI y en el entorno del 50% desde entonces. No hace falta irse muy lejos para encontrar casos de mayor desarrollo que el local, tan cerca como en Brasil o Chile estos valores eran de 260% y 240% respectivamente, y hoy oscilan en unas 2 veces el valor del Producto Bruto Interno.
Ahora bien ¿Cuáles son los principales problemas que genera este enanismo financiero?

En primer lugar, condiciona las posibilidades de inversión. Un sistema bancario subdesarrollado falla en su principal tarea de transformar depósitos de corto plazo en crédito a la inversión de largo. La opción de invertir queda así limitada tan solo a aquellos que tienen capital propio. No son ni Techint, ni Coca-Cola ni el grupo Roggio los que dejan pasar sus oportunidades de inversión, sino las PyMEs o los pequeños emprendedores. En el proceso de achicarse el sistema va dejando fuera a quienes dan menos garantías de repago, es decir a las firmas más pequeñas y a las más riesgosas (que por esto mismo muchas veces también son las más rentables.

Esto es también un problema desde el punto de vista macroeconómico y de las perspectivas de largo plazo. La inversión depende crucialmente de la capacidad de financiamiento propio, lo cual genera una paradoja de difícil solución: Queremos que que la gente más pobre aumente sus ingresos para que consuma y mejore su calidad de vida, pero necesitamos al mismo tiempo que el rico gane plata para que invierta y, acumulación de activos mediante, permita el apuntalamiento del crecimiento.

Esta paradoja, conocida por la disciplina económica al menos desde hace un siglo, sólo puede ser quebrada con un sistema financiero desarrollado que permita que las inversiones que efectivamente se realicen se definan por ser buenas ideas y no por ser ideas de tipos con plata.
Lamentablemente, el pasado reciente de Argentina no nos deja mucho margen para ser muy optimistas. No sólo el sistema bancario y la capacidad prestable total está franco retroceso, sino que el crédito tiene cada vez menos destino la financiación de algún tipo de acumulación de capital (sea comercial o hipotecario) y más de consumo de corto plazo. Así, el proceso inversor de la economía logra mantenerse simplemente porque, a diferencia de lo que suele creerse, el consumo creció sistemáticamente por debajo del PBI con su contracara en un ahorro que, rentabilidades históricamente altas mediante, se concentraba en las firmas que podían así invertir.


Ahora bien, como tantas veces, esto es tan sólo la mitad de la historia. La otra cara del SF, está en las personas que ahorran. Un SF desarrollado es el canal a través del cual el ahorrista, tenga el nivel de ingresos que tenga, pueda transformar sus ingresos actuales en ingreso futuros distribuyendo en el tiempo su perfil de consumo. Sin este mecanismo, o alguno equivalente, el ahorro de hoy simplemente pierde valor y desaparece con el paso del tiempo, por lo que la única respuesta inteligente ante este escenario es gastar hoy en bienes de forma de preservar de algún modo el valor actual del ahorro.

La particularidad que vuelve regresivo el subdesarrollo es, simplemente, que las opciones de ahorro son menores a menor nivel de recursos. Un sistema financiero pequeño limita las opciones de ahorro y las alternativas para protegerse de la erosión inflacionaria. “¿Qué hago con la plata?” es una frase típica en contextos de subdesarrollo financiero y tasas de interés reales negativas como el de Argentina de hoy, y a menor nivel de recursos más reducida es la cantidad de opciones.

El rico, con mayor acceso a la información accede a instrumentos de inversión más sofisticados o puede, incluso estar cerca del inversor real (como en el caso de los pools inmobiliarios o de siembra). Hacia abajo en la pirámide de ingresos, sin embargo, las opciones se van acotando y, como decía ELY acá, terminan en opciones con retornos fuertemente negativos como los bienes de consumo durables (LCD, línea blanca, autos) o directamente consumo no durable.

El decir, cuanto más pobre no sólo disminuye la capacidad de ahorrar mes a mes sino que el propio subdesarrollo del sistema financiero coarta la posibilidad de que ese ahorro corriente se transforme en acumulación de capital que es, en definitiva, la única forma de cambiar permanentemente la condición de vida de las familias.

Entonces, en conclusión, revertir la tendencia actual del SF es clave si pretendemos apuntalar la última década de crecimiento en un proceso virtuoso de desarrollo. Caso contrario, la mejor distribución del ingreso podrá tranquilamente convivir con una distribución regresiva de la riqueza. La razón es bastante sin simple. Sin sistema financiero el pobre no puede convertir ahorro en capital ni ideas en negocios.

Más complicado es contestarse como salir de esta trampa de subdesarrollo, pero mejor lo dejamos para otro post.

Atte

L

martes, abril 12, 2011

Noticias de Ayer, extra extra!

Este post de mi amigo Lucho (y sus siempre imperturbables comentarios del tipo “Hete aquí el progresismo del siglo XXI.”), una serie de tuits de Miguel Braun y una infinita cantidad de mails en la siempre oculta cadena paralela de la BEA, resucitaron un viejo debate que tenemos quienes este blog hacemos, a saber, Elemaco y quién escribe.

El Blogger con más prensa de ESC suele argumentar que la gestión de una Gobierno debe evaluarse exclusivamente por las políticas que éste impulsa, y no por los resultados de su gestión. Por el contrario, este marginal servidor piensa que tal evaluación debe incorporar ambos elementos, fundamentalmente, porque toda decisión que se toma es contexto-dependiente y que como tal, debe incorporar al conjunto del entorno en el cual esta se inscribe para su correcta interpretación.

Específicamente, como relata aquí, para Elemaco este Gobierno es un falso progresista porque sube el mínimo no imponible de ganancias. Analiza con detalle (y con un poco de oscurantismo) el resultado parcial de tal medida y desprende una conclusión implacable. Stop.

No more, no less. Lo primero que resulta evidente, es que más allá de cuan regresiva sea la medida en si, ésta es sólo una foto. En la película se observa claramente que la dinámica inflacionaria es clave para explicar el aumento y que como tal más que apuntar a distribuir regresivamente el ingreso, la medida apuntaría -como mínimo- a sostener las cosas como estaban.

No deberíamos aburrir (otra vez) con cuentas muy complicadas, pero si el aumento del mínimo no imponible fue del 20% y precios (y salarios... formales) van por un piso del 23%, el efecto real de la medida es una caída en el mínimo no imponible, y por lo tanto, una mayor captación de ganancias. Es tan básico que parece casi trivial.
Como muestran estos simpáticos grafiquitos, tomando a partir de 2009 (luego de la eliminación de la tablita de Machinea que complica todos los números) el mínimo no imponible de ganancias creció un 44% en solo dos años. Ele-conclusión: Gobierno malo. Sin embargo, si deflactamos por el IPC-CqP, vemos que el mínimo no solo no siguió esa dinámica, sino que bajó casi un 5%. ¿Ele-conclusión: Gobierno bueno?.

Pero decíamos además que el contexto importa. Una medida puntual no determina el resultado distributivo del conjunto de las políticas. ¿Y como estaban las cosas en el frente distributivo?. Pues bien, los datos del prestigioso CEDLAS de la UNLP muestran que la distribución del ingreso en Argentina ha mejorado de forma sostenida durante los últimos 8 años, inclusive, durante la crisis de 2008-2009. También muestran que hacia 2010, la distribución es la menos inequitativa para toda la serie desde 1986, revirtiendo dos hiper, el Tequila, la crisis de 2001-2002, etc. etc.
En definitiva. Por supuesto que estamos más que dispuestos a tensionar a este Gobierno por una distribución siempre más equitativa del ingreso, y por eso no siempre estamos a favor en las subas del mínimo no imponible. Pero también sabemos que justamente porque este Gobierno ha sido el único desde la vuelta a la democracia que ha sostenido una consistente mejora en la distribución es que este pedido es posible.

Esperando que esta blog se aleje de las conclusiones amarillistas, les deja un gran saludo.

Genérico

jueves, abril 07, 2011

En el diario no hablaban de ti.

Finalmente, el pasado viernes el gobierno decidió, a través del Decreto 3073/2011, incrementar el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, esa medida pro-rico en la que anualmente convergen los intereses del Gobierno, del Grupo A, de Clarín, de los sindicatos, de las señoras de Palermo y de Larry.

Heme aquí, quijotesco, con algo de data dura. A partir de datos de la AFIP y de la EPH y haciendo uso de la técnica de los cinco dígitos oscilante, logré armar los gráficos y tablas que a continuación les presento.

Aquí vamos ¿Quiénes se benefician con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias?

De acuerdo a las estimaciones de ESC y en consonancia con las oficiales, con la suba de $ 4.818 a $ 5.782 y de $ 6.665 a $ 7.998, entre 400 y 450 mil personas dejarán de pagar el impuesto a las ganancias. Sin embargo, y en oposición con la supuesta progresividad de la medida en defensa del bolsillo del trabajador, estos 450 mil que pagaban y ahora no pagan son los menos favorecidos entre los 1.25 millones de beneficiarios.

El siguiente gráfico describe, aproximadamente, cuanto se devolverá a cada trabajador por mes según la escala de sueldo inicial.
El monto de devolución del impuesto es proporcional con el sueldo en dos sentidos. Cuanto más ganas, más pagas porque tu base imponible es mayor pero, sobre todo, porque la alícuota que te cobran es creciente. Por los primeros $ 833 por encima del mínimo se paga el 9%, 14% desde allí a los $1666, 19% hasta los $ 2.500 y así hasta 35% para los ingresos por arriba de los $ 10.000 (el detalle está aquí). Así, el aporte por cada peso marginal del más rico es mayor que el del más pobre.

De esta manera, por cada $ 1 que el gobierno decrete subir el mínimo no imponible, quien estaba cerquita de la base pagará $ 0.09 menos y el más rico $ 0.35. Al extender la lógica al total de los contribuyentes, lo que tenemos es que la devolución de impuestos del pasado viernes tiene la siguiente distribución*

¿Qué nos dice el cuadro?

De los 7 millones de asalariados registrados, 1.2 reciben el beneficio. El importe total de la devolución impositiva es de alrededor de $ 3.000 mil millones, a razón de $ 185 por beneficiario (el 85% de una AUH). Casi el 20% del beneficio total lo reciben 103 mil personas con un ingreso mensual superior a $ 18 mil mensuales ($ 36 mil en promedio) que recibirá cada uno, en promedio, $ 422 (casi dos AUHs). En este último grupo, el gobierno gastará $ 567 mil millones.

Si nos limitamos a quienes cobran más de $ 10.000**, el gasto total del gobierno es de $ 1.740 millones. Es decir, luego del decreto el gobierno habrá transferido al 5% de mayores ingresos entre los asalariados registrados una cifra equivalente al 16% del gasto nacional en salud, al 20% del gasto en promoción y asistencia social, al 36% del gasto en ciencia y técnica, al 59% del gasto en Agua potable y alcantarillado, o al 36% del gasto en vivienda y urbanismo.

Parece mucho ¿No? Y eso que sólo han oido la mitad de la historia.

¿Quiénes no se beneficiaron con la devolución de ganancias?

Una estimación de los no beneficiados, elaborada empalmando la EPH y la data de la AFIP con una buena dosis de Guesstimate y una metodología que describo en los comments***, se presenta en el siguiente cuadro. Los datos son ligeramente distintos a los de la tabla previa (sobre todo en los extremos de la distribución) pero, mientras aquella es más precisa para estimar los costos totales, esta lo es para comparar contra un universo más amplio de trabajadores que incluya no registrados y cuentapropistas.

De acuerdo a estas estimaciones, al beneficio accedió tan sólo el 7.7% del universo de trabajadores comprendido por los registrados, los no registrados y los cuenta propistas. Es decir, en su reparto, el gobierno excluyó al 92,3% de los trabajadores. Este 92.3% está compuesto por un 84% de los trabajadores que cobra menos de $ 4.800**** -injusticia vertical- y un 7.7% que,aún cobrando más de $ 4.800, no se benefició con la medida -injusticia horizontal-.

En conclusión: dentro del universo de trabajadores registrados, el beneficio es creciente cuanto más rica sea la persona, y se concentra fuertemente en los deciles más altos. Por otro lado, al estar dirigido a un subgrupo de los trabajadores formales, deja afuera a más del 90% del universo de trabajadores.

Convengamos que hablar del “bolsillo del trabajador” es darse una licencia de lenguaje ¿No?

Así las cosas. Hete aquí el progresismo del siglo XXI.

Atte

Luciano

miércoles, agosto 04, 2010

¿Encontró el Kircherismo la formula de la felicidad?

El secreto objetivo de los últimos dos posts no ha sido otro que ser una extensa introducción a este que busca contestar la pregunta retórica con la que cerrara el primero ¿Por qué la inflación, a pesar de ser un proceso particularmente regresivo por su concentración en alimentos y bebidas, no es prioritaria en la agenda política de problemas a resolver?

Mi respuesta corta es “porque aún no es una demanda prioritaria de la población, que todavía no sufrió su impacto negativo”. Permitanme desplegar, sin embargo, la menos concisa pero más carnosa respuesta larga. ¿Qué ha sucedido durante el Segundo Kirchnerismo* para que la población no sienta el impacto de la inflación? .

Voy por partes

En primer lugar, y a diferencia de lo largamente anticipado, la inflación no ha tenido aún un impacto negativo sobre los salarios reales sino que, incluso, la tendencia que se observa desde hace algunos años es la opuesta, de la mano de la apreciación real y su impacto en la relación capital/trabajo. Haciendo malabares con la poca información disponible (que a quien interese puedo describir en los comments) reconstruí para 2008 y 2009 la serie que pueden ver en el siguiente gráfico.
Frente a un PBI nominal que habría crecido entre 75% y 80% entre 2006 y 2009, la masa salarial de los trabajadores registrados mostró un incremento del 118%, incremento que es difícilmente falsificable en tanto surge de los datos de la AFIP. El correlato es la suba de 8% en la participación de los trabajadores formales en el PBI de 36% a 44% (+- 1%)..

¿De dónde salió y a donde fue ese 8%(+- 1%)?

En primer lugar, 3% de los 8% (+- 1%) fueron al Estado a partir de la suba en los aportes (que pasaron del 7% al 11% del sueldo bruto) en tanto el 5% restante (+- 1%) fue al bolsillo del trabajador en blanco. A partir de aquí la cosa se pone más escabrosa, en tanto la información disponible escasea.

¿Este 5% (+- 1%) surge de haberle quitado participación a los trabajadores en negro y cuentapropistas o al excedente bruto de explotación (el capitalista)?

La evidencia aislada da señales de que la respuesta es que a ambos. En primer lugar, el año/año y medio de recesión afectó particularmente al empleo informal, incluso en las estadísticas oficiales, lo cual nos da una pauta de que habría cedido terreno. Sin embargo, por otro lado, la apreciación real y el cambio en la composición de recaudación de impuesto a los ingresos vis a vis los impuestos a la masa salarial (cosa que mostraré en otro post) implican que también el capital perdió participación.

Posiblemente, lo más cercano a la verdad sea decir que ese 5% (+- 1%) de ganancia de los registrados se repartió 50%/50% entre capitalistas e informales. Entonces, lo que tenemos hasta aquí es que parte del impacto negativo de la inflación ha sido compensada con una mejora en la distribución primaria del ingreso, particularmente en el sector registrado formal.

Sin embargo, esta es tan sólo la mitad de la explicación. La segunda parte está asociado a la fuerte expansión del estado de bienestar durante estos últimos años. El gobierno, con la moratoria previsional y la AUH, puso en marcha programas de transferencias para alrededor de 5 millones de personas con un costo fiscal directo de unos $ 27 mil millones de pesos. La combinación de ambos hechos, implicó una compensación a lo principales perdedores por la inflación: los trabajadores informales (perjudicados por los cambios en la distribucion primaria) y los ancianos.

En particular, la AUH ha sido especialmente eficiente en combatir la pobreza entre los más pobres, esto es, aquellos que no se mueven en el entorno de la línea de pobreza (de allí que en este gráfico la tasa de pobreza no experimente grandes cambios)
(Nota: El impacto social de la moratoria previsional ha sido, a mi entender, largamente sobrestimado, en tanto al menos el 60% de los $ 20 mil millones se dirigió hacia población no pobre, muy distinto a lo sucedido con la AUH, con la cual $ 7 de cada $ 10 fue a un hogar del primer o segundo quintil. Esto no implica, claro, que no haya sido una de las mejores medidas del gobierno)

En conclusión ¿Qué es lo que tenemos?

Argentina entró hace un lustro en un proceso inflacionario de especial impacto regresivo por haber sido acompañado por un notorio encarecimiento relativo de los alimentos. Sin embargo, la combinación de una mejora en la distribución primaria y un mayor despliegue del Estado de Bienestar compensaron los impactos negativos dejando a los indicadores sociales en niveles similares a los de 2006**.

Hete aquí, entonces, porque la inflación no está entre las primeras prioridades de la población. Sin embago, la nueva pregunta que surge desde aquí es ¿Encontró el segundo kirchnerismo la formula de la felicidad? ¿Cuál es la debilidad de este “modelo” económico y social existente desde 2006? ¿Quién está pagando la inflación?

Atte

Ele

*Yo dato el inicio del segundo kirchnerismo en algún momento entre la moratoria previsional de 2006 y el día del * de 2007. Habrá que ver si a comienzos de 2010, luego del Redrado-gate, finalizó esa etapa y empezó la tercera o si, en cambio, viviremos hasta fines de 2011 en el segundo.

**Vale aclarar que durante el periodo la economía creció alrededor de 15%

lunes, junio 14, 2010

Inflación heterodoxa - Buscando el cisne negro.

En el que fuera el post más comentado y visitado de los casi cuatro años de historia de ESC, Genérico expuso los principales lineamientos de la hipótesis de la gente de “inflación heterodoxa”.

Entre los diversos corolarios que pueden extraerse de la propuesta, una especialmente interesante es que, si efectivamente la dinámica inflacionaria puede explicarse por la combinación de inflación importada con un proceso de puja distributiva, entonces tal vez no sea tan grave. En definitiva, lo que tendríamos es un fenómeno exógeno y no manejable como la importación de inflación y otro hasta socialmente defendible, como es la lucha de los menos favorecidos por mejorar su posición relativa en la sociedad.

Sin embargo, esta hipótesis tiene, a mi entender, dos debilidades casi fatales. La primera de ellas ya fue mencionada en los comentarios. Está parecer ser una hipótesis completamente ad-hoc que, aún si se ajustara al periodo que busca explicar, falla el encontrarle una explicación a los diferentes niveles inflacionarios en países distintos o en el mismo país en distintos momentos del tiempo.

En segundo lugar, la hipótesis tiene, creo, un hueco importante en su argumentación. No alcanza con que haya puja distributiva para propagar un proceso de suba de precios. Para ser inflacionaria, la puja debe ser inestable, esto es, debe cambiar cíclicamente el sector o grupo social que toma la delantera. Si, por ejemplo, sólo tuviéramos presión sindical por la suba de salarios, lo que observaríamos sería un salto de nivel en los salarios reales. La inflación se produce, en cambio, cuando tras haber conseguido uno de los contendientes una mejora, la contraparte recupera terreno para volver a foja cero (en este caso los empresarios subiendo los precios).

Permítanme darles un ejemplo de lo que estoy hablando.

Brasil experimentó, desde que asumiera Lula hace ocho años, el proceso más intenso de mejora distributiva y combate a la pobreza desu historia reciente. El Gini de Brasil cae desde 0.59 a 0.54, en una mejora incluso más fuerte a la de Argentina desde el peor momento de la crisis en 2002 hasta 2007. La pobreza e indigencia, por su parte, caen 12% y 8% respectivamente.

Gran parte de estas mejoras surgen de la redistribución primaria del ingreso, esto es, de aquella que se origina en el mercado de trabajo. el salario real crece 30% durante el periodo de Lula (tras una caída del 18% durante los cuatro de años de crisis) y el desempleo toca los mínimos de los últimos 15 años.

El entorno en Brasil, entonces, era propicio para el desarrollo de un proceso de puja inflacionaria, montada sobre la misma inflación importada que habría afectado a Argentina. Sin embargo, durante todo el periodo de Lula, la inflación promedio fue de 6.5% por año (y de 5.3% si excluimos 2003), en un país con una historia inflacionaria equivalente a la argentina (y su última hiperinflación en 1994).

Entonces, con tan sólo cinco gráficos tenemos todos los elementos para plantear el interrogante ¿Por qué en Brasil no se vivió un proceso inflacionario como en Argentina, impulsado por la puja distributiva?

Tengo dos hipótesis al respecto, no necesariamente excluyentes.

La primera de ellas, que no es incompatible con la hipótesis de “inflación heterodoxa”, es que Lula canalizó tempranamente las demandas distributivas a través de la redistribución secundaria del ingreso, esto es, la que surge de la política fiscal. A pocos meses de asumir Lula pone en marcha, en el marco de los programas de “Hambre cero”, el Plan “Bolsa Familia” de transferencias directas a más de 47 millones de beneficiarios.

Ésta ampliación de la cobertura del Estado de Bienestar permitirían explicar no sólo el equilibrio en la puja distributiva, sino gran parte del fenómeno Lula, que tras ocho años de gobierno abandonará en enero el cargo con más de 80% de aceptación.

La segunda explicación, en cambio, es menos “heterodoxa” y, revisando el archivo, veo que ya escribí sobre ella acá.

La puja distributiva requiere una convalidación de la macroeconomía para convertirse en inflación. la inflación por puja distributiva es inflación de demanda y viceversa. Esto es, sin una política macroeconómica que acompañe las sucesivas etapas de la puja, las mejoras distributivas no tienen porque convertirse en inflación.

Esto es, justamente, lo que se observa en Brasil, país que combinó una micro relativamente heterodoxa (diversos planes de desarrollo, creciente rol del BNDES, controles de capitales, subas en el salario mínimo, regulación pro-Petrobras de la explotación petrolera, entro otras) con una macro “prudente” (diría “ortodoxa” pero no le veo lo ortodoxo a hacer política anticíclica).

Aunque la gestión macro no está exenta de sus bemoles (en particular de cara a 2011) en términos generales combinó (i) una exitosa implementación de targets de inflación, que implicó, durante largos periodos, fuertes subas a las tasas de interés de referencia (ii) política fiscal prudente y persistentemente superavitaria, sin recurrir al consumo de stocks (o acá), incluso tras los impulsos fiscales de 2009 (iii) acumulación precautoria de reservas que ascienden hoy a U$D 250 mil millones, entre otras particularidades de la macro que no describo aquí por falta de espacio y tiempo.

Así, Brasil acumula en las ultimas dos decadas un crecimiento exactamente igual al argentinoi (75%), con una volatilidad sensiblemente inferior y, sobre todo, con estabilidad nominal y sin la acumulacion de presiones inflacionarias que vemos en nuestro país. Creo, personalmente, que el caso de Brasil, como el de otros países de la región, son un contraejemplo sólido a la hipótesis de “inflación heterodoxa”. Tenemos, bien cerca, el caso de un país que ha logrado (como Chile, Uruguay o Bolivia) combinar el mandato distribucionista de un gobierno progresista con una gestión prudente de la macro y buenos resultados en términos económicos.

Esta combinación parecería también traer sus réditos en términos políticos. A diferencia de Alan Garcia (que no logró transferir el “milagro peruano” a mejoras de los indicadores sociales), Chavez o los Kirchner (que cometieron groseros errores en la gestión de la macroeconomía) todos los casos exitosos se convirtieron en caudales de votos y popularidad.

Con todo lo dicho, una pregunta no respondida queda pendiente ¿Cómo hacemos en Argentina para combinar nuestras (por suerte) elevadas expectativas en términos sociales con una gestión macroeconómica racional?

Sin más, saluda atte.

Luciano (aka. Elemaco)

*Es anticlimático elogiar a Brasil en mitad del mundial, pero bueh, el show debe continuar.

lunes, mayo 31, 2010

Sistema previsional ¿Mito urbano kirchnerista?

Uno de los grandes mitos urbanos de la corta década kirchnerista es que el proyecto político incluye un cambio radical en su tratamiento a jubilados y pensionados respecto a la década previa, marcada por el desinterés y abandono por la clase pasiva.

¿Cuánto de cierto tiene este mito?

Permítanme ponerlo a prueba con un poco de data duro. Verá que, como todo mito, este tiene una porción cierta y algunos bemoles. Hagamos un punteo de sus principales características y saque el lector, ponderando según sus preferencias individuales, sus conclusiones generales.

1) El kirchnerismo, a través de la moratoria de fines de 2006, aumentó notoriamente la cobertura del sistema previsional para ubicarla muy cerca de sus máximos teóricos y revirtiendo el fuerte deterioro observado desde 1991. Si pensamos que hoy debe haber unas 3.4 millones de mujeres mayores de 60 años y alrededor de 1.7 millones de hombres por arriba de los 65, los 5.1 millones de jubilados y pensionados (a lo que debe restarselé unos 250 mil jubilados menores de 60/65 años) representan una tasa de cobertura del 97%, muy por arriba de las mejores expectativas que uno podría tener.

Al incrementar como se hizo la tasa de cobertura, se universalizó el derecho a un ingreso durante la vejez, con independencia de la suerte que uno haya tenido en vida activa (click para agrandar).

2) Asimismo, durante el gobierno de Néstor Kirchner se observa una sensible mejora en la jubilación mínima que duplica el poder su poder de compra desde cerca de $ 200 a $ 400 (en pesos de 2003). Durante el gobierno de Cristina, en cambio, la jubilación mínima desciende como resultado del la erosión inflacionaria hasta ubicarse, en promedio, un 10% por debajo que la que ella recibiera al asumir.

3) Sin embargo, la dinámica de la jubilación mínima es solo una parte del comportamiento de la pirámide previsional. Como puede verse en los siguientes gráficos, en 2002 tan solo el 10% de los jubilados cobraba la jubilación mínima en tanto algo más del 50% cobraba, como mínimo, dos veces este valor. Las sucesivas subas de la mínima sin ajustes equivalentes en las otras porciones de la pirámide llevó a un fenomenal achatamiento en el que casi el 75% de los retirados es perceptor de la mínima (60% si no consideramos quienes entraron por la moratoria de 2006). En el extremo opuesto, hoy tan solo el 15% cobra al menos dos veces la mínima.

(La curva azul representa la evolución teórica sin considerar los 1.8 millones de nuevos jubilados por la moratoria de 2006)

Lo que se observa es una muy fuerte redistribución al interior del sector pasivo, en el cual un porcentaje ha mejorado notablemente su situación mientras otro grupo se encuentra todavía hoy por debajo de la situación que tenía en 2001. El achatamiento de la pirámide previsional mejora la función redistributiva del sistema, a costa de un alto porcentaje de jubilados que tienen una situación inferior a la de una década atrás. Redistribuir siempre implica que alguien gana y alguien pierde.

Ahora bien ¿Cuál fue el resultado neto de esa redistribución interna?

4) En el siguiente gráfico (izquierda) verán como la jubilación promedio es hoy un 15% inferior a la de 2001 (cuando Cavallo recortó el 13%) en tanto la jubilación promedio si no consideramos a los jubilados que ingresaron con la moratoria (que entraron cobrando la mínima) está un 6% por debajo de la de fines de la convertibilidad. Recuerden que, en el ínterin, la recaudación en concepto de prestaciones de la seguridad social creció un 50% en términos reales, como resultado de las mejoras en la masa laboral registrada y el incremento del porcentaje de aportes sobre la masa salarial.


5) El resultado de esta asimetría entre crecimiento de la jubilación promedio y recaudación es un saldo previsional positivo del orden de los $ 10 mil millones desde 2005, que anualmente son transferidos a rentas generales. Estos $ 10 mil millones de superávit previsional que el sistema transfiere no es muy distinto a lo que antes se acumulaba en las cuentas de capitalización. Esto es, al destruir la capitalización el gobierno convirtió un flujo de recursos que antes se ahorraba en gasto corriente. Para ponerle un orden de magnitud a estas cifras, el superávit transferido al tesoro en 2009 ($ 14 mil millones) permitiría otorgar un aumento de $ 210 a los cinco millones de jubilados. Esto es, incrementar la jubilación promedio de 2009 en 47%.

Lo que antes se ahorraba, hoy es administrado por un gobierno con una propensión a consumir superior a uno, con los impactos macroeconómicos que ya hemos mencionado lo suficiente como para que valga la pena repetirlo acá. Entonces ¿Qué es lo que debería hacerse con este saldo excedente? Cuatro son las opciones que se me ocurren: (1) Aumentar las jubilaciones hasta agotar los recursos excedentes (2) reducir las contribuciones sociales aumentando el ingreso de los trabajadores y/o reduciendo el costo salarial (3) crear un fondo de ahorro previsional al cual se dirijan los flujos de fondos excedentes (y del cual se extraigan en caso de ser necesario) o (4) devolver a la masa coparticipable los recursos que hoy se transfieren al sistema previsional. Si plesbicitaran, yo voto por la tres.

¿Sobrevive el mito?

Mi conclusión personal (que toma como referencia al sistema previsional ideal) tiene como resultado una valoración neutral, un empate, al combinarse una de las mejores medidas de la era K (la moratoria previsional) con una de las peores (la destrucción del sistema mixto en septiembre de 2008). Hoy tenemos un sistema que cumple mucho mejor que en el pasado su rol de redistribución del ingreso hacia la clase pasiva, pero falla en el cumplimiento del segundo objetivo de cualquier sistema previsional, a saber: inducir (o forzar) un alza el ahorro de la población, especialmente importante en una economía con baja tasa de ahorro como la nuestra

Hasta aquí mi aporte, ustedes ¿Cómo ponderan los cinco puntos?

miércoles, enero 27, 2010

¡O mais progresista du mundo!

Cada vez estoy más convencido. La gestión de Ignacio Lula da Silva desde el 2003 sería el modelo a seguir por el grueso del progresismo argentino…si no fuera porque la derecha le ganó de mano.

Es sabido que, lejos de confiar en la magia de un tipo de cambio real alto, Brasil hace uso recurrente de política industrial activa, cuyo mayor exponente posiblemente sea el BNDES con cosas como ésta. Menos se menciona, sin embargo, el fenomenal activismo que desde 2003 el “Personaje del año de 2009” llevó adelante en términos de política social.

Programas como “Hambre cero” o  Bolsa Familialos mayores programas de transferencias directas del planeta, implican asignaciones para 47 millones de personas y son claves para entender ese 60% de popularidad de Lula, incluso a pesar de los recurrentes escalados por corrupción que mancharon su gestión.

Hay dos características que diferencian los logros sociales de Lula de los del matrimonio Kirchner durante el periodo de oro 2003-2006.

La primera es que es difícil explicar las mejoras sociales como resultado de un “efecto cantidad”. Una parte importante de las mejoras en Argentina hasta 2006 pueden vincularse con la recuperación desde el abismo de la crisis. Brasil, en cambio, aunque golpeado por las crisis financieras de fines del siglo, parte de  una situación macroeconómica mucho menos caótica. En los últimos 18 años, por ejemplo, Brasil experimentó tan solo dos años de crecimiento inferior al 1% y ninguno con caída del producto.




La segunda, y más importante, es que estas mejoras no fueron a costa de acumulación de desequilibrios macroeconómicos. Las mejoras sociales de Lula no implicaron la puesta en marcha de una innecesaria puja distributiva. Entre 2005 y 2009, la inflación acumulada del vecino fue de 20%, muy lejos del 120% local. Y todo ello sin recurrir Lula  a artilugios innovadores como los acuerdos y controles de precios, los cierres a las exportaciones para abastecer al mercado interno o ingenierías impositivas para desconectar a los precios internos de los internacionales.


Por otro lado, la experiencia redistribuidora de Lula fue llevada a cabo sin poner en jaque la sostenibilidad intertemporal del sector fiscal y sin apoyarse en recursos excepcionales y/o apropiación de stocks. Durante el periodo hubo, incluso, un proceso de desendeudamiento, que llevó al sector público a tener deuda externa negativa. (En este sentido no es demasiado diferente de la de Argentina).


¿A qué me refiero con mejoras sociales y redistribución del ingreso?. Un par de gráficos valdrá más que mil palabras. (haga click para verlo más grande)


Desde 2003, la pobreza y la indigencia quiebran su tendencia reduciendose 15%  y 7% respectivamente en menos de una década. Asimismo, se revierte la caída en la participación del trabajo asalariado en el ingreso  Son fuertes también los cambios en otros indicadores de distribución. El índice de Gini cae 0.05, desde 0.60 a 0.55. Para que tenga una idea de la fenomenal magnitud de esta caida, tome como referencia este dato del amigo Sirinivasa. En Argentina, desde el peor momento de 2001 el índice de gini cayó 0.04, desde 0.47 a 0.43.

Finalmente, puede ver como la participación del 50% más pobre crece desde el 12.5% al 15.2% actual, en tanto el 10% cae desde el 47% al 43%. Para que tenga una referencia, en Argentina, en 2007, el 50% más pobre percibía el 18% del ingreso y el 10% màs rico el 35%. Claramente aún tienen mucho camino por recorrer, pero la película que muestran es envidiable.

Estas mejoras recientes complementan las que desde hace al menos tres décadas experimenta el país. No debe sorprender a nadie esa envidiable confianza que se tienen los brasileros. Imagino la experiencia de vida de un joven de mi edad. Sus casi 30 años de vida habrán sido acompañados por una lenta pero persistente mejora en la calidad de vida de la población. Por un lado, durante esos 30 años la producción del país se duplicó. Su esperanza de vida al nacer rozaba los 62 años y su probabilidad de morir antes de cumplir un año el 7%. Sus hijos, en cambio, nacerán con una esperanza de vida 10 años mayor y una probabilidad de morir del 2%. Vió en sus 30 años de vida la reducción del analfabetismo entre jóvenes de 10 y 14 años del 20% al 3% y el incremento del acceso a agua potable desde el 57% al 90% de la población. Vivió, asimismo, el proceso que llevó a la pobreza desde el 40% de su infancia a exactamente a la mitad.

Podría seguir, pero entiendo que la paciencia del lector es finita.




¿Cómo no va a creer este joven que su país está condenado al éxito?

En fin, no tengo dudas de que todo este proceso está repleto de peros y que la estructura social argentina no tiene nada que envidiarle a la del gigante vecino, a pesar de lo virtuosa que se ve la película. Sin embargo, tampoco tengo dudas de que son incontables las enseñanzas que podríamos extraer si nos animáramos a asomar un poco cabeza sin sentir que eso golpea nuestro orgullo nacional.

Sin más, saluda atte.

Elemaco

martes, enero 05, 2010

Distribución <--> Desarrollo



Una de esas vueltas de la vida (el lector atento imaginará cual) me tuvo un rato largo analizando un tema que durante tiempo ha desvelado a quienes escribimos este blog (por ejemplo acá, acá, acáacá, acá o acá):


¿Cuál es la relación entre distribución del ingreso y desarrollo económico?

Si nos dejamos llevar por el deseo benevolente y asumimos que lo bueno debería venir en paquete (como cuando se estudia, por ejemplo, la relación entre instituciones democráticas y desarrollo) la pregunta tiene una respuesta fácil: para desarrollarse hay que distribuir. Sin embargo, tras largas décadas, la ciencia maldita está lejos, bien lejos del consenso.

Durante casi medio siglo, entre la posguerra y la década del noventa, se construyó cierto consenso alrededor de la idea de que la desigualdad era un mal necesario para el desarrollo. El punto de fue el hallazgo de Simon Kuznetz, quien en 1955, encontró una relación con forma de U invertida entre desigualdad y nivel de ingreso: para niveles bajos de desarrollo, un incremento de la desigualdad podría ser beneficioso para el crecimiento hasta alcanzar un punto crítico a partir del cual mayor crecimiento haría caer la desigualdad.

!!Mamucha!! Pero ¿Cómo se explica esta relación entre desarrollo y desigualdad? Recorriendo la literatura se encuentran al menos cinco argumentos a favor.

En primer lugar, el propio Kuznetz planteaba que el proceso de desarrollo estaba impulsado principalmente por la acumulación de activos físicos, como se creyó durante muchos años (en particular a partir de la hasta entonces exitosa experiencia de la Unión Soviética). Al estar la acumulación de activos centrada en los estratos superiores, el crecimiento deriva en desigualdad.

Una segunda explicación, revierte la causalidad. Es la desigualdad la que fomentaría el crecimiento.  Kaldor en 1956, por ejemplo, sostenía que la tasa de ahorro agregada depende de la desigualdad. Si los ricos ahorran más, mayor desigualdad generará mayor ahorro y de allí mayor inversión y mayor crecimiento.

En tercer lugar, Si el desarrollo implica un viraje desde sectores primarios rurales (de bajos y homogéneos ingresos) hacia sectores industriales urbanos (de mayores y más heterogéneos ingresos), habría un incremento de la desigualdad asociado al peso creciente de de los sectores más desiguales en el total de la economía. El cambio estructural seria con desigualdad.

Una cuarta hipótesis afirma que, si hay mercados financieros imperfectos, puede ser necesaria una desigualdad mínima como para lograr cierto grado de concentración de los recursos financieros. De esta manera se alcanzaría una masa crítica que permitiría el hundimiento de costos y el desarrollo de nuevas actividades productivas. Recuerde que, durante décadas, se creyó que la clave del desarrollo estaba en la inversión sostenida en fierros.

Finalmente, una quinta hipótesis, bien enraizada en la cultura norteamericana, habla del esquema de incentivos en una economía desigual. Si el retorno de una actividad (por ejemplo, el trabajo) depende poco del nivel de esfuerzo podría haber pocos incentivos a diferenciarse, esforzarse y ser "emprendedor". La desigualdad actuaria entonces como una señal del  “you can do it”. ¿Quién no oyó alguna vez la típica historia del noruego que se queja porque a todos les va igual de bien, con sus casas todas iguales con sus jardines todos iguales y sus autos todos iguales?

¿Pero cómo es eso, Elemaco? ¿El mainstream sigue pensando que la desigualdad puede ser buena?

Felizmente, la respuesta es “no”, o al menos un “no todos”. Desde fines de los ochenta, una nueva ola de trabajos desafió el saber convencional. En menos de una década surgieron muchísimos trabajos teóricos y empíricos que, desde el mismo mainstream,  concluyen que no sólo no existiría el trade-off planteado por Kuznetz, sino que incluso la desigualdad podría ser mala para el crecimiento.

¿Y porque ahora creen que la que desigualdad puede ser mala? Hay varias explicaciones, algunas que escapan al espacio económico para adentrarse en la sociología, la ciencia política o la historia.

Un primer canal de trasmisión, de Alesina y Rodrik, es el de la economía política inducida por la desigualdad. Básicamente, la idea es que la desigualdad puede inducir pujas distributivas perjudiciales para el crecimiento. Si el capital en cualquiera de sus versiones (físico, humano, social, conocimiento) se encuentra muy concentrado puede generar inestabilidad en las políticas tributarias y redistributivas y/o una presión tributaria excesiva sobre el capital productivo que termine afectando el crecimiento (¡y bueno muchachos, el mainstream es maintream. Al menos no dicen que la desigualdad es buena!)

Un segundo canal, que se remonta a Keynes, es el opuesto al de Kaldor explicado más arriba. Una mejor distribución del ingreso, al aumentar el consumo interno, incrementa el tamaño del mercado doméstico y con ello el potencial para la industrialización.

Un tercer canal es el que asociado a la desigualdad con la baja acumulación de capital humano. La desigualdad puede reducir la educación y la acumulación de capital humano en las familias pobres, lo cual afecta el crecimiento tanto en el corto plazo como en el largo. El diferencial educativo entre pobres y ricos afectaría, a su vez, la distribución futura con lo cual existiría un mecanismo a partir del cual la desigualdad se perpetua a si misma.

Una cuarta hipótesis parte de distinguir entre dos tipos de desigualdades Eastearly (2006): La mala y la buena. La “mala” es la que surge de la creación de elites regionales por mecanismos tales como conquistas, colonización, esclavitud o el reparto desigual de la tierra por parte del estado o el poder colonial. En cambio “buena” surge por el reparto desigual del “éxito” que el libre mercado genera entre individuos, ciudades, regiones, firmas o industrial. Brasil o Sudáfrica, según Easterly, son ejemplos del primero y el reciente incremento de la desigualdad en China ejemplo del segundo. La lógica sería que la desigualdad estructural (la mala) puede dar origen a instituciones inestables y a una democracia débil como resultado de la oscilación del poder entre las facciones populistas redistribuidoras y las facciones oligárquicas y conservadoras.

Hasta aquí lo que uno puede encontrar revisando un rato la literatura económica. Ahora invito a usted, amigo lector, a hacer un ejercicio. Quítese por un momento el traje moralista. Olvide por un momento que la desigualdad es mala “porque si” independientemente de su impacto en el crecimiento y que la igualdad es un fin en sí mismo.

¿Qué opina? ¿Cómo impacta la distribución del ingreso a las posibilidades de desarrollo de un país?

Atte

Ele

jueves, octubre 29, 2009

Medición Total

Y sí... Cristina lo hizo: Asignaciones universales por hijo de $180. Esto los discutieron muchos los compañeros: Acá, acá y acá.

Esta universalización de las asignaciones familiares tiene desde ya profundos fundamentos éticos, distributivos y económicos que hacían imperiosa la aplicación de esta medida. Ustedes recordaran que el principal problema de la pobreza hoy, es el del trabajador pobre. En este sentido, el sistema de la seguridad social en Argentina tenía un lado perverso: los trabajadores en blanco, aquellos con baja probabilidad de encontrarse en situaciones de pobreza, recibían del Estado un ingreso adicional para sus hijos (siempre que ganen menos de $4.800).

Yendo a los números (aunque sin ver las especificidades del plan) la mejor analista/académica del mercado laboral argentino, repito, la mejor analista/académica sobre el mercado laboral argentino, Roxana Maurizio había escrito ya en 2008 un trabajo donde esta todo lo que ud. siempre quiso saber sobre este tema y nunca se animo a preguntar.

Pero para que no se metan con ese trabajo, los principales resultados se pueden resumir en que un plan de las características que tendría el propuesto por el Ejecutivo reduciría la tasa de pobreza en hogares entre un 20 y un 30%. Los amigos liberales, cuando discutimos sobre distribución, siempre se preguntan como se haría: Señores, ahí tienen su respuesta.

Recuerdo allá por 2005, cuando en una presentación sobre la pobreza alguién mencionó que las principales poblaciones de riesgo eran los desocupados, los jubilados y los niños. En fin, alguien algo hizo. Pero falta, mucho, demasiado todavía. A por ello entonces.

Saludos.
Genérico

PD: el costo fiscal, $10.000 millones de pesos al año. O más. Entre 1 y 2% del PIB, algo así como lo que salió la moratoria provisional. Muy poco al lado de excesiones, subsidios e impuestos no cobrados. Ahí esta el financiamiento.

lunes, julio 20, 2009

DM - Parte 2

La conclusión más obvia y trivial que surgía de este post, es que el crecimiento económico y la redistribución del ingreso son mecanismos fundamentales para reducir el nivel de pobreza y marginación que sufre una sociedad.

Como no puede ser de otro modo esto nos llevó al debate sobre los vínculos que existen (o no) entre estos mecanismos. Están los que creen que una estrategia de política basada en profundizar un sesgo redistribuidor puede afectar la “eficiencia” del sistema económico y por lo tanto reducir (y hasta abortar) el crecimiento del producto en el mediano plazo, situación que incluso podría derivar en un resultado opuesto al buscado: un aumento de la pobreza. Paradójicamente (o no), algunos liberales parecen no pensar así.

En particular llama la atención que todavía existan comentarios (minoritarios tal vez) a los post sobre el tema que sostienen como válida aquella relación negativa entre eficiencia y distribución. Principalmente, por que al analizar cuál debe ser la prioridad de la política económica, esta visión sugiere que el énfasis debería estar (únicamente) en potenciar el crecimiento económico como mecanismo fundamental para reducir la pobreza, aún al costo de una distribución más regresiva del ingreso.

Ahora bien. Hasta aquí nada fue dicho sobre cuál debe ser el tipo de crecimiento que debe propiciar la política económica para alcanzar el objetivo que más nos interesa. Sabemos, y ya lo dijimos acá y acá, que en Argentina la pobreza saltó por escalera en todos los episodios de desorden macroeconómico que sufrió el país desde el retorno de la democracia.

Sin embargo, aquí el punto clave es que entre 1982 y 2008 existe un período de crecimiento en el ingreso promedio (medido por el PIB per cápita) que es acompañado por un sistemático aumento en la cantidad de personas en condición de pobreza:
Entre 1994 y 1998 (las series son promedio móvil de 3 años para suavizar el movimiento y captar la dinámica subyacente) la economía se expandió mientras millones de personas veían caer sus ingresos por debajo de la Canasta Básica Total (principalmente por efecto del galopante desempleo).

Sabemos ya que esto es posible si el “efecto crecimiento” positivo es anulado por un “efecto distribución” negativo. Vean lo que pasa si agregamos al gráfico anterior la evolución de la distribución del ingreso*.
Con una economía que se expandía el ingreso medio por habitante a una tasa promedio anual del 3,6%, la cantidad de personas en condición de pobreza se incrementaba a un acelerado 9,2% promedio anual. Vean además que en ese período se produce el mayor crecimiento en la concentración del ingreso de 2,6% promedio por año (superior aún al observado en plena crisis de 2001/2002).
Por otro lado, en la década del 80 el estancamiento económico, y no la distribución, explican el alza aumento de la pobreza. Y por otro, es evidente que el período de 2003 a 2006 tanto el crecimiento como la distribución tuvieron efectos positivos y consistentes para reducir fuertemente la cantidad de personas en condición de pobreza.

Entonces volvemos al principio. No basta como propuesta de política sólo con crecer. Muy por el contrario, ese crecimiento tendrá siempre (siempre) una forma de distribuir el ingreso asociada y por lo tanto discutir la primero es discutir lo segundo.

Seguiremos de a poco este debate.

Saludos de un ausente Genérico.

PD: Lamentablemente, la inexistencia de estadísticas confiables no nos permiten conocer el impacto distributivo de la escalada inflacionaria de 2007-2008, pero todo indica que la pobreza aumentó sensiblemente con una economía que habría seguido creciendo de forma que se habría producido un poderoso “efecto distribución” negativo. De ser así, se confirma lo que dijimos antes.

* Para la distribución del ingreso tomamos la relación del ingreso medio del decil 10 al decil 1 de una publicación del CEDLAS. Queda claro que este indicador tiene muchos problemas, pero su dinámica es muy similar a la seguida por otros indicadores de distribución, lo que válida su utilización… al menos si tenemos en cuenta el objetivo del post.

martes, julio 07, 2009

El gran modelo redistribuidor

No es objeto de este post hacer leña del árbol en caída, sino contribuir a ese debate que busca racionalizar el inexplicable hecho de que “el pueblo profundo” haya abandonado, hace menos de 10 días, el armado político que más veló por sus intereses en los últimos 30 años.

Sabiendo que cualquier gestión pública debe evaluarse por las políticas implementadas y no por los resultados, que surgen tanto del actuar del gobernante como de otros factores exógenos ¿Cuál ha sido, en el lustro largo de los Kirchner, el esfuerzo redistribuidor del Estado Nacional?

Recuérdese que existen dos grandes estrategias de redistribución del ingreso, a saber: la redistribución primaria del ingreso, asociada a los vaivenes del mercado laboral y a las medidas e instituciones que se diseñen para su regulación y la redistribución secundaria del ingreso que afecta la distribución del ingreso a partir del sistema tributario y el gasto público. La tercera estrategia, la redistribución de la riqueza, suele estar acotada por los límites que impone la Constitución Nacional.

Por ser la que considero preferible, y por no haberle dedicado suficiente cerebro y tiempo de estudio a la primera, este post se centra sobre la segunda estrategia, la redistribución vía impuestos y gastos.

El siguiente gráfico resume la evolución de erogaciones e ingresos de la Administración Pública Nacional desde 1993 hasta 2008 expresado en miles de millones de Pesos de 2008 (deflactado por el IPC de Buenos Aires City). Obsérvese como, luego del colapso económico de fines de 2002, ambas series comienzan un sendero creciente que lleva a duplicar los recursos disponibles.


Así, vemos que Nestor Kirchner recibe de su antecesor un Estado Nacional con un ingreso de alrededor de $100MM que se convierte, en un lustro, en uno con una disponibilidad de $200MM. Las gestiones K se caracterizaron por ser las de una Administración Nacional con mayor disponibilidad de recursos de la Historia Argentina.

Recursos y Gasto público en la era K

La gran pregunta obligada sería ¿De donde surgieron y donde fueron asignados los $100MM adicionales?

El cuadro, que es lo más amigable que logré organizar, muestra como se compuso el aumento de recursos y erogaciones para los primeros cuatro años (2004-2007) y el año 2008 respecto al promedio del periodo Duhaldista (2002-2003) . Aquí se muestran sólo las variaciones. El bodoque con los datos absolutos, incluidas las cifras para el periodo 2002-2003, se presenta al final del post.


En primer lugar, tenemos algo que no nos dice el cuadro. En promedio, el gobierno contó, entre 2004 y 2007, con $59MM anuales más que Duhalde. En 2008, esa diferencia ascendía a $97MM.

Veamos algunas cosas que nos si dice:

$25 de cada $100 pesos adicionales entre el periodo de Duhalde y 2004 y 2007, se obtuvieron por incrementos en la recaudación del impuesto a las ganancias, $28 de cada $100 vinieron del IVA y $18 de impuestos al comercio exterior. Las contribuciones a la seguridad social, de la mano de las mejoras en el mercado laboral, explican $20 de cada $100 pesos.

Vean cómo cambia esa composición cuando comparamos 2002-2003 con 2008. El impuesto a las ganancias, progresivo si los hay, cae de $25 a $13, en una reducción que será no sólo relativa sino también absoluta (cae desde $15MM a $13MM). El IVA, por su parte, cae de $28 cada $100 a $23 cada $100, aunque en términos absolutos pasa de $17MM a $22MM. Los grandes apuntaladores de los recursos fiscales fueron, boom de commodities mediante, los impuestos al comercio exterior, que pasa a explicar $27 de cada $100 adicionales en 2008 y el tributo a la masa salarial explicará también $27 de cada $100 adicionales.

¿En que se gastó la Administración Central este dinero?

En los primeros cuatro años, 20 de cada 100 adicionales se ahorraron. 43 fueron a servicios sociales repartidos un 55% para jubilaciones y aproximadamente un 15% para promoción y asistencia social, educación y cultura e infraestructura social respectivamente. 6 pesos de cada 100 pagaron deuda pública y 24 se destinaron a subsidios al sector privado, mitad y mitad entre subsidios al transporte y a energía y combustibles.

Este panorama cambia sensiblemente en 2008. El ahorro cae 15 puntos para aterrizar en 5 de cada 100. 12 de esos 15 fueron a subsidios que se terminaran llevando 36 de cada 100 pesos adicionales de recaudación del gobierno. Los servicios sociales suben 5 hasta 48, con un cambio de composición interna que implica un importante aumento en jubilaciones que se llevará tanto como el reparto de subsidios (36 de 100) y una caída hasta 0 de la asistencia y promoción social.

El esfuerzo redistribuidor

Sin embargo, los números presentados arriba tienen un problema ara el cual propondré una metodología que indudablemente recibirá críticas, de las cuales me defenderé diciendo que el cálculo es transparente y que, quien no esté convencido, puede rehacerlos a gusto y piachere con el excel que puede descargar de la bilbioteca.

Intentemos medir el “esfuerzo redistribuidor” de la gestión K. Hay, entonces, un problema con como se manejan las Contribuciones a la Seguridad Social basado en que (1) los recursos que se reciben por este concepto son de asignación especifica, o sea, sólo pueden ahorrarse o gastarse en seguridad social y (2) de los $26MM adicionales recaudados en 2008 respecto al periodo duhaldista, sólo una proporción menor (digamos 15%) se explica por cambio en la legislación tributaria, explicado el resto por el derrame de las mejoras en el mercado laboral.

Con esto en mente, rehago el cálculo anterior pero neteando del gasto en seguridad social aquel financiado con esa contribucion específicas, de manera de medir el “esfuerzo fiscal adicional” que la gestión K hizo para mejorar la situación de los jubilados. Para mantener las cuentas balanceadas, obviamente, también deben netearse esos ingresos de los recursos adicionales.

El resultado se presenta en el siguiente cuadro.

Vean cómo cambia sensiblemente el panorama. De cada $100 que la gestión K pudo asignar (insisto, los ingresos de la seguridad social debían asignarse a seguridad social) $49 fueron a subsidios al sector privado. ¿Me explico? Cuando tuvo que elegir, Cristina Fernandez de Kirchner decidió destinar uno de cada dos pesos adicionales al irracional, ineficiente y hasta regresivo subsidio al combustible, a la energía eléctrica y al transporte*.

¿Qué tan efectivo habrá sido ese gasto para mejorar la distribución del ingreso? ¿Cuánto habrá subsidiado el consumo de las clases bajas y cuando dilapidado en personas que no lo necesitaban?¿Cuánto habrá alimentado ese gasto innecesario el 50% de inflación licua-salarios acumulada entre 2007 y 2008? ¿Cuánto valdría ese dinero hoy que lo necesitamos para hacer política contracíclica? O si quiere cambiar el enfoque ¿Qué tan efectivo habrá sido ese gasto para impulsar una transformación productiva que apuntale el proceso de crecimiento del periodo previo?

Así, el gobierno con mayor holgura fiscal de la historia argentina, embanderado un discurso redistribuidor, derrochó la herramienta más poderosa que tenía a su disposición para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Las consecuencias, lamentablemente, están a la vista ¿O acaso ustedes piensan que el 35% de pobreza con un mercado laboral casi en pleno empleo son sólo culpa de los malditos noventa?

Al final, el voto no fue otra cosa que una realización de la conciencia de clase.

Atte

Ele

PD: ¿No concuerda con mis conclusiones? El debate está abierto. Tiene el Excel con el que trabajé en la biblioteca ESC para hacer sus propios cálculos.

PD: Fuentes: ASAP y Secretaria de Hacienda – Oficina Nacional De Presupuesto